San Martín, un solitario

Un intenso retrato del prócer por el historiador Hugo Chumbita.

Por Hugo Chumbita

Los grandes hechos históricos en la vida pública de San Martín acrecientan el interés por conocer el otro lado de su vida privada, que en él siempre estuvo velada por el misterio. Se sabe que tuvo un matrimonio desafortunado con Remedios, y que de esa unión nació una hija, Mercedes, quien a su vez le dio dos nietas (las cuales no pudieron ser madres). Los grandes amores de San Martín fueron sólo filiales, como padre y abuelo. Con otras mujeres sólo mantuvo relaciones episódicas. De la más conocida, la bella guayaquileña Rosita Campusano, se despidió para siempre después de pocos meses de secreta intimidad. Fue un viudo solitario.

He aquí un aspecto intrigante de la personalidad del libertador: la causa de ese desamor o negación que lo empujó a la soledad, acerca de lo cual existe quizás una explicación de orden subconciente: en cualquier caso, un desafío para las ciencias del alma humana.  

Hubo un estudioso de origen español que se preguntó especialmente por los rasgos de carácter del libertador, en un libro de sugerente título: Agonía interior del muy egregio señor José de San Martín y Matorras. El doctor Antonio Oriol Anguera, desde un enfoque médico y psicológico, analizaba las persistentes enfermedades de evidente origen psicosomático del general, su carácter reservado y enigmático, y deducía que debió ser un niño taciturno, cuyos padecimientos comenzaron en una infancia “sin alegría y sin hogar”. ¿Por qué sin hogar? Recordemos que lo internaron en un regimiento de Málaga en julio de 1789, cuando no había cumplido ni los doce años que declaraba, y de ahí en adelante su casa fueron los cuarteles.

Pero además, Oriol Anguera llama la atención sobre el punto de que la muerte de sus padres legales, don Juan y doña Gregoria, “apenas gravitaron” en él. “En todo su largo epistolario dice este autor no hay una sola alusión a sus traumas familiares. Ni en su conducta, un gesto; ni en su palabra una oración; ¡ni en su vestido un día de luto!”. Recordemos que, según los datos disponibles, no fue a Orense a despedirse de doña Gregoria cuando en 1811 se marchó de España él sabía que para siempre, pues iba a romper sin retorno su juramento de fidelidad al rey. Y acotemos otro gesto sorprendente: cuando en agosto de 1812 hizo la solicitud de esponsales para casarse en Buenos Aires, declaró “ya difuntos” a su padre y a su madre, siendo que doña Gregoria aún vivía. 

¿Por qué ese desapego? ¿Cuál era la desazón interior de este hombre? ¿Por qué sus drásticas “despatriaciones”, primero de España, luego de América? Oriol concluye que “debe haber ocurrido algo muy trágico. Y lo peor es que mientras no se descubra la causa de esta tragedia íntima no podrá comprenderse al personaje”. 

Oriol publicó su libro en 1954, e ignoraba algunas cosas que han salido a luz hace poco. Tampoco había reparado en los testimonios poco difundidos de historiadores y testigos indubitables: Manuel de Olazábal, quien en 1816 oyó a San Martín decirle a los pehuenches en El Plumerillo “yo también soy indio”; Mary Graham, quien anotó en 1821 en su diario que “en Sud América se considera a San Martín de raza mixta”; Juan Bautista Alberdi, quien escribió en 1843 al conocerlo que “yo le creía un indio, como tantas veces me lo habían pintado”; Benjamín Vicuña Mackenna, quien afirmó en 1871 que “había servido a la independencia americana porque la sentía circular en su sangre de mestizo”; José Pacífico Otero, fundador del Instituto Sanmartiniano, quien constató que los realistas le llamaban “el cholo de Misiones”; y Pastor Servando Obligado, quien aseveró que los godos le decían “indio misionero”, los aristócratas chilenos “mulato, paraguayo”, el general Brayer “tape de Yapeyú”, y él mismo, departiendo con amigos, hablaba de sí como “el indio misionero”.

Este era el secreto que el general no podía absolver en público, aunque fuera un “secreto a voces” entre las familias porteñas de la época. Por cierto, algo muy ostensible en su rasgos físicos: moreno, ojos oscuros, de cabello lacio y negro. Aquel fue el motivo de la oposición de su suegra a que se casara con Remedios. Una tacha irreparable para las leyes coloniales y para los prejuicios de casta de entonces (¿de hoy no?), que se convertía en un arma para su enemigos. Que fue motivo de escarnio por sus adversarios en Buenos Aires, en Santiago de Chile y en Lima. Esta era la desazón íntima del libertador, el dilema inconfesable de un hombre que amaba la verdad pero no podía decirla.

Ese drama fue la razón subyacente de su ruptura con España, donde inevitablemente era considerado un “indiano”. Fue la pasión eficiente que lo trajo a América a pelear hasta el último aliento por la emancipación y la igualdad de los criollos, pero que también aquí suscitaba desconfianza y rechazo entre las clases dirigentes, a las que él pertenecía por formación y rango profesional. 

San Martín se entregó por completo a la revolución de la independencia, a la guerra por la liberación de los pueblos, y venció en esa lucha todos los obstáculos, escaló las cumbres de la geografía, del poder y la gloria; pero había en su corazón una profunda insatisfacción, un conflicto de identidad que era el factor de su malestar en la vida privada. Había una mujer de la que San Martín no podía hablar. La que lo trajo al mundo: su madre india, que le arrebataron de niño, y que él vino de alguna manera a liberar, al conquistar la libertad para todos. Tal vez, a partir de la develación de ese secreto, podamos llegar a comprenderlo mejor.

Opiniones (5)
9 de Diciembre de 2016|09:09
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9 de Diciembre de 2016|09:09
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  1. La figura del general San martin,está por encima de todas las circunstancias inherentes a su nacimiento.Por otro lado que honor mas grande que ser hijo de una autentica y legitima habitante del pais al que defendio y construyo. Es una figura INMACULADA
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  2. Gracias por recrear a "este padre de la Patria". Pueda ser que quienes hoy nos gobiernan tomen un 1% de lo que fue Don Jose. Caso contrario que se averguenzen y se corran. Su alejamiento seria una forma de libertad.
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  3. En cuanto al origen. La puja por el liderazgo que mantuvieron Jose de San Martin y Carlos de Alvear es al por todos conocido, es una venganza suprema de cir que San Martin era hijo de Diego de Alvear. Aparte criado y educado en españa no veo qué puede haberle afectado si en realidad fue así. No le perdono que después de la campaña libertadora se haya ido a Europa y que a las provincias unidas se las consumiera una guerra civil de más de 80 años sino 100.
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  4. Yo creo que no debe haber un solo argentino que no admire y ame a José de San Martín. Es el prócer más querido, ya desde la escuela primaria aprendemos a admirarlo. GRANDE, JOSÉ!!!! Ojalá que muchos de los que hoy "dirigen" el país ,tuviesen en cuenta tu vida y tus actos. NO MORIRÁS JAMÁS EN NUESTROS CORAZONES!!
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  5. San Martín siempre fue mi ídolo, mejor dicho así: ÍDOLO, fue, es y seguirá siendo mientras viva, por su manera de ser, esa forma taciturna y enigmática de actuar, enérgico y sabio, sin dudas .. EL MÁS GRANDE HÉROE EN LA HISTORIA DEL MUNDO !! En la Argentina que hoy tenemos alcanzaría medio San Martín para encaminarla hacia la justicia y el bienestar. Que Dios te bendiga General!
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