A un año de dos muertes que conmocionaron a San Rafael

El 12 de agosto del año pasado por la noche, el padre de Edgardo Morici fue a la casa de su hijo y lo encontró con un balazo en la cabeza. Junto a él, yacía su pequeña hija, Valentina, a quien había asfixiado antes de suicidarse. El episodio convulsionó a todo el departamento sureño, ya que Morici era una persona muy conocida. La madre de la pequeña, Carmen Canga -quien no convivía con el padre- se enteró después y todavía no se repone de ese momento.

Era la víspera del día del niño del año pasado cuando Edgardo Morici (35), un reconocido empresario sanrafaelino, pasó a buscar a su pequeña hija Valentina (2) por la casa de su madre en horas de la siesta. Y esa fue la última vez que la mujer y los familiares de Morici vieron con vida al empresario y a la nena. La noche del sábado 12 de agosto del 2007, el padre del empresario, preocupado porque no sabía nada de “El Facha” (como lo llamaban a Morici) desde hacía varias horas se presentó en la casa de su hijo y allí encontró la aberrante postal: Valentina y Edgardo yacían sin vida en una cama de la casa ubicada en Pascual Iaccarini 137.

Las pericias efectuadas y la posterior investigación sobre el episodio indicaron que la nena había sido asfixiada por su padre, mientras que éste había decidido terminar con su vida efectuándose un disparo en la cabeza.

El hecho conmocionó a todo la comunidad de San Rafael, no sólo por las terribles características del episodio, sino porque Morici era más que conocido por los sanrafaelinos. Amante de los deportes –en especial de aquellos que incluyeran un desgaste de adrenalina-, Morici era un reconocido emprendedor en el Sur. Luego del trágico episodio, trascendió a raíz de las declaraciones de su familia cercana que el empresario, cuya madre también se había suicidado hacía un tiempo, presentaba un cuadro de estrés y depresión, aunque aclararon que no se encontraba bajo tratamiento psicológico.

Valentina tenía dos años y pasaba el tiempo de forma alternada con su padre y su madre, Carmen Canga. Incluso, esa mañana había estado junto con su madre hasta que, en horas de la siesta Morici fue a buscarla. Pese a la hija en común, los padres nunca convivieron. Sin embargo, la relación no era mala ya que, mediante un escrito presentado por medio de su abogado días después de la tragedia, la madre de la pequeña indicó que “el papá (Morici) gozaba de un amplio régimen de visitas acordado por las partes, por lo que la temática alimentos, tenencia y régimen de visitas relativos a la menor, no se habían judicializado en modo alguno”. De esta forma, la mujer echó por aire aquellas versiones que indicaban que la drástica decisión y la depresión del empresario respondían, en parte, a un supuesto conflicto judicial que ellos mantenían.

Amaba a su hija

Los vecinos y conocidos del empresario no salían de su asombro los días posteriores al asesinato seguido de suicidio. Es que desde el entorno les resultaba incomprensible que Morici haya asesinado a su hija.

Según lo manifestado por sus conocidos, la relación entre padre e hija era más que buena e, incluso, estar con ella era como una especie de cable a tierra ante algunos problemas familiares y de estrés que tenía y creen que se trató de un arranque de locura.

“Es un momento muy duro para mí”

MDZ intentó habla con la madre de Valentina, pero ésta se excusó explicando que esta fecha es muy dura para ella. Comprensiblemente, con toda la amabilidad posible, una amiga de Carmen Canga explicó que la mujer no está preparada para hablar del episodio todavía, aunque destacó que –de acuerdo a lo que ella sabe de la causa- esta ya quedó cerrada.
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