Imágenes de San Martín desde la literatura

La figura de San Martín, además de constituirse en el “deber ser” de los argentinos; se presenta ante nosotros como una buena obra literaria, que admite infinitas lecturas e interpretaciones.

Cada uno de nosotros, cada generación y cada territorio de nuestra América, construye “su” San Martín con la imaginación, con las versiones de los maestros, de las  investigaciones históricas, de los monumentos, de las obras literarias. Científicos, intelectuales, políticos; liberales y nacionalistas; de izquierdas o derechas; han demostrado con sus producciones que este personaje sigue siendo una obsesión para los latinoamericanos.

Abordamos aquí algunas páginas literarias que han contribuido mucho al San Martín de bronce del imaginario colectivo así como otras,  menos conocidas, que nos acercan más al hombre que fue o que pudo haber sido.

La imagen del cóndor asociada al General fue producto de Olegario Víctor Andrade (1839-1882) quien en el teatro Colón emocionó recitando su “Nido de Cóndores” con motivo del centenario del nacimiento del correntino y de la idea de repatriar sus restos.  Ese pájaro enorme que puede volar más alto es ideal para reconocer al hombre que trazó su estrategia al pie del Ande: Va a posarse en la cresta de una roca,/batida por las ondas y los vientos,/¡ALLÁ DONDE SE QUEJA LA RIBERA CON AMARGO LAMENTO/ PORQUE SINTIÓ PASAR PLANTA EXTRANJERA/Y NO SINTIÓ TRONAR EL ESCARMIENTO!

…volverá a saludarlo, como un día/en la cumbre del Ande,/ para decir al mundo: ¡Éste es el grande!

Francisco Luis Bernárdez (1900-1978), que tanto emocionara a los argentinos con su poesía amorosa, habla de la pasión de  San Martín y de su capacidad de transmitirla: “El alma inmensa de aquel hombre sólo cabía sin dolor en un ejército/ Para vivir en este mundo su corazón necesitó miles de cuerpos”.

La narrativa también ha dejado huellas y discusiones, desde los textos tradicionales de Ricardo Rojas o las novelas de Arturo Capdevila hasta las más actuales  de García Hamilton o Chumbita. En cualquier caso se trata de una “ficcionalización” que no está atada a la categoría de verdad. 

El San Martín que pensó José Octavio Bordón, que paseaba por la alameda tomando helado con su hija, proviene de esas primeras novelas, también el de la película muy vista de Torre Nilsson. Así como en muchas iglesias la figura de Jesucristo tiene la cara de Robert Powel, en mi generación muchos imaginamos a San Martín con la figura perfecta del Alfredo Alcón del film estrenado en 1970.

El tucumano Ricardo Rojas (1882-1957) es quien  recuerda que en Argentina tuvo a no pocos de sus peores enemigos y que por lo tanto su figura hoy no puede ser fetiche de una región o de parangones partidarios que lo disminuyen en la medida de la política interna de su país.

“Mi juventud fue sacrificada al servicio de los españoles, mi edad media al de mi patria, tengo derecho a disponer de mi vejez” sintetiza Ricardo Rojas en su novela. Es el aspecto familiar de la vida de nuestro Gobernador de Cuyo el que imagina el cordobés Arturo Capdevila (1889- 1967) en La Infanta Mendocina. Mercedes es una nena malcriada por los Escalada que se encuentra con un padre duro  a quien  no conoce y que la llama pequeño “diablillo”. No es difícil imaginar que al principio tiene que haber tenido sus dificultades ese encuentro. La novela  nos permite reflexionar sobre la importancia de los afectos y de las relaciones familiares en un hombre público que puede “retirarse” gracias a que tiene la capacidad de valorarse a sí mismo en otro rol. (Una buena lección a tener a mano para quienes se atan a cargos o jerarquías y no encuentran sentido en otra cosa).

Párrafo aparte merecen las páginas de algunos de los escritores latinoamericanos más destacados: incluimos aquí lo que evocaron José Martí, Pablo Neruda y Ricardo Palma.Uno de los hombres más amados por Latinoamérica, el poeta y militar José Martí (1853-1895) desde la Nueva York de 1891 habla de Cuyo: se inspira en nuestra tierra para pensar el trabajo por la independencia cubana y sintetiza la necesidad de que un pueblo se encolumne detrás de una causa. Desliza un buen consejo a los políticos que quieren mejorar la recaudación: “Por respirar les cobra San Martín a los cuyanos, y la raíz que sale al aire paga contribución; pero les montó de antes el alma en la pasión de la libertad del país y en el orgullo de Cuyo, con lo que todo tributo que los sirviese les parecía llevadero… Y Cuyo tiene fe en quien la tiene en él; pone en el Cielo a quien le pone en el Cielo”.

José Martí, el hombre que murió joven en campo de batalla,  descubre la belleza de la vejez de un militar de fuste “Se vio entonces en toda su hermosura, saneado ya de la tentación y ceguera del poder… Lloraba cuando veía a un amigo; legó su corazón a Buenos Aires y murió frente al mar, sereno y canoso, clavado en su sillón de brazos, con no menos majestad que el nevado de Aconcagua en el silencio de los Andes”.

No puede dejar de mencionarse la imagen evocada por Pablo Neruda (1904-1973) en su Canto General (1950). En ella nos habla del hombre capaz de legar tierras. No lo encuentra en los trajes ni en las espuelas sino en “la pureza de la intemperie”. Admite que otros capitantes brillan más o “hablan como cascadas”, pero que a San Martín, a ese “padre polvoriento” se lo encuentra en “la tierra que  heredamos”.

“Eres extenso entre todos los héroes/ Otros fueron de mesa en mesa, de encrucijada en torbellino,/ tú fuiste construido de confines”… Para el chileno ganador del  premio Nobel, San Martín es el hombre de la tierra y de la guerra para la paz: “tu extensión de paz germinadora”.

Mucho menos conocidas son las evocaciones  de Ricardo Palma (1833-1918) en sus originales Tradiciones Peruanas que en su mezcla de artículo de costumbres e historia recuerda varias anécdotas relacionadas con la estancia en Lima del Ilustre General como Protector del Perú. Se destaca el retrato de Rosa Campusano (La “Protectora” en alusión  al título de San Martín) como una imagen muy distinta a la  de Manuela Saenz (La “Libertadora” por el título dado por los peruanos a Simón Bolívar) en el castizo y peyorativo uso del lenguaje de la época hacia las mujeres . Rosa era una mujer de notable belleza de quien se decía que servía de espía al servicio de la causa de los patriotas.

Lejos de la personalidad de Bolívar quien admitió haber tenido más de cuarenta mujeres, de San Martín se conocen pocas historias amorosas. Algunos de sus biógrafos hablan de dos: Remedios Escalada y Rosa Campusano. Palma, quien dice haber conocido tanto a la “Protectora” como a la “Libertadora”, destaca su admiración por la primera: “La Sáenz renunciaba a su sexo, mientras la Campusano se enorgullecía de ser mujer. La Campusano fue la mujer-mujer. La Sáenz fue la mujer-hombre”.

Estas Tradiciones peruanas entusiasmaron a una escritora mendocina, una de las almas de la mejor Biblioteca Popular de Mendoza. Martha Bustos quiso escribir una novela sobre Rosa Campusano, impresionada por esa mujer enamorada que arriesgaba su vida al servicio de la causa de su hombre. El cáncer le impidió viajar a Lima y a Guayaquil donde ella quería recabar más datos pero esta historia de amor alivió su enfermedad y nos llenó de evocaciones a todos sus amigos.

El San Martín admirable en su altura, el “santo de la espada”, el “alma del ejército”, el que nos legara tierras, el de la digna vejez pero también el del amor y el del amante o el que asume tardíamente su paternidad,  son estampas que nos devuelve la literatura y con la que construimos nuestra propia figura del militar argentino más prestigioso.

Me detengo en  algunas imágenes mendocinas: las estatuas ecuestres que pueblan nuestras plazas y el Cerro de la Gloria, el retrato de San Martín abrigado con poncho de Fidel Roig Mathons, ya entrado en años soñando a América; la sombra del ideal de hombre fuerte que alivió la enfermedad de una amiga; el canto emocionado de Javier Rodriguez en “El sueño del General”; la voz y la expresión marcial y digna que nos devolviera Martín Neglia en el teatro o en el documental de Alicia Mingorance.

Como se trata de una figura que nos convoca y nos une, que hemos construido con historia y con ficción, con sueños y con realidad,  más allá de las estériles divisiones que nos gustan a los argentinos, cada uno de nosotros ha pintado para sí  su propio cuadro. Bernárdez sintetiza este magnetismo:

Que su sepulcro nos convoque mientras el mundo de los hombres tenga días/ Y que hasta el fin haya un incendio bajo el silencio paternal de sus cenizas.

La autora: Emma Magdalena Cunietti es Licenciada en Letras y fue directora general de Escuelas de la provincia de Mendoza.

Opiniones (7)
9 de Diciembre de 2016|09:07
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9 de Diciembre de 2016|09:07
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  1. No quiero decir obviedades, pero me encanto la nota. Analizar los aspectos del Gran Capitán a partir de la literatura, también implica el pensarlo desde la evocación que contiene visiones diferentes. Desde la imagen inalcanzable, inasible del héroe, al hombre, complejo en sus gestas pero esencialmente simple en su vida personal. Emma te invito a que analices esta digresión. Puesto que es válido pensar en la existencia de una literatura que tambien sirve desde la plenipotencia de la palabra a diferentes proyectos. Muchas Gracias
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  2. A< San Martin lo entendemos más desde los afectos que desde la razón, desde la literatura y el arte que desde la historia
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  3. Lo de que San Martin era indígena (ojalá lo fuera) lo dice chumbita desde una hipótesis, por lo tanto es ficción y tiene más de novela que de historia
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  4. Se "equivoca" doña Emma (o no quiere enterarse?). Lo de Garcia Hamilton era novela histórica, pero los libros de Chumbita son de historia, como su articulo de hoy en Mdz.
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  5. Tiempo hace ya, que no tenía la oportunidad de observar a un sujeto público, por su actual u otrora desempeño, opinar en temas que le son ínsitos más allá de su gestión política. Sin adentrarme en el artículo de referencia, destaco la señalada actitud, demostrando a mi modo de ver, que esa mente está formada y trabaja no solo en la coyuntura. EMMA tendrías que ponerte a escribir, tenés una prosa agradable y muy llevadera en su profundidad. Saludos
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  6. SABEMOS QUE TE EQUIVOCASTE. PERO SOS UNA PERSONA QUE SABE Y QUE TRABAJA. POR FAVOR VOLVE A LA DGE QUE ESTABAMOS MEJOR CON VOS.
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  7. ¡No me imagino a Iris Lima escribiendo, siquiera, algo, no hablemos ya de San Martón!
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