Lewis Carroll: el escritor soñador y polémico

A más de 110 años de su muerte, el creador de Alicia en el País de las Maravillas sigue siendo objeto de debate por su forma de vida.

Este 14 de enero se conmemora el 118º aniversario del fallecimiento de Charles Lutwidge Dodgson (1832-1898), conocido mundialmente por su apodo Lewis Carroll, el creador de la novela infantil Alicia en el País de las Maravillas. Su vida estuvo caracterizada por el desarrollo exponencial de la fotografía y la literatura, considerándolo el representante de la época victoriana en ambas ramas, como así también por los rumores que lo acompañaron en vida y que hoy aún son objeto de debates.

Charles nació el 27 de enero de 1832 en Daresbury, Inglaterra, en el seno de una familia religiosa, ya que su padre era el párroco local. Tras licenciarse en el Christ Church, en 1854, empezó a trabajar como docente y a colaborar en revistas cómicas y literarias, adoptando el seudónimo por el que sería universalmente conocido. En 1857 obtuvo una plaza como profesor de matemáticas, y cuatro años después fue ordenado diácono.

Por esa época comenzó a tomar contacto con la fotografía, que recién estaba dando sus primeros pasos en Europa. Sus retratos artísticos estuvieron influenciados por el ideal de belleza en la inocencia y su estado de gracia, teniendo como "fetiche" el fotografiar niñas vírgenes, en algunos casos desnudas, lo que le trajo problemas y lo marcó como un potencial pedófilo hasta nuestros días.

Sin embargo, su faceta más conocida fue como escritor. Tras publicar algunas obras cómicas y poesías de poca monta, Carroll conoció a la familia Liddell, cuyas niñas Lorina, Edith y (especialmente) Alice fueron la principal fuente de inspiración para sus trabajos posteriores. De hecho, fue en un paseo, en 1862, donde narró una historia fantástica que luego se convertiría en el manuscrito Las aventuras subterráneas de Alicia. Tres años más tarde fue publicado como Alicia en el País de las Maravillas e inmediatamente se tradujo en un éxito comercial. Esto lo impulsó a escribir una continuación, titulada A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, publicada en 1871.

La peculiar combinación de fantasía, disparate y absurdo, junto a incisivas paradojas lógicas y matemáticas, permitieron que las obras se convirtieran a la vez en clásicos de la literatura infantil y en inteligentes sátiras morales, llenas de apuntes filosóficos y lógicos, aunque naturalmente para un público adulto y atento.

Escribió también poesía, campo en el que destaca en su producción el poema narrativo La caza del snark, plagado también de elementos fantásticos. Además de diversos textos matemáticos, fue autor de trabajos dedicados a la lógica simbólica, con el propósito explícito de popularizarla, en los cuales apunta su inclinación por explorar los límites y las contradicciones de los principios aceptados.

Con respecto a las polémicas, Carroll no estuvo exento de ellas. A los desnudos de niñas y acusaciones de pedofilia, se sumó el presunto interés 'amoroso' del escritor sobre Alice Liddell, rumor que nunca pudo ser confirmado por sus descendientes, aunque podría haber sido uno de los motivos de ruptura de amistad entre Carroll y la familia de la pequeña poco después del famoso paseo.

Otra cuestión espinosa en la vida de Carroll fue su vinculación con las drogas, sobre todo por sus presuntas alusiones a ellas en Alicia en el País de las Maravillas. Más allá del uso del láudano, antigüo medicamento a base de opio de uso muy común en el siglo XIX, no hay pruebas fehacientes que demuestren esos rumores.


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