Nicanor: Retrato de un desconocido

Un encuentro casual (o tal vez no tanto) que deriva en una conversación en la que los protagonistas no se ocultarán nada.

-Por regla general, las personas acostumbran a dudar acerca de esto y aquello, en lo personal, pugno por mantenerme lo más alejado posible de este grupo de coetáneos, aunque debo confesar que, tal como le sucede a la mayoría, no me resulta fácil desligarme de mi naturaleza de hombre, a la que me veo supeditado de manera ineludible. Dicho esto, muchas veces me desconcierta y me desanima, el hecho de saber que una determinada clase de la sociedad opina que aquellos que aman con fervor y desmesura, han venido al mundo nada más que para convulsionar el pensamiento de los demás con sus ideales de amor, a los que consideran poco mundanos e improductivos para la práctica. –dijo Nicanor a un General que se encontraba conversando con él. La fiesta había reunido a muchas personalidades, muchas de las cuales no se conocían entre sí.

-Usted es de los que quieren reivindicar el amor con sus agregados y demás vertientes. Le diré algo, y no lo tome a mal, pero tal vez tengan razón ellos y no usted. No es que me encuentre en desacuerdo con lo que promulga, sólo pienso, que quizás, la humanidad se haya convertido en otra cosa, muy disímil de lo que era antes, y no apostaría por que volviésemos al viejo paradigma. Hoy, el mundo se halla en un proceso de transición, y con esto me refiero a que los significados que dotaban de sentido a nuestra existencia, se han extinguido casi por completo. No creo estar errada al poner de manifiesto todo esto, puesto que los hechos hablan por sí solos. Un ejemplo: un buen día, una pareja de jóvenes, con el mundo a sus pies y un porvenir prometedor, se jura amor eterno frente a las estrellas ermitañas de la noche, luego, sin atender demasiado a las consecuencias que se pueden llegar a desprender cuando se ama a un otro, deciden revalidar dicho juramento, y no obstante, se casan, sin mayores complicaciones, entonces, como si fuera una regla universal, prescripta por alguien desconocido y omnipresente, aparece la discordia, la indiferencia comienza a alimentar la relación, ya no se miran con el cariño que se profesaban, sino con odio, el conflicto se naturaliza cada vez más, y el porvenir que añoraban, se les escapa de las manos. El desdén con el que comienzan a relacionarse, los destruye por dentro, y ya no queda más nada por hacer, salvo separarse. Así es como lo veo yo.

-Eso ha sucedido siempre, y seguirá sucediendo. No veo nada nuevo en ello, alguien debe sacarle las vendas de los ojos, y ese alguien seré yo. Creo que no ha interpretado bien lo que he dicho, quizás no he sido del todo claro, tal como lo había previsto en un principio. Mi punto radica en que nadie debería dudar, ni por un instante, acerca de los efectos que produce el amor verdadero, el cual purifica y embellece a cualquier alma. Es sublime el estado que uno puede alcanzar con tan sólo permitir que alguien pase a formar parte en nuestras vidas. La clave se encuentra en no hacer caso alguno al miedo como tal, ya que tiene la particularidad de hacerle creer a uno, que los actos de amor y los sentimientos más nobles, no existen más que en sueños. Por eso, defiendo con firmeza y sin titubeos, la idea troncal de que los actos realizados por el hombre, reflejan su intención de crecer espiritual y emocionalmente.

-Si le parece bien, quisiera presentarle a María, y dejar nuestra charla para otro momento. –luego de presentarlos, el General los dejó a solas para que conversaran. María era la hija de un empresario acaudalado.

-Por supuesto. Señorita, un grato placer. –una mueca se dibujaba en los labios de Nicanor.

-El placer es todo mío, y con el debido respeto, debo decirle que es usted un tanto diferente a como me lo habían retratado.

-¿Sí? ¿Podría extenderse más respecto a ese punto? Sino le molesta, por supuesto.

-Ni en lo más mínimo lo pondré al tanto de todo cuanto habían escuchado mis oídos hasta ahora.

-Por favor, adelante. No osaré interrumpirla.

-Como bien sabrá, aquí nadie pasa desapercibido, incluso las personalidades menos atractivas son objeto de atención.

-En parte lo había notado, pero prosiga.

-Bien. El hombre, aunque no se jacte de ello, tiene una tendencia a inmiscuirse en lo que no le incumbe, y el caso es que muchas veces lo hace con recelo, por temor de lo que pueda encontrar.

-¿Sugiere que algunos de los que se encuentran aquí presentes le han hablado mal acerca de mi persona?

-No, pero cómo cree.

-Comenzaba a preocuparme, soy consciente de que no soy lo que puede llegar a definirse como "el hombre con el que sueña toda mujer", pero aun así, poseo ciertas cualidades que me son favorables.

-Estoy segura de que es así. Aun sin conocerlo, sus palabras ya me han dicho más de lo que usted puede suponer.

-Qué sería de nosotros si no existieran las palabras, los sufrimientos y las pasiones no tendrían voz.

-Qué bonito el modo en que emplea las palabras, siempre he envidiado a las personas con ese don.

-Las palabras con las que un hombre se dirige a una mujer, constituyen el medio más directo para acercarla al paraíso por ella anhelado.

-No lo había pensado de ese modo, es muy interesante todo lo que dice, pero aún no le he dicho cuál es la idea que me había hecho de usted.

-Cierto, adelante. Falté a mi palabra al interrumpirla, hablo demás cuando no es necesario, pero gustoso la escucharé.

-Su carácter es lo que me ha deslumbrado, me habían informado acerca de su facilidad para seducir, en el buen sentido. Cuando sus amigos lo presentaron, espontáneamente supe que contaba con la capacidad para atraer la atención de los demás. Tal vez no sea ese su propósito, pero el efecto que provoca es de destacar. No soy una mujer pudorosa, y tengo a bien expresar lo que siento, por lo que me tomaré el atrevimiento de comunicarle que es usted un joven gallardo, con una figura deseable. Sus manos me llamaron la atención, mientras hablábamos se las observé con gran detenimiento, tienen la delicadeza propia de las manos de una mujer, bien cuidadas y suaves a simple vista. Pero lo que más me motivó a seguir conversando con usted y conociéndolo, es el poder que impone al desenvolverse, quizás no lo note, pero es avasallante y hasta un poco hostigador en su trato.

-Me ha cautivado con su descripción, es buena para estas cosas. Usted no se queda atrás, y bien lo debe saber, cuando una mujer es agraciada por fuera, tiene lo que quiere a su alcance. ¡Oh!, pero que descuido de mi parte, permítame servirle un trago. Aquí tiene. Como le decía, siendo usted una mujer que cuenta con vastas cualidades, tiene todo el derecho de exigir lo mejor, y con lo mejor me refiero a un hombre que cumpla con los requisitos que la hagan feliz. Porque en definitiva, es eso, aprovechar la felicidad cuando se la encuentra.

-No quiero interrumpirlo, pero ya se están yendo los invitados. ¿Desea continuar la charla afuera? Si le parece bien, puede hacerme compañía mientras caminamos.

-Le iba a proponer lo mismo, pero ya ve, se me ha adelantado. Vamos, usted primero, la sigo.

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Opiniones (1)
6 de Diciembre de 2016|17:16
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6 de Diciembre de 2016|17:16
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  1. Buen relato. Si tan solo existiera un "Nicanor" yo me fijaria en él, por sus manos delicadas y por su vocabulario. Aunque, como es obvio, las palabras las ubica el escritor. Felicitaciones. Tus pensamientos te encaminan, tus acciones te determinan.
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