Theroux se adentra en "los colores secundarios"

Tras "Los colores primarios", el escritor estadounidense bucea en la historia, las percepciones y emociones del naranja, púrpura y verde.

El libro "Los colores secundarios", de Alexander Theroux, puede leerse como una continuación de "Los colores primarios", que irrumpió en la Argentina en noviembre del año pasado, ahora los protagonistas son el naranja, el púrpura y el verde que actúan como disparadores de un viaje cultural, donde el autor nos traslada al mundo del arte, de la literatura, de la historia, de la religión con apuntes atractivos y asociaciones libres ligadas a estas tonalidades con el desafío implícito para el lector de encontrar las suyas.

"El naranja es un color audaz y atrevido define el autor y acota que es tímido, dado a la frivolidad y que posee un esplendor de multitudes, además de una presencia hiperespiritualizada y que "energiza a las masas".

Durante siglos no tenía nombre, pero una vez nombrado, "el naranja brincó con los dos pies, descarado y brillante como un chicle, llevándose la vida por delante, demostrando que era digno de su nuevo bautismo".

En el arte fue un color utilizado por Van Gogh y muy raro en Picasso, es el color en el que se imprime el diario Financial Times, del girasol mexicano, una flor que atrae a colibríes, y de la fruta: "La primera referencia conocida a las naranjas - observa John McPhee en su libro Oranges (1967)- se halla en el segundo libro de los 'Cinco clásicos', que apareció en China alrededor del año 500 antes de Cristo y que suele ser considerado como una edición debido a Confucio".

Theroux cuenta que la palabra para este fruto de veinte millones de años de antigüedad era Nagrunga, que significa "fruto sazonado por elefantes", de donde derivaron las palabras italianas "Naranzi" y "d'Aranzi", los términos latinos (de la Edad Media), "Arantium", Arangium" y más tarde "Aurentium", que produjeron la palabra francesa orange.

El autor llama la atención sobre las muchas variaciones del color naranja de sus sutilezas y matices y recuerda que en Childe Harold's Pilgrimage (1812) Byron escribió sobre "las tinturas anaranjadas que doran la rama más verde", mientras que para el autor la tonalidad ideal "sería el número 084 de Benjamin Morre, un naranja claro, magnificiente, directo, sin ambigüedades, casi tan nítido como un grabado en madera, resplandeciente como un navío y sonriente".

Del rubro gastronómico menciona a la comida hindú, "con su comino, su canela molida, su jenjibre, su chile en polvo, su paprika, su polvo de curry y su garam masala (mezcla de especies secas de la India).

Pasando al púrpura, es un color "que combina el azul (espiritualidad y nobleza) y el rojo (coraje y virilidad)" y que simboliza, según el autor, ingenio, inteligencia de conocimiento, devoción religiosa, santidad, humildad, templanza, sobriedad...
También es un color de élite, "severo, en ocasiones histriónicamente piadoso, una tonalidad, como el azul, que al absorber la luz es pasiva, retraída y fría".

Un viejo proverbio chino dice: "Es tan rojo que es púrpura", lo que significa que algo está tan caliente que no podrá estarlo más, que es lo mejor que puede ser, algo extraordinario". En China figuras de la literatura y la educación visten orgullosamente este color real, "el tinte del poder imperial y sacerdotal, de la pompa, la justicia, la verdad, el orgullo. (...) Del orgullo/ que en la suave tez de tu mejilla mora/ has teñido cada vena de mi amor" escribe Shakespeare.

Theroux piensa en el púrpura "como el color de los sueños y las fantasías -no es esa la razón por la que los diarios y los álbumes de fotos suelen ser de una especie de púrpura conmemorativo- que sugiere lo onírico y lo oculto, y lo que escapa a lo ordinario en todo..."

Un caracol o molusco (Púrpura, Bucimun, Murex) proveía la tintura, siendo que el color del Murex es claro y el del Púrpura, oscuro. La tintura se extraía de la glándula branquial, ubicada cerca de la cabeza del molusco. Requería doscientas cincuenta mil conchas marinas elaborar una onza de tintura", precisa Theroux.
Y cuenta que el Murex tenía una concha muy afilada, con proyecciones en punta -de hecho, en la Eneida (V, 105), un barco choca contra uno de ellos- y se los hallaba en abundancia por todo el Mediterráneo.

Para Emily Dickinson, "el púrpura significaba más que nada anocheceres, amaneceres y sueños -su consistente opción por lo mágico, por lo maravilloso, por lo 'místico', además de blanca era púrpura-, pero también había en ello un toque de melancolía, un presentimiento de congoja: 'el pozo de púrpura' ", "los territorios púrpuras/ en las costas de Pizarro", el "huésped púrpura" y, por supuesto, la muerte ("Ninguno puede esquivar este púrpura").

Por último, "el verde es poder, la mecha de la naturaleza, un color que tiene más fuerza y disfraces de cuantos pueden contarse, un mensajero que se anuncia a sí mismo, paradójicamente, como el tono de la renovación y la reproducción y, al mismo tiempo, como el de la enfermedad y el padecimiento. Es a la vez el color preternaturalmente ambiguo de la vida y de la muerte, el signo primaveral de la vitalidad y el lívido tinte de la corrupción", describe el autor de Three Wogs, An Adultery, Laura Warholic or, The sexual intellectual, entre otros libros.

Es un color fluido, va desde tonalidades verde mar hasta la pátina verdosa del cobre oxidado, y desde un luminoso verde esmeralda hasta el profundo verde oliva. En Orlando, la novela de Virginia Woolf, el joven poeta queda confundido con la naturaleza: "El verde en la naturaleza es una cosa, el verde en la literatura es otra", dice "al descubrir para su consternación, el matiz de una mata de laurel que se ve por la ventana no coincide con el espectro de su poema".

Recuerda también que Borges una vez observó: "Todavía puedo descifrar algunos colores, todavía puedo descifrar el verde y el azul". Y añade: "A mí, que tenía la costumbre de dormir en plena oscuridad, me molestó durante mucho tiempo tener que dormir en este mundo de neblina, de neblina verdosa o azulada y vagamente luminosa que es el mundo de los ciegos".

Entre otras referencias geográficas, el autor menciona que nunca ha visto naturaleza "de un verde tan intenso, tan básico y expresivo como en la isla de Puerto Rico y habla también de Irlanda y de los "céspedes húmedos de Escocia". Y de las frondosas colinas y las junglas verdes de vegetación de Ruanda. Nunca he olvidado y quién podría, el verde oscuro de los cipreses en el sur de Francia."

"Siempre, hasta en el peor de los momentos, he intuido que, si acaso uno pudiera sentir, abrumadoramente, toda la prodigalidad de la vida...oh, cuán verde, cuán profundamente verde, cuán profundísima verde sería. Y que signo de gracia", remata Theroux.

Fuente: Télam


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