Woody Allen, 80 años de neurosis, crímenes y pecados

Sus padres llegaron casi a los 100 años y él cumple hoy 80, haciendo una película por año, preparando una serie de TV y siempre ficcionando sus traumas.

Dicen que no celebrará con mayor pompa y circunstancia. Que no habrá grandes fiestas ni homenajes. Que es sólo un año más en una vida de trabajo frenético y es mejor pasar las conmemoraciones tecleando sobre la vieja máquina Olympia SM-3 que tiene desde los años 50. También afirman que probablemente su chef francés le prepare una cena liviana y que salga junto a su esposa Soon-Yi Previn. Al menos eso es lo que le cuenta su biógrafo Natalio Grueso al diario El País en vísperas de que el director de Manhattan (1978) cumpla hoy 80 años de edad. El escritor español acaba de lanzar la biografía Woody Allen: el último genio (Plaza & Janés), donde aborda aspectos de la vida diaria del realizador, utilizando las fuentes que sólo posee al parecer un hombre como él, su declarado amigo personal.

El cumpleaños número 80 de Allen -cuyos padres murieron casi a los 100- también es la ocasión para que otra monografía sobre él salga a la venta: se trata de Woody: The Biography, libro de David Evanier, ex editor de la prestigiosa The Paris Review, que es además la primera biografía en inglés en una década. Como sucede en el caso de la obra del español Natalio Grueso, es un volumen escrito desde el acceso confidencial a amigos, colaboradores y ex parejas. Surgen, como siempre, sus legendarios arrebatos de autocrítica (según Allen, Interiores, de 1978, es hoy una película “imposible de ver”) y hay conversaciones con la viuda del psicoanalista Martin Bergmann, que mantuvo una estrecha relación con el director y que en Crímenes y pecados (1989) interpretaba al filósofo que se suicidaba. En Woody, Evanier también introduce entrevistas con su primera esposa Harlene Rosen y con Dick Cavett, popular animador de la televisión estadounidense en los años 70 y uno de los mejores amigos de Allen.


La aparición de ambos libros no sólo coincide con las ocho décadas de Allen, sino también cuando cumple 46 años de carrera con 46 largometrajes, exceptuando What’s up, Tiger Lily? (1966), cinta que codirigió y que nunca reconoció como suya. El primer filme de Allen como autor absoluto es Robó, huyó y lo pescaron (1969), por mucho tiempo su único trabajo rodado en la Costa Oeste de EEUU hasta que en 2013 filmó en California la muy elogiada Blue Jasmine. Justamente en el terreno de la anécdotas de rodaje es que el libro de Natalio Grueso tiene sus fortalezas. Se cuenta, por ejemplo, que el director neoyorquino quiso a Luis Buñuel (a quien admiraba) para un cameo en Manhattan. El autor de Un perro andaluz jamás le respondió la carta y en su defecto Allen recurrió a su amigo Federico Fellini, quien no pudo por enfermedad. Fue ahí que llegó la idea de contar con el teórico de la comunicación Marshall McLuhan, quien con buen ánimo aceptó parodiarse a sí mismo en una escena en la fila de un cine.

Grueso también da detalles del hábil manejo de los tiempos y de la economía de medios de Allen, quien saludablemente logra hacer una película al año sin espantar a sus productores ni salirse del presupuesto. Por ejemplo, uno de sus guiones incluía una escena donde una pareja se declara el amor en una carretera y provoca un embotellamiento infernal. Ante la alarma de los financistas que le informaron que esa toma costaría miles de dólares, Woody Allen decidió trasladarla sin mayores traumas a una cabina telefónica.


Irracionales y desesperadas

En términos generales, se podría aventurar que los hombres de Woody Allen siempre tienen algo de ilógicos y disparatados, de especies al borde de la cordura. Se los ve pasar desde el soldado que quiere matar a Napoleón en La última noche de Boris Grushenko (1975) hasta el oftalmólogo asesino de Crímenes y pecados (1989), pasando, claro, por el hombre de múltiples personalidades de Zelig (1983) o el productor de televisión hipocondríaco de Hannah y sus hermanas (1986). Las mujeres, por el contrario, han ido variando en tratamiento, revelando el costado más serio del realizador: poco hay de común entre las lúcidas e hilarantes actuaciones de Diane Keaton en El dormilón (1973) o Annie Hall (1975) y las propuestas más íntimas y dramáticas de Mia Farrow en La otra mujer (1988) o Maridos y esposas (1992). Ya en el siglo XXI, las mejores cintas de Allen han sido las protagonizadas por actrices de Hollywood en estado de gracia: la femme fatale de Scarlett Johansson en Match Point (2005) y la desesperada socialité de Cate Blanchett en Blue Jasmine (2013).


El último de los machos sin lógica que Woody Allen agrega a su galería de desquiciados es Abe, un profesor universitario alcohólico y seductor con gusto por las chicas con 20 años menos. Lo interpreta muy convincentemente Joaquin Phoenix en Hombre irracional (2015), película que este año se estrenó en el Festival de Cannes. La cinta es una comedia bastante negra que incluye, una vez más, crímenes a bordo. Transcurre en un campus universitario del plácido y civilizado noreste norteamericano, donde el profesor Abe flirtea más de la cuenta con la embobada Jill (Emma Stone). De paso, Abe tampoco pierde oportunidad con la insatisfecha Rita (Parker Posey), una profesora que viene de vuelta de la vida, del amor y del matrimonio.


Capaz de congregar a la flor y nata de los actores de Hollywood (ha trabajado con los mejores y muchos le piden volver a sus órdenes), Allen acaba de terminar el rodaje de su nueva cinta, donde intervienen Kristen Stewart, Jesse Eisenberg, Steve Carell y Parker Posey. Poco se sabe de su argumento, aún no tiene nombre, pero la historia transcurre en el Barrio Chino de Nueva York, durante los años 40. Es una prueba más de que Allen está volviendo a su ciudad después de una década filmando mayormente en Gran Bretaña y Francia. También es una garantía de la productividad a prueba de balas del realizador, quien incluso se dio el gusto de despedir del rodaje a Bruce Willis por no aprenderse sus líneas. Se sabe: Woody Allen confía mucho en los actores, no los molesta con exigencias ridículas, pero pide a cambio que por lo menos digan los diálogos tal como los escribió.

En quien nunca confía demasiado es en sí mismo, aunque eso probablemente a nadie le importe. También para el 2016 está anunciada la serie de televisión que escribe para Amazon y que constará de seis episodios de media hora de duración. En el momento del anuncio, Allen bromeó: “No sé cómo me metí en esto. No tengo ideas y no sé por dónde empezar”. Cinco meses después, en plena promoción de Hombre irracional en Cannes, dijo algo parecido: “Me arrepiento a cada segundo de aceptar el proyecto. Pensé que era como hacer una película en seis partes, pero no: es una lucha diaria”. En la sala, todos rieron. A sus 80 años, todos creen que el genio de Woody tiene larga vida.

Fuente: latercera.com


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24 de octubre de 2017 | 09:30
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