La desorientación de los adultos y el desamparo de los adolescentes

A propósito de la publicación del libro "Adolescencias contemporáneas", dialogamos con su compiladora, María Cristina Rother Hornstein. Los adultos y su rol desfigurado, los adolescentes y la necesaria transgresión.


"Las 'clásicas' funciones materna y paterna, sedimentadas durante largo tiempo, a punto de haber sido naturalizadas como universales, se ejercen hoy de modos disímiles y novedosos. Los hijos adquieren un protagonismo activo del que carecían cuando los mandatos eran más férreos y los padres ejercían sus funciones con la solidez de sus creencias. En la actual sociedad ‘líquida’, en que los padres se interrogan acerca de los fundamentos anteriores y los jóvenes encarnan un ideal a lograr, los lugares y los roles, al igual que el líquido cuando cambia de recipiente, adquieren otras formas."

Susana Sternbach, en Adolescencias contemporáneas, un desafío para el psicoanálisis


En una época en que las nuevas tecnologías están presentes en casi todos los espacios, en que los adultos reconocen estar desorientados, en que la comunicación está mediada en gran parte por Internet o los servicios telefónicos, es necesario detenerse un instante a reflexionar sobre qué significado tiene hoy la adolescencia y sobre qué bases se sostiene.

Hacia allí apuntan los capítulos que componen Adolescencias contemporáneas, un desafío para el psicoanálisis (Psicolibro Ediciones), de Susana Sternbach, Hugo Lerner, Luis Hornstein y María Cristina Rother Hornstein, compilados por esta última.

Adultos y adolescentes compartimos una época en la que escasean las certezas y abundan las incertidumbres. Vivimos, entonces, una época en la que, mientras los adolescentes se buscan a sí mismos, construyen su yo y necesariamente se rebelan, gran parte de los adultos (incluidos los psicoanalistas) no sabe cómo actuar ante ese ser que está ahí, justamente, para transgredirlo todo.

Adolescencias contemporáneas tapa

Ante tal cuadro de situación, es necesaria la aparición de libros como Adolescencias contemporáneas, que a lo largo de sus capítulos va constituyéndose en una herramienta para esos adultos que no saben cómo pararse ante esos adolescentes que ya ni siquiera se comunican con las mismas herramientas con las que lo hacían aquellos cuando eran jóvenes.

Sobre la irrupción de las nuevas tecnologías, las formas de comunicación y su influencia en las relaciones y el rol de los adultos ante las nuevas formas de la adolescencia dialogamos con María Cristina Rother Hornstein, compiladora de Adolescencias contemporáneas.

La tecnología y la ampliación de la brecha generacional

En diálogo con MDZ Online, María Cristina Rother Hornstein pone el foco en la influencia de las nuevas tecnologías y las formas de comunicación derivadas de estas que utilizan los adolescentes y en el rol que los adultos deberían cumplir ante estos "nativos digitales".

Cristina Rother Hornstein

María Cristina Rother Hornstein.

- ¿Cómo está atravesada la adolescencia por las nuevas tecnologías y cómo influyen en ella?

- Yo digo en el libro que, a pesar de que Internet está desde 1991, en los últimos años, a partir del 2006, ha habido una influencia tan importante que creo que se ha profundizado la brecha generacional entre lo que llaman los inmigrantes digitales y los nativos digitales. Los nativos digitales son los que conocen desde su nacimiento las nuevas tecnologías y que están impregnados de ellas, y los inmigrantes, que son las generaciones anteriores, inclusive nosotros como agentes de salud, como terapeutas, que hemos tenido que aggiornarnos a nuestra manera, con todas las dificultades que eso implica, y como los inmigrantes, siempre tienen su lengua nativa y nunca terminan de aprender la del lugar y lo hacen de la manera que pueden y a su ritmo. Estas formas nuevas de comunicación son interesantes porque lo que uno ve es una actitud excesivamente crítica en los adolescentes, y le diría que hoy hasta en los niños, de estar prendidos sobre todo al teléfono celular, que tiene Internet, y uno se pregunta si están en una situación, como dicen algunos adultos, de autismo. Todo depende de en qué tipo de interacción estén con estas formas de comunicación. Creo que ante esto nos tenemos que hacer nuestros interrogantes, aunque es cierto que hay situaciones que son patológicas. Yo tengo pacientes que ejercen un tipo de vínculo, de relaciones virtuales, en las que efectivamente creen tener una relación amorosa o sexual. Es muy impactante cuando se dan este tipo de formas de comunicaciones patológicas, porque hay una situación de autoengaño, creen tener un vínculo amoroso y el vínculo es puramete virtual, ya sea a través de la pantalla de la computadora o a través del WhatsApp, y en un momento hasta se cambia el significado de las palabras, porque hoy por hoy los adolescentes dicen "porque hablamos", y yo les pregunto, a ver, "¿hablaste o se escribieron?". Aceptan que estaban escribiendo, pero para ellos es hablar. También es importante para uno escucharlos y entender sus lenguajes singulares, pero que no se pierda, en todo caso, lo que tenemos que mantener, como la lengua española, en donde tal palabra significa tal cosa, después, bueno, podemos metaforizar ciertos términos, pero hablar es hablar y escribir es escribir. De todas maneras, es interesante, porque si nos salimos de lo patológico, lo no patológico es donde uno ve qué tienen esas nuevas formas de comunicación, donde el encuentro no es en el paseo, en el boliche, sino que es un encuentro abierto al diálogo, con otras formas de comunicarse, que no es estar aislado ni estar en soledad. Obviamente, para los adolescentes es fundamental la pertenencia, y a veces el grupo puede llevarlos a situaciones masivas en las que cada uno, con tal de pertenecer a un grupo, deja de lado lo que podrían llegar a ser sus propias inquietudes, sus propios deseos. Pero, por otro lado, es una necesidad propia de determinadas edades esto de formar parte de un grupo con ciertas características y homogeneidad, que, por un lado, forman parte de las marcas de identidad para ellos, y al mismo tiempo, a veces de pérdida de lo que serían ciertas identidades singulares.

- A partir de estas relaciones nuevas, ¿cómo perciben o construyen la comunicación con los adultos?

- Este tema de las nuevas tecnologías y del acceso a distintas formas de comunicación ha profundizado la brecha generacional, que, por un lado, es necesaria. El chico tiene que saber diferenciarse de los adultos, de los padres, de los maestros, pero, bueno, sabemos y es muy trillado el tema de la crisis de la adolescencia, la rebeldía, las transgresiones. El adolescente es un transgresor por excelencia, y es necesariamente un transgresor, va a ir buscando siempre el límite que lo diferencie de lo que serían sus progenitores o de los adultos en general, y uno tiene que poder entender que esta transgresión es una manera de separación, de poder ir encontrando su propio camino, sus propias identidades. Y en este momento yo creo que una manera de diferenciarse, y que es importante como salida exogámica, es justamente esta forma de comunicación y esta habilidad para manejarse con todos los aparatos. Sería una transgresión que no pone en riesgo la vida, en principio, porque uno puede ver en los periódicos situaciones de chicas que por Facebook las invitaron a tal lugar y luego hubo situaciones de violencia y demás. Pero, de todas maneras, las formas nuevas de estar en contacto con los pares, con los congéneres, ya en sí mismas son una manera de no ser parte de las generaciones que los preceden y con las que a veces se producen abismos importantes. Creo que uno de los problemas más serios en este sentido es cuando los adultos, más que de mantener y aceptar esta diferencia y esta separación, creen que necesitan estar a la par. Este es un problema serio, porque nosotros podemos estar informados, como estamos informados de otras cosas, pero uno tiene un límite y hasta puede aceptar que un chico le enseñe y sea su maestro. Creo que aprendemos mutuamente, pero tenemos que respetar y además interesarnos por todo lo que nos enseñan los niños desde que nacen, y desde ya los jóvenes. Esto es algo importante para lo que pienso que tendría que ser un diálogo intergeneracional en donde las generaciones anteriores no se pongan a la par de los nativos y haya un respeto mutuo por las experiencias y por lo que cada uno puede proporcionar al otro en la constitución subjetiva, porque, finalmente, todo vínculo promueve nuevas formas de subjetivación en cada una de las personas.

- ¿Cómo se ve afectado este diálogo intergeneracional cuando tenemos adultos que, por ejemplo, a través de la publicidad, se convencen de que pueden volver a ser adolescentes y que en su aproximación a las nuevas tecnologías se comportan como adolescentes, especialmente en las redes sociales?

- Es un problema serio ese. En el libro hay un capítulo mío, "Adolescentes desamparados, adultos desorientados", y otro de Susana Sternbach, "Padres desorientados, hijos desamparados", que hablan de esto. Acá hay un tema con el asunto del desamparo y a mí me preocupa seriamente cuando los adultos se ubican en ese lugar, porque los chicos lo que sienten es, efectivamente, el desamparo. Porque los padres nos dicen que no tienen forma, que no encuentran la manera de poner el límite, y lo que yo creo es que les tienen miedo, y los chicos por supuesto, apuestan cada vez más al límite y no se encuentran con adultos responsables que sumen su cualidad de adultos ni padres que cuiden pero no controlen, protejan pero no anulen, que no es fácil, por supuesto. A mí me ha pasado de tener entrevistas familiares en las que he visto situaciones de emergencia en relación a la conducta del adolescente y donde lo que ya se pone en juego es la vida, y he tenido que decirles a los padres “o lo frenan o el riesgo de verdad es que se muera”. Los padres a veces no se dan cuenta de la importancia del cuidado, entonces descuidan, y eso pasa sobre todo cuando los padres creen que la manera de acercarse a los hijos es hacer lo mismo que ellos, como si tuvieran la edad de los chicos.

- Y ante este cuadro de situación, ¿cuál es la situación del analista, cómo se para ante esta nueva adolescencia y este adulto que no se puede hacer cargo de su adultez?

- Un poco como le decía antes, una cosa es estar al tanto, tener un conocimiento por lo menos relativo de la preocupaciones que tienen los adolescentes, de los usos que hacen de las nuevas formas de comunicación, un conocimiento de sus intereses, de los libros que leen o que no leen, de las películas que ven, de los lugares a los que les gusta ir. Pero una cosa es conocer y otra cosa es hacer lo mismo que ellos. Inclusive, uno puede tener una actitud vital, pero una cosa es ser vital y otra cosa es que me vista igual que ellos, y ese es otro tema que no es poco importante, el de las madres o los padres que se visten más o menos con la misma ropa que los chicos. En ese mismo sentido, como analistas, tenemos que posicionarnos desde otro lugar, no somos jueces, trabajamos proponiendo un diálogo y una reflexión para que cada uno de ellos pueda pensar en función de sus interrogantes.

Alejandro Frias


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