Basta ya, nena, para ver hay que mirar

Una lectura de "Pascualita Gómez", de Mercedes Pérez Sabbi, quien define al personaje como "una chica de barrio, bien de barrio".

Recibí los libros la primera semana de enero. En un sobre de papel madera venía Pascualita Gómez, una chica que se las trae (Comunicarte, 2014) recién salido de la imprenta. Lo acompañaban el tierno Mi insecto interesante y el entrañable e imprescindible Manuela en el umbral.

Pascualita Gómez tapa

Tenía muchas expectativas sobre Pascualita. Mercedes me había comentado que estaba muy contenta con el libro y eso aumentaba mi ansiedad por leerlo. Quizás porque la escritura de esta novela es "intempestiva, sagaz, vehemente", como la misma Pascualita, la terminé mismo día que llegó el paquete. Aun así, pasé muchos meses rumiando este cometario, porque el texto ágil, divertido, polifónico y musical es también –y sobre todo- profundamente humano y, por eso mismo, complejo. Pascualita Gómez (la novela) se las trae, porque, como la Pascualita personaje, tiene mucho más para decir que lo que aparece a primera vista.

La historia es sencilla: Pascualita Gómez, una chica del conurbano, gana un concurso de televisión. El premio es ser modelo internacional y desfilar en las cinco capitales mundiales de la moda. Para ser modelo, primero debe parecerlo, por lo que en la agencia (que pertenece a la productora del programa) le dan un listado de requisitos de ingreso que Pascualita se esforzará por cumplir, aunque en el camino deje mucho más que unos kilos.

Cuenta Mercedes que "Pascualita Gómez es una chica de barrio, bien de barrio, cautivada por los concursos televisivos que prometen hacerla famosa… Una promesa que es, en última instancia, promesa de felicidad. Este será el punto de partida para que Pascualita, se lance a cambiar todo lo que tenga que cambiar (pero todo) para lograrlo. Su cuerpo tendrá que hacerse finito y largo; será como andar entre paréntesis por la vida… En Pascualita Gómez busqué desentramar los hilos que componen los mandatos de una sociedad sostenida en los dis-valores que arman y desarman subjetividades".

Podemos pensar la novela como el desarrollo de la conciencia de Pascualita, que conlleva la ruptura con los estereotipos cosificadores de la mujer presentados por los medios de comunicación y la asunción orgullosa de sus marcas de clase y de sus rasgos físicos, ambos estigmatizados (Pascualita es una chica morocha, rellenita, del conurbano).

Pero, también, el afán con que Pascualita devora las revistas de la farándula y los programas de concursos y chimentos es una forma de bovarismo, término creado por Jules de Gaultier (Le bovarysme, 1902) que en un sentido amplio designa "todas las ilusiones que los individuos o los pueblos se forjan sobre ellos mismos". (de Torre: 2003)

Pascualita es una Ema Bovary de Valentín Alsina, que se ilusiona con pertenecer al mundo de los ricos y famosos y está dispuesta a tomar cualquier posibilidad para alcanzar un lugar que le permita ser esa otra. En palabras de la Mechi, su vecina tarotista y asesora de belleza:

"Lo importante es pertenecer al mundo de los peces gordos y lo que se ve como defecto (bajó la voz) -tu morochito estilo de acá- mañana, si estás con ellos, tal vez sea visto como encanto personal, toquecitos de distinción para la vidriera." (p48)

La imagen corporal es una construcción simbólica. Según Zygmunt Bauman, la característica más prominente de la sociedad de consumo es su capacidad de transformar a los consumidores en productos consumibles. La publicidad y los medios de comunicación proponen un arquetipo de belleza que sobrevalora la delgadez y, mira con reprobación moral la gordura, como sinónimo de autocomplacencia y abandono personal (no adelgaza porque no se esfuerza, no lleva una vida sana), además de ser una marca de clase que asimila gordura a pobreza. Así, la belleza (igual a delgadez y juventud) es un capital simbólico que puede adquirirse, perderse e incluso comprarse. (Sossa Rojas, 2011)

Desde un registro que propone el distanciamiento, la narración elude la identificación con la protagonista adolescente (recurso sobreabundante en mucha literatura para jóvenes) para colocar al lector en una postura de espectador. Esto es uno de los elementos que entroncan esta novela con la tradición del grotesco rioplatense, que también está presente en la excelente Mayonesa y bandoneón, de la autora. Así, lo grotesco es un recurso crítico y ridiculizador para desenmascarar estas “nuevas formas de disciplinamiento del cuerpo” (Sossa Rojas, 2011) reproducidas por los medios de comunicación.

Los arrabales geográficos, sociales, los personajes fuera de cuadro, el tango y el reguetón no son pintoresquismo en las novelas de Pérez Sabbi, sino que las constituyen. No hay una mirada de superioridad, sino un narrador que da cámara a los personajes y que, a través de los comentarios/acotaciones entre paréntesis, acentúa el juego de la indefinición genérica del texto (¿novela teatral, grotesco narrado?). A la vez, los paréntesis instalan, desde el índice, la condición polifónica del texto ya que dialogan con las afirmaciones que implican los títulos de cada capítulo. Son coloquiales y su registro resitúa la lengua en el barrio a través de muletillas ("obvio", "entendiste?") y refranes / frases hechas ("creer o reventar", "es de no creer").

A lo largo del libro, los paréntesis son una metáfora del intento de Pascualita de ser otra. En el último capítulo hay una ruptura gráfica del uso convencional de los paréntesis (que aparecen abriéndose, no conteniendo), al mismo tiempo que Pascualita rompe también con los dictados de una sociedad en la que cuerpo es un objeto de consumo. En el trayecto del Obelisco a Valentín Alsina, Pascualita empieza a construirse como sujeta.

El tratamiento grotesco de las situaciones narrativas se asienta en la capacidad de Pérez Sabbi para crear ambientes y personajes tipo: los sonidos del barrio, las costumbres, la iconografía (poster de Sandro), las comidas, los olores, incluso el tarot que augura un "portentoso futuro" a Pascualita.

Los personajes y ambientes buscan deliberadamente el cliché, porque la exageración los torna absurdos y es en ese juego donde se desenmascara la falsedad de las concepciones, la vacuidad de la convenciones sociales, el sin sentido del sentido común. La parodia, como recurso grotesco, evidencia el falso lujo y éxito que muestran los programas de concursos: el acrílico trizado de los reflectores, las patas de gallo bajo las costras de maquillaje.

El humor emerge en los comentarios del narrador, con recursos como la interpretación literal de las metáforas (Pascualita anda entre paréntesis), la reducción al absurdo ("Pascualita comía en sueños y de día estaba satisfecha", p.62) que evidencian lo ridículo de las situaciones.

"Basta ya, nena, para ver hay que mirar": así suena el tono de llamada del teléfono celular de Pascualita. "Basta ya, nena, para ver hay que mirar", porque el aspecto deportivo y joven, la flacura y la moda son indicadores de estatus, de un éxito de revistas imposible de alcanzar. "Basta ya, nena, para ver hay que mirar", porque a Pascualita le quedan chicos los paréntesis, excede los adjetivos impuestos, desborda la felicidad de dientes blancos y corsé.

El conflicto de Pascualita no es solamente un conflicto adolescente, porque la juventud, la belleza, el éxito y el estatus son mandatos transversales en nuestra sociedad. Pascualita se las trae porque asume la posibilidad y el desafío ser ella misma, de reconocerse en el olor del barrio, en el gusto del mate con tortas fritas, en el abrazo de su abuela.

"Basta ya, nena, para ver hay que mirar"… Y en esta incipiente primavera, bastante lejos del enero en que lo leí por primera vez, me doy cuenta por qué me costó tanto escribir esta reseña.

Por Brenda Sánchez

De la Torre, Olivia (2003) "Neurolingüística y literatura". Razón y palabra, 33, junio-julio.

Híjar, Alberto (2014) "El horror y lo grotesco en la crisis: La crisis, lo grotesco, lo kitsch". Discurso Visual, 33, enero/junio, CENIDIAP, (5-27)

Méndez, Mario (2014) "Acaso, ¿hay algo más misterioso que el amor?": Entrevista a Mercedes Pérez Sabbi. Libro de Arena http://bibliotecasparaarmar.blogspot.com.ar/2014/11/mercedes-perez-sabbi-acaso-hay-algo-mas.html

Sossa Rojas, Alexis (2011) "Análisis desde Michel Foulcault referentes al cuerpo, la belleza física y el consumo", Polis, 28.

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10 de Diciembre de 2016|17:10
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