Nicanor: Selva adentro

No se trataba de cualquier selva, tenía algo sumamente especial, distinto de otros lugares, transmitía el mayor estado de bienestar y complacencia.


“La selva (…) le había dicho al oído cosas sobre sí mismo que él no conocía, cosas de las que no tenía idea hasta que se sintió aconsejado por esa gran soledad.” El corazón de las tinieblas. Joseph Conrad.


La razón principal por la cual la mayoría de las personas disfruta el hecho de viajar es porque, al hacerlo, dejan atrás, momentáneamente, una realidad ya conocida, estudiada ampliamente; aburrida y monótona para unos, displicente para otros. El viaje en sí, no es meritorio, sino lo que resulta de él. Se podría argüir, con determinismo, que tanto el corpus como la mens (cuerpo y mente para los legos), sufren una transformación una vez emprendido el viaje, o mejor aún, antes de llevarlo a cabo, o sea, cuando se lo planifica con antelación. La transformación, cabe decir, aquellas piezas que cambian de posición, psicológicamente hablando, alude a cada una de las parcelas internas que se ven afectadas.

Cuando uno viaja, se adentra en territorios geográficos y espirituales desconocidos. El cielo aparece con otro marco, sus tonos difieren de los anteriores, hay que volver a descubrirlo, puesto que su reflejo cambia. Lo mismo sucede con los objetos y las personas, nos encontramos con una varieté de caracteres nuevos. Desde la raza hasta la religión, los dioses, los sufrimientos, las creencias, los miedos, los mitos, las pasiones, la historia, el lenguaje, la soledad, el día, la noche, podemos advertir, sin ninguna dificultad, las diferencias con respecto a aquello que ya se tiene por conocido. He aquí que entra en juego un proceso de asimilación, el cual nos permite comprender todo lo que nos rodea. Como es natural, el tiempo también adquiere importancia en dicho proceso, para bien o para mal, ya que la idea de regresar, detestable para muchos, se encuentra siempre latente, al acecho, dependiendo de cómo lo haya afectado a uno el viaje. No querer emprender la vuelta o encontrarnos con toda clase de impedimentos intentando aceptar el retorno, es sinónimo de haber encontrado algo que nos hizo bien, por eso nos envuelve una especie de melancolía fúnebre al tener que partir de regreso. El dolor es tan verdadero como cualquier otro. Algo de esto le ocurría a Nicanor, que estaba de viaje, acompañado por dos de sus amigos. Se encontraban ahora en otro continente, alejados de su propia realidad, aquella realidad que se figuraba como la más cercana a sus vidas. El lugar de destino, la selva, ¿las consecuencias? Un resurgir de hombres nuevos.

No se trataba de cualquier selva, tenía algo sumamente especial, distinto de otros lugares, transmitía el mayor estado de bienestar y complacencia que alguien pudiese llegar a encontrar en otro lugar. Era un eslabón perdido, un rincón oculto en los abismos de la tierra, que se encontraba ocupado por una comunidad de nativos. La dimensión de los árboles era descomunal, tenían el aspecto colosal de esos gigantes que sólo existen en la mitología. Si uno los miraba con detenimiento y sin premura, podía escuchar sus voces. Los animales se mostraban apacibles, mientras nadie los perturbara, y el caso era que nadie lo hacía. ¿Qué más se le puede pedir a la naturaleza? Allí, los sonidos adquirían otro cariz, mucho más envidiable y portentoso que los de cualquier otro lugar. Y pensar que en un principio, Nicanor se había mostrado renuente en relación a dicho viaje, argumentando que no podría resultar nada provechoso de aquella travesía. Ahora, todo estaba en su contra, la selva era parte de él. La corriente del río, le había susurrado los misterios de la vida. No había escapatoria, a su regreso, se encontraría con que su realidad seguía siendo la misma, más translúcida, tal vez, pero sólo eso.

-El silencio de la naturaleza y su armonía, son los bienes más preciados de nuestra comunidad. Nada se compara a nuestra forma de vida, estamos hechos de selva. Nuestras costumbres han perdurado durante siglos, y lo seguirán haciendo. –dijo el más viejo de la tribu con suma elocuencia. Todos los que estaban a su alrededor lo escuchaban apaciblemente. Infundía un gran respeto en los demás, debido a su longevidad, y al temple con que había sacado adelante a su gente.

-Las palabras no podrían hacerle juicio a este lugar, sólo el brillo de los ojos que han sido testigos. He recorrido todas las latitudes del mundo, y he visto lugares asombrosos, alejados de la imaginación, pero como éste, jamás. Aquí, la tierra parece estar hablando en todos los idiomas, es inextricable la sensación que produce, lo más propicio, sería pararse en un punto de la selva, y ver qué tiene para decirnos. –se dirigió Nicanor al viejo, con incertidumbre acerca de lo que pudiera llegar a pensar éste.

-Son buena gente, lo veo en sus almas, me han hablado. Hay quienes han intentado arrebatar nuestras tierras, queriendo hacerse con nuestro hogar, y lo más terrible de todo, es que esos hombres logran dormir en paz, sin ningún tipo de remordimiento, sabiendo a cuestas, que han asesinado a nuestros hijos, han usurpado y destruido la mayoría de las aldeas, también, han sometido a nuestras mujeres a las peores aberraciones, con total impunidad y despotismo, y otras tantas atrocidades. No sé quiénes son más salvajes, si ellos o nosotros. –la congoja del viejo al decir esto, causó honda impresión en sus huéspedes. La crudeza con que había retratado dicho salvajismo, los estremeció, y vieron en todo aquello, un

-Al hombre no le alcanza con lo que tiene, su estado gregario lo lleva a ejecutar toda clase de acciones tiránicas. ¿Cómo han hecho para prevalecer sobre ellos? –preguntó Nicanor, con un ávido interés por conocer más acerca de la historia de aquella comunidad. Las moscas que sobrevolaban, se posaban una y otra vez sobre su rostro, y el clima pesaba sobre sus cuerpos, debido al calor que debían soportar.

-Con un espíritu templado y valeroso. –sentenció con firmeza. Pero todo eso ha quedado atrás, no nos hemos olvidado acerca de lo ocurrido, simplemente hemos decidido continuar con nuestras vidas, sin detenernos a pensar en los males que han acontecido en el pasado.

-Es justo. Intento hacer lo mismo con mi pasado, muchas veces lo logro, pero hay momentos en que éste, me agarra por los hombros y me sacude con violencia. Es bueno saber que existen personas como ustedes, sus acciones sirven de ejemplo para los demás. –dijo Nicanor con cierta contrición.

-A un hombre bueno, le suceden cosas buenas, y cosas malas, demasiado malas, a su parecer, pero con el tiempo lo entenderá. –dijo el viejo, algo cansado, luego, volvió a su morada.

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