El perno de volver a estudiar en Febrero

El Doctor Bomur nos explica detalladamente porqué estudiar en Febrero puede ser una de las peores cosas de la vida.

 Pasó Enero... vacaciones, playa, río, lago, agua, joda, fiesta, noche largas, baile, asados... se terminó lo que se daba, c'est fini, esto es tooooodoooo amigos... es hora de volver a la rutina.

Si sos laburante, deberás de volver a tu trabajo, a morir con el calor del verano, a que se te pegue la ropa al cuerpo, a padecer los cambios de temperatura entre el aire acondicionado y el fulminante pavimento. Pero si sos estudiante... si sos estudiante... tu tortura es otra.

Lo primero que haces es organizarte con los apuntes de las materias que vas a rendir. Llamás a tus compañeros ñoños, te arrimas a tomar una coca con el nerd del curso, le preguntas por su salud a la pavota aplicada que se tomó el año para anotar todo y rindió esta materia hace tres meses. Cuando conseguís las fotocopias de todo el material lo pones sobre la mesa, marcadores de colores desparramados mediante, y te agarras la cabeza con ambas manos al tiempo que gritas al cielo “mi diooooo me la quiero rebanar en juliana” y recordás lo feliz que eras jugando al tejo y mirando culos hace 20 días. Te vas a mojar con la manguera... día perdido.

Cada uno tiene su técnica de estudio, pero probablemente arranque con una lectura general de toda la materia... lectura que te lleva una semana. Lees en el escritorio, en tu cama, en el inodoro, tomando sol al lado de la pelopincho, en el club, en el bondi, en todos lados... se te chivan las manos del calor y dejas las hojas arrugadas. Apenas terminada la última hoja, te das cuenta que no te acordas ni de la primer bolilla. Un calor físico te consume.

La etapa de resumir o resaltar lo importante es tediosa y densa. Te bajás tres litros de agua e igual te deshidratas. Te tenes que parar dos o tres veces a caminar para despegarte la silla de las gambas y la espalda pegoteada al respaldar. A lo lejos se escuchan ecos de niñitos salpicándose en una pileta... flasheas mar, Caribe, agua... despertas y te das cuenta que perdiste dos horas pensando en nada.

Si lo tuyo son las ciencias exactas o económicas ponerte a sacar numeritos no es tarea fácil. La calculadora levanta temperatura y te quema en las manos, los números se te confunden con las letras y colapsas en una siesta sobre los apuntes. Te levantas abombado y tenes una lapicera marcándote la cara de punta a punta... babeaste el último logaritmo y tenes que volver a hacerlo.

El bronceado de enero se te fue el 31... ahora estás pálido como Drácula y te da muchísima envidia salir a la noche y ver esas pieles doradas, hermosas y sanas de los nenes de papá o los vagos que aún no arrancan los estudios.

Cualquier serie o peli que estén dando es excusa para distraerte... aunque la agarres a 10 minutos del final. Ni hablar si te colgas en Face o leyendo el Mendo...

El teléfono que durante diciembre y enero te ardía en juntadas y anécdotas pre y post vacacionales ahora se limita a preguntar por apuntes, bolillas, estado de estudio, machetes, insultos a los profesores, formas de chantaje, chistes sobre estudio, histeria generalizada, mensajes trasnochados, amanecidos y en vez de fotos de minas, flacos y pasajes vacacionales te pasas hojas, libros y selfies con cara de dormido, ojeroso y matado.

Te olvidas de los trámites administrativos, de que si tenes o no la cuota al día, de que si estás o no inscripto, de que si se te pasaron o no los días para anotarte, de cuánto debes, de si hay o no aumento de la cuota... chau, se te fue otro día de estudio empernado en la administración de la facultad.

Salis por las noches preocupado, pensando en lo que te falta estudiar, en lo pendiente, te acostas temprano y con calor, dejas la joda para otro día, sabes que todos la están pasando bien pero te intentas convencer con el tema del título y el futuro. Te limitas a salir solo los sábados y los demás días le metes con todo, entre el fresco del aire o el ventilador y el calor de los pequeños recreos a fumar o mirar el sol, se te convulsiona el termómetro natural y te agarrás una fiebre incipiente de bebé recién nacido y te pasas unos días en cama a galletas y agua... sin dejar de estudiar, obvio.

Se aproxima la fecha y no llegás... ¡no llegás! Te falta más de la mitad y la cantidad de bolillas por día no te da, saliste del promedio hace rato y no sabes cómo volver a puntear la tabla... ¡te vas a la B papá! Lloras, te tiras los pelos, posteas estados depre en las redes sociales, te maquinas, no dormis... encima los nerds y los ñoños seguro ya terminaron de verla completa y van por la etapa de repaso... etapa que seguramente deberás saltear y arriesgarte como un Indiana Jones del estudio.

Encima no te da para invitar compañeros de estudio porque preferís estar en ropa interior, en malla o directamente en bolas para zafar de la temperatura. Dos baños de agua fría por día no alcanzan y ni te cuento si se te corta la luz... como suele pasar.

Prendes el tele para distraerte y solo ves los culebrones del verano en Mardel y Carlos Paz, los culos playeros de Crónica, el 7 y el 9 contando como explota Reñaca este año, las fiestas de verano, las pool party, las propagandas de viajes... te queres matar. Tus apuntes te llaman al lado oscuro, te llevan hacia el abismo... no tenés escapatoria. Te despegas la remera de la panza y volves a agarrar las hojitas...

Agarrar los libros en febrero, para un estudiante, es la mismísima muerte... y en pleno invierno es igual... pero de eso les voy a hablar en Julio.

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21 de octubre de 2017 | 17:50
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