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El brasileño Cielo le dio el primer oro a Sudamérica

César Cielo conquistó hoy la final de los 50 metros libres de natacion por delante de dos de los franceses,  Leveaux y Bernard.

A sus 21 años, el atleta de Santa Bárbara do Oeste se colgó su segunda presea en la capital china, tras el bronce que consiguió hace dos días en el hectómetro, y elevó a cinco el botín provisional de Brasil en los Juegos de 2008, sumadas a los tres bronces de judo.

Fue la undécima medalla olímpica de la natación brasileña, que hasta este oro contaba con tres platas y siete bronces.

Cielo se confirmó como uno de los nadadores más rápidos del momento. Tercero en el hectómetro por detrás de Bernard y del australiano Eamon Sullivan y empatado con el estadounidense Jason Lezak.

Señor de los 50 metros, dueño del nuevo récord olímpico, 21.30 segundos, apenas a dos centésimas de la mejor marca de todos los tiempos que permanece en posesión de Sullivan, Cielo se derrumbó por la emoción, rompió en lágrimas en la piscina y en el podio, fue asaltado por sus compañeros de piscina, explotó.

Tanta emoción tapó la anécdota, puesto que al nadador brasileño le colgaron del cuello una presea equivocada, la correspondiente a las chicas, con la que posó para la foto y que sólo cambió tras la celebración.

Fue un momento de alegría sin control, al borde de la ruptura del protocolo olímpico. La ocasión lo merecía porque Cielo logró una gesta inesperada, por delante de los gallitos del medio hectómetro, en una temporada en la que los resultados no eran los mejores.

En la grada más lágrimas. Las de sus padres y su hermana, que acudieron a ver a su hijo entrar en la gloria, en los libros de historia.

El nadador recogió los frutos a los tres años de trabajo que lleva en Estados Unidos, en la universidad de Auburn, en Alabama, donde se marchó a fortalecer sus músculos.

Era la condición que le ponían sus entrenadores en Brasil para que su talento pudiera convertirse en éxitos.

Cielo se aficionó a la natación viendo las gestas de su compatriota Gustavo Borges, cuádruple medallista olímpico, dos platas en Barcelona'92 y dos bronces en Atlanta'96 y Sydney'00.

También admiró de niño a Fernando "Xuxa" Scherer, bronce en Atlanta y en Sydney, pero cuando tenía 15 años pidió entrenarse con Borges. "De niño soñaba con igualar sus gestas", recuerda ahora el nadador brasileño.

En el club Piñeiros dio sus primeras brazadas, que sorprendieron al entrenador Alberto Silva. Obnubilado por su talento, el técnico le alertó de su falta de energía: "Si tuviera más fuerza podría mejorar los resultados de Borges".

Tras ese objetivo se marchó a Estados Unidos, para aprovechar las más modernas técnicas de natación, las que puso a su servicio el australiano Brett Hawke, un ex nadador que no pudo lograr su sueño olímpico pero que lo ha conseguido en la persona de Cielo.

A base de trabajo sus músculos comenzaron a fortalecerse y afloró el talento. Pekín ha sido su consagración, la puerta del Olimpo.

El nadador añora a su Santa Bárbara do Oeste, a su familia, a sus amigos. A sus dos perros, sus dos mascotas queridas, con las que sale a nadar cuando puede. El retiro de Alabama es triste pero el nadador comienza a ver los frutos de su trabajo. Volverá a Estados Unidos a proseguir los estudios de comercio internacional y su preparación.
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