Un libro que dinamita a la derecha católica

En exclusiva, presentamos un adelanto del libro "La derecha católica, de la contrarrevolución a Francisco", de Julián Maradeo.

 Esta semana estará en la calle el libro La derecha católica, de la contrarrevolución a Francisco, de Julián Maradeo, sobre el cual el autor señaló en una entrevista: "Esta investigación muestra cómo ha sido el camino recorrido por uno de los brazos políticos del catolicismo en Argentina. Ese brazo es el que tuvo un proyecto de poder, para el cual se alió primero con los militares y, ya en democracia, se reorganizó tratando de influir, como lobbystas expertos, sobre los partidos políticos".

En exclusiva, presentamos un adelanto de este trabajo, el Capítulo IV, en el que Maradeo, entre otros temas, de la conformación y el desarrollo del Instituto del Verbo Encarnado.

Tapa

Capítulo IV

Cuando yo estaba preso en Rawson venía Tortolo a recorrer las celdas. Llegaba acompañado por gente que sería de los servicios. Me acuerdo haber escuchado que el director del penal se inquietaba ante la visita de un obispo por las condiciones en las que estábamos los presos. Pero los de los servicios lo tranquilizaban, le decían que no se preocupara porque éste (Tortolo) es de los nuestros. Es seguro que Tortolo también le debe haber dado un aval para que matara con la conciencia tranquila. (Testimonio de Rodolfo Ojea Quintana)

El famoso Unamuno, un escritor español un poquito heterodoxo, decía “me duele España”. José Antonio Primo de Rivera dice: “No me gusta España porque la quiero” (…) Si no digo me duele la Argentina, me duele la familia argentina, me duelen los jóvenes, me duelen los universitarios, me duele la universidad argentina, me duele la dirigencia política, me duelen los medios, no estoy amando a la patria (…) Es un amor redentor, es un dolor de cristiano. (Padre Ramiro Sáenz en las VI Jornadas de Apologética, 2012)

“La ley del dolor es una ley universal. Todo hombre debe ser sometido a prueba. Debe ser purificado. Debe pasar por la acción transformante de las horas de crisis”, así comenzaba el artículo “Crisis y purificación”, escrito por Adolfo Servando Tortolo, en el número 10 de Mikael, la revista del Arzobispado de Paraná, durante el primer cuatrimestre de 1976.

El 16 de agosto de ese año, la patota de la Policía Federal secuestró a Victorio “Coco” Erbetta, militante de Montoneros en la capital entrerriana. Mientras era mantenido en cautiverio en el Escuadrón de Comunicaciones del Ejército, una noche, sorpresivamente, fue trasladado hacia el palacio de Parque Urquiza, donde residía Tortolo: “Estuvo varias horas con él. “Coco” le comentó la situación de todos los detenidos (...) Esa misma noche lo llevaron y nunca más volvió. Tipo 6 de la mañana vi pasar una camilla con un cuerpo ensangrentado, tapado con una sábana blanca. Había médicos y supuse que era el cuerpo de Erbetta”, relató, más de 30 años después, el testigo Luis Ricardo Silva.

En una de las celdas contiguas se encontraba Álvaro Piérola, hoy abogado de derechos humanos. A él, “Coco” Erbetta le “contó que estaba nervioso. Que lo habían golpeado. Que todavía no había declarado, pero confiaba que iba a salir porque era practicante católico y conocía a Tortolo. Al otro día, su compañero de celda dijo que lo habían llevado, pero que habían dejado su ropa”.

Su hermano y entonces suboficial del Ejército, Joe Erbetta, recurrió al general Juan Carlos Trimarco, quien había llegado a Paraná, en 1975, como subjefe de Abel Teodoro Catuzzi en la Segunda Brigada de Caballería Blindada. El 24 de marzo de 1976, juró como interventor de Entre Ríos. A los días, dejó su lugar al brigadier Rubén Di Bello, considerado su títere hasta 1978, cuando lo sucedió el comodoro Pablo Jávega.

“El 10 de setiembre de ese año (1976), el general Juan Carlos Trimarco me llama a su despacho, lugar en el que, apuntando con su arma a mi cabeza, me dice: ‘Su hermano es un subversivo. Usted no tiene nada que averiguar. No quiero saber más nada de que usted o cualquier miembro de su familia anden haciendo preguntas’” , narró Joe Erbetta, cuyo hermano desaparecido había militado en las filas de la Acción Católica Argentina y había sido monaguillo de Tortolo en su adolescencia.

El secuestro de Erbetta puso sobre la mesa la participación de la delegación local de la Policía Federal, donde solía brindar misa el cura y ex Tacuara, Alberto Ezcurra Uriburu. Allí, el comisario José Faustino Fernández había dispuesto una oficina para hacer tareas de inteligencia. Uno de los agentes fue Cosme Ignacio Demonte, acusado de estar entre quienes secuestraron a Erbetta dentro de la Facultad de Ingeniería Electromecánica de la UCA.

La relación entre Trimarco y Tortolo era conocida, como también lo era la que el Arzobispo mantenía con el brigadier mayor y ex oficial en la Base Aérea paranaense Orlando Capellini, y con el director de la cárcel local, José Anselmo Appellhans.

Antes de visitar ésta, en octubre de 1976, Tortolo había asegurado, en declaraciones a la prensa, que “yo no conozco, no tengo prueba fehaciente de que los derechos humanos sean conculcados en nuestro país. Lo oigo, lo escucho, hay voces pero no me consta”. Tendría varias ocasiones para rectificarse.

Una de ellas fue en diciembre de ese mismo año, cuando se presentó en la Unidad Penal Nº1 de la capital entrerriana. Antes de la misa, Tortolo pidió que “los comunes” sean sentados de un lado y los “subversivos”, del otro. Allí, los detenidos aprovecharon para mostrarle al vicario castrense las marcas de la tortura y le rogaron que intercediera. Al escuchar lo que padecían quienes estaban secuestrados, Tortolo se “tapaba los ojos”:“Dijo que si alguien deseaba hablar con él, podía hacerlo-rememoró Juan Domingo Wurstein-. Yo le conté lo que sucedía y le pregunté porqué mataban gente. Tortolo me dijo: ‘Si ellos matan gente, las armas están bendecidas. Ustedes matan con armas sin bendecir’. Le aclaré que no había matado a nadie y me dio dos cachetadas porque no había dicho la verdad. Si alguien recibía una cachetada, era porque había dicho la verdad”. Acto seguido, luego de que se retirase el prelado, Appelhans los trasladó hacia el patio, donde los amenazó, advirtiéndoles que ante otra queja les aplicaría la “ley de fuga”, eufemismo utilizado para matar a quienes estaban en cautiverio. Según los testigos, en el penal había dos lugares para que las mujeres tengan a sus hijos, sitios que además eran utilizados como sala de tortura.

Otro ex detenido desaparecido, Manuel Ramat, abrió el foco y amplió el número de responsables. Señaló a Jorge Appiani como el encargado de conducir las torturas en la Base Aérea de Paraná. Lo recordó por la frase: “Cada maestrito con su librito”. El militar llevaba anotaciones en un cuaderno, en el que escribía las respuestas de los secuestrados a sus preguntas. Después, los detenidos sufrían descargas eléctricas. Ramat fue, también, uno de los que se refirió a la complicidad del médico Hugo Moyano, quien lo vio después de una sesión de tortura: “Cuando le conté lo que me habían hecho, no se conmovió, ni anotó nada, ni me ofreció curaciones”.

Siguiendo la lógica de reacomodamientos post golpe en la ciudad, durante el último tramo de 1976, Carlos Uzín fue impuesto como decano de la Facultad de Ciencias de la Educación. Al mejor estilo Zavalla, el “mimado” por Tortolo, ex docente del Liceo Militar General Belgrano, en Santa Fe, se encargó de depurar el Centro de Documentación de esa facultad. Eliminó, por ejemplo, los textos de Paulo Freire, John William Cooke, Salvador Allende, Héctor Cámpora, Juan Domingo Perón, Ariel Dorfman, Rodolfo Puiggrós, Jean Piaget, Sigmund Freud, Rogelio García Lupo, Herbert Marcuse y Rodolfo Walsh. Para que no queden dudas sumó al plantel de profesores a Juan Mario Collins, el mismo que Ezcurra Uriburu había elegido como reemplazante cuando se alejó de Tacuara. Uno de los alfiles de Collins era el docente Ricardo Andrilli.

Vale tener en cuenta un dato de cara a lo que sucederá décadas después: Andrilli daba clases en el colegio Santa Teresita, donde se haría fuerte el Grupo Unidad, compuesto por jóvenes de la Base Aérea de Paraná.

A nivel local, la presencia de Tortolo y su conocimiento de las distintas denuncias fueron detalladas fundamentalmente durante el juicio Área Paraná, que se inició en noviembre de 2008 y al ser terminado este libro no se había dictado sentencia.

Las referencias al Arzobispo fueron muchas. Tampoco faltaron las imágenes que lo muestran celebrando misa en el Edificio El Libertador (1979) y en la ESMA (1980), ante la cúpula militar. Su secretario, en la Capital Federal, era el capellán Emilio Teodoro Grasselli, encargado de recibir, en la capilla Stella Maris, a familiares de víctimas que querían entrevistarse con Tortolo. Ante cada visita, el cura elaboraba una ficha por medio de las que clasificaba los casos. Superaron las dos mil. En diferentes causas judiciales, Grasselli, sindicado también como el responsable de vender al grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada el lugar de recreo del Arzobispado de Buenos Aires en Tigre, intentó justificarse: “Primero hacía una lista pero nos sobrepasó. Como en aquella época no había computación, comencé a hacer fichas y así formé un fichero. En la primera parte de la ficha ponía nombre, el lugar del hecho y el día que me visitaba, y en el anverso, algún dato o dirección de alguien a quien podía comunicarse por si llegara una novedad. Cuando venía monseñor (Tortolo) cada semana, cada 15 días, le presentaba esa lista y él hacía una copia y la mandaba al Ministerio del Interior, a veces al Ejército, a la Fuerza Aérea o la Marina”.

No es casual que, en sus argumentos, Tortolo no difiriese de lo que los testimonios señalan que expresaban los capellanes ante circunstancias similares. Por ejemplo, en el juicio por delitos de lesa humanidad cometidos en Concordia, Concepción del Uruguay y Gualeguaychú, Alejandro Richardet, ex militante de Montoneros, relató que, ante su pedido para que medie con el objetivo de que mejoren las condiciones de detención, Tortolo le advirtió que “la expiación de los pecados se consigue muchas veces a través del sufrimiento físico”.

A fines de 1977, frente a las desapariciones, alrededor de siete madres y familiares de víctimas de la represión ilegal comenzaron a reunirse clandestinamente en Paraná. El cura Julio Metz les dio un lugar para encontrarse. El sitio era la Parroquia del Carmen, cedida con el aval de Tortolo.

Las personas que asistían cada sábado debían llegar solas por un pasillo situado a la izquierda de la iglesia. Entre las primeras, estuvieron Amanda Mayor y Clara Atelman, madres de Fernando Piérola y Claudio Fink, respectivamente. También, estaba Elba Benítez, esposa de Agustín Goyburú, detenido en Paraná, en el marco del Plan Cóndor, luego de haberse exiliado de Paraguay a raíz de los enfrentamientos con el dictador Alfredo Stroessner, a quien denunció por torturar a presos hasta causarles la muerte.

De esas reuniones secretas, participaba Mónica Torres, hermana de Hugo Torres, quien, tras ser detenido en 1975, había pasado por cárceles entrerrianas, entre ellas la de Paraná. Torres decía ser representante de familiares de desaparecidos de la Capital Federal. En paralelo, dentro del Seminario de Paraná, hubo quienes recibieron la orden de “escuchar a la gente de las diferentes parroquias, interiorizarse de sus problemas, pero también detectar a familiares de presos políticos y conocer lo que pensaban o captar información para luego ser trasladada a los principales referentes del Seminario”.

Atelman de Fink contó que Tortolo “nos recibió muchas veces a los familiares de los desaparecidos, pero nunca nos dijo nada; decía que no podía hacer nada (…) Mucho después supimos que Tortolo no nos acompañaba”. Luego de una nueva e infructuosa entrevista con el arzobispo de Paraná, éste le envió a los Fink una estampita con una imagen de Juan Pablo II que al dorso decía: “A. Tortolo saluda a la familia Fink y lamenta no tener alguna novedad respecto a Claudio. No descuiden la oración. Paraná, 14-12-79”.

Lo cierto es que las sospechas recién se confirmaron varias décadas después. Fue en 2010, cuando supieron por fin que Tortolo, y por ende los militares, estaban al tanto de todo lo que sucedía en la Iglesia del Carmen, porque Mónica Torres era una infiltrada, tal como lo verificó el hecho de que su nombre apareciese en las listas desclasificadas del Batallón 601. Como se verá más adelante, no fue la única sorpresa. Distintas versiones ya señalaban que Torres se movía con facilidad en el Comando del Ejército y era recibida personalmente por Trimarco. A su vez, fue responsabilizada de entregar a Osvaldo Cambiasso, quien, tras ser liberado en 1982, retornó a Paraná en mayo del año siguiente. Torres lo llevó hasta Diamante para visitar a algunos amigos. La futura directora de Derechos Humanos de Jorge Busti presionó para que no se vuelva en un auto particular sino en micro, lo que dio inicio a su odisea final. Al regresar a Rosario, mientras estaba en un bar junto con Eduardo Pereyra Rossi, fueron secuestrados y luego asesinados por agentes del Comando Radioeléctrico de la Unidad Regional Tigre, en cuyo mando estaba el oficial inspector Luis Abelardo Patti.

La dictadura dejó un saldo de 11 desaparecidos en Paraná, donde funcionó una decena de centros clandestinos de detención y una maternidad. En la megacausa Área Paraná, que, al cierre de este libro, no había concluido, hubo 22 imputados-sólo sobrevivieron 13 al paso del tiempo- y 52 víctimas.

Acusado de beneficiar a allegados y parientes con las obras públicas provinciales y de hacer negociados con inmuebles de personas desaparecidas, Trimarco, retirado desde diciembre de 1983, fue uno de los beneficiados por la Ley de Punto Final, y luego indultado por el Decreto Número 1002, firmado por Carlos Menem. Sin embargo, en 1999, fue requerido por el juez español Baltasar Garzón, quien ordenó su detención en 2003. A su vez, fue imputado en Capital Federal por privaciones ilegítimas de la libertad en el marco del Plan Cóndor; y en San Nicolás, por el homicidio de Cambiasso y Pereyra Rossi. En la megacausa de Paraná, la muerte le permitió sortear la citación para que declare por el robo del bebe de Raquel Negro. Estaba acusado de cometer siete homicidios mientras era jefe del Segundo Cuerpo del Ejército.

Repliegue

Durante la década del ‘80, se produjo el descabezamiento del bastión tradicionalista constituido en el Seminario de Paraná. Estuvo marcado por la enfermedad de Tortolo, quien a partir de 1981 comenzó a sufrir problemas de salud, que le imposibilitaban moverse. Las monjas que lo cuidaban relataron que Tortolo deliraba, gritando por su madre, a quien soñaba desaparecida.

En julio de ese mismo año, en la casa que el cura Carlos Alberto Lojoya tenía en Vicente Casares, se reunieron los hermanos Alberto y Álvaro Ezcurra Uriburu, Alfredo y Ramiro Sáenz, Gastón Dedyn, Carlos Nadal, Luis Rodrigo y Carlos Miguel Buela. La charla giró en torno de cómo continuar, tema que sobrevolaría los siguientes encuentros. A la postre, sería el momento fundacional del Instituto del Verbo Encarnado, que, inicialmente cobijado por el obispo de San Rafael, León Kruk, fungió como el reducto que contendría a los cuadros tradicionalistas ahora huérfanos por la enfermedad del Arzobispo.

Las fracturas estaban a la vista de todos. Al punto que en agosto de 1982, a raíz de las quejas contra la facción de nacionalistas católicos todavía dominante, un grupo de seminaristas logró que los trasladasen desde Paraná al Seminario Niño Dios en Gualeguaychú, creado ad hoc.

Ese mismo año, en uno de los últimos números de Mikael, Ezcurra Uriburu insistía con “la patria como el lugar donde es posible “el arraigo nacido de la tradición familiar”. Patria son los conquistadores y los misioneros, que con la cruz y la espada vinieron a ganar no sólo tierras nuevas para el rey en cuyos dominios no se ponía el sol, sino también un nuevo continente para Cristo”. Con la Guerra de Malvinas de trasfondo, Ezcurra se ilusionaba porque “con ella se han levantado en el alma de los argentinos destellos de generosidad, se han descubierto tesoros enterrados de coraje y servicio desinteresados. Hemos recordado que esta patria nació cristiana, que los colores de su bandera son los del manto de María, y hemos empuñado el rosario y doblado las rodillas ante el Señor de los Ejércitos para rogarle que la ampare y la conduzca, que la proteja en el combate y le conceda aquella paz en la Verdad y en la Justicia que sólo El es capaz de darnos”.

Llegado desde Córdoba, en enero de 1983, Estanislao Karlic fue nombrado arzobispo coadjutor y administrador apostólico. Con Tortolo fuera de escena, el protegido del cardenal Raúl Francisco Primatesta fue dando los primeros pasos hacia la reclamada modernización.

Una de las primeras acciones en ese sentido fue, justamente a pedido de Karlic, el desembarco de una comisión del Vaticano para que analizara todos los seminarios del país, con especial énfasis en el de Paraná. El lunes 22 de julio de 1985, el todavía arzobispo coadjutor firmó la resolución a través de la cual concluyó su obra, separando al viejo equipo de formadores de los seminaristas. Aunque los influyentes Alberto Ezcurra Uriburu y Alfredo Saenz ya habían partido hacia San Rafael, todavía permanecía Cecilio Paul, ex director de Mikael, cuyo último número había salido en 1983.

En total, debieron marcharse 12 sacerdotes y 30 seminaristas, entre quienes estaban José María Pincemin y Luis González Guerrico. Según Ricardo Leguizamón, autor de la biografía “Las dos vidas del cardenal”, “los cambios apuntaron a dos figuras clave: el jesuita Alfredo Sáenz, y el ex fundador de Tacuara, Alberto Ezcurra Uriburu, que había regido los destinos del Seminario durante trece años. Karlic hizo todo de modo cauteloso. Dispuso los cambios durante el receso invernal en el Seminario, pero aun así no pudo evitar el escarnio público. El sector más ortodoxo le respondió con insultos, y pintadas en las paredes del frente de la casa de formación por haber echado de la diócesis a Sáenz y Ezcurra”.

Karlic aguardaría hasta la muerte de Tortolo, en 1986, para avanzar con todo contra los tradicionalistas. En el texto de la resolución que emitió apuntaba directamente a la nuez del problema: “Las líneas clave del Documento de Puebla abren un camino de comunión y participación que sólo será realidad cuando el Seminario viva según el espíritu de este documento del magisterio latinoamericano, siendo el momento de insertar vigorosamente a nuestro Seminario en la línea eclesial de las recientes normas para la formación sacerdotal en los Seminarios de la República Argentina, habiendo oído repetidas veces al Señor Obispo Auxiliar y al Colegio de Consultores”.

Ni pastor mercenario, ni perro mudo

En medio de las tensiones internas que atravesaba la Iglesia argentina, los que se marcharon de Paraná primero buscaron ser guarecidos por el obispo de San Martín, Manuel Menéndez, quien declinó la oferta. El que les abrió la puerta, como se dijo, fue León Kruk, titular de la diócesis de San Rafael y una de las cabezas de la corriente “espiritualista” opuesta a la historicista y progresista. “Teníamos que encontrar un obispo que avalara el proyecto-recordó Buela- y lo más lógico pareció que había que comenzar por mi propio Obispo, Mons. Menéndez (sic), quien contestó que no se sentía con fuerzas como para comenzar una obra así, que nos felicitaba y bendecía, y que buscásemos un buen Obispo. Con el tiempo, al enterarse que era Monseñor Kruk, se alegró mucho”. El propio Buela ya tenía experiencia en sufrir expulsiones, pues había sido echado del Seminario de Devoto por Caggiano y, luego, readmitido por el mencionado Menéndez en San Martín.

En 1983, el grupo que se instalaría en la provincia cuyana ya había tomado forma, aunque seguían reuniéndose en Buenos Aires. Antes de partir, a modo de bautismo, visitaron la tumba de Julio Meinvielle, sobre quien el propio Buela diría: “Le oí decir una vez: “¡Aunque el Anticristo me aplaste la cabeza, con el último aliento de mi vida quiero confesar a Cristo!”. Luchó con denuedo, sin dar ni pedir cuartel, contra los enemigos de Dios, de Cristo, de la Iglesia, de la Cristiandad, que desde el comienzo del cristianismo -pero con más intensidad desde hace cinco siglos- están llevando al mundo a la apostasía, denunciando documentadamente la infiltración de los mismos incluso dentro de la Iglesia con una clarividencia que no he conocido en ningún otro. No fue, por tanto, un “pastor mercenario” (cf. Jo. 10,12), ni “perro mudo” (cf. Is. 56,10)”.

Kruk, conocido por sus posturas conservadoras, en sintonía con las del arzobispo de San Luis y asiduo colaborador de Verbo, Rodolfo Laise, les comunicó, por medio del cura Nadal, en octubre, el mismo mes en que se realizaron las elecciones que consagraron a Alfonsín, que “nos daba permiso para hacer la experiencia de vida religiosa en esta Diócesis y aceptaba nuestro ofrecimiento de trabajar pastoralmente en el lugar que él nos indicara, encomendándonos el Seminario diocesano que pensaba fundar, contando con nosotros. Es decir, que a la idea nuestra de formar a los jóvenes que venían con nosotros para vivir en comunidad religiosa, se sumó su pedido de que nos encargáramos de la formación de sus seminaristas”.

Aunque parecía que los tiempos no habían cambiado tanto, rápidamente llegaron los cuestionamientos respecto del retroceso que significaba que la formación quedase a merced de los tradicionalistas, quienes mantenían su impronta preconciliar.

El obispo de San Rafael, que siempre se jactaba de tener buena llegada a Karol Wojtyla, envió una carta a Juan Pablo II: “Con un grupo de buenos sacerdotes que querían formar un Instituto de Vida Religiosa (sic) para dedicarse especialmente a la ‘Evangelización de la cultura’; a la predicación de las ‘misiones populares’; a la predicación de los ‘Ejercicios Espirituales’, y al ‘ministerio parroquial’… Vi la posibilidad de empezar mi propio Seminario en 1984. Ante la sola noticia, mucho antes de comenzar, tuve oposiciones y ataques, tanto internos de algunos sacerdotes, como externos por la campaña de estos sacerdotes entre algunos obispos amigos de ellos”.

Las principales críticas sostenían que el naciente Instituto del Verbo Encarnado (IVE) estaba compuesto por sacerdotes y seminaristas que no habían pedido permiso a los obispados de origen. A lo que se sumaban las invectivas que los acusaban de profesar las mismas ideas que Marcel Lefebvre, quien desde hacía unos años había radicado la Fraternidad San Pío X en el país.

Los pasos fundacionales del instituto quedaron plasmados en el texto “Reminis-cencias”, en el que Buela, procurando refutar las críticas, describió cómo fueron los primeros años. En él, se remontó al momento en que Karlic desconoció la existencia del IVE: “El 6 de agosto de ese año solicitábamos a Mons. Karlic informes sobre ex-seminaristas del Seminario de Paraná que deseaban ingresar en la Congregación, de manera especial, “si alguno de los mismos ha incurrido en faltas graves”. Con fecha 14 de agosto se nos decía que no tenían “conocimiento del Instituto religioso en formación…por ello no corresponde responder a su pedido”. Aunque apenas unos meses antes, Mons. Karlic, había autorizado al Padre Alberto Ezcurraa hacer la experiencia de vida religiosa en nuestro Instituto. Esta aceptación de los seminaristas salidos de Paraná, porque les sacaron todos los Superiores en los que ellos confiaban, fue motivo de muchos sufrimientos para nuestra Congregación, pero si fuera necesario haríamos ahora lo mismo”.

En 1984, buscando cubrirse por lo acontecido en los años procesistas, la Conferencia Episcopal emitió un documento cuestionando algunas “desviaciones” del gobierno de Alfonsín. En ese mismo año, aparece el único libro de Grasset, bajo la firma de su alter ego, Juan Octavio Lauze: “La vía muerta”, en el que compiló varios de sus artículos publicados en Verbo. Para el cura francés, Argentina, que acababa de recuperar la democracia, importó un sistema de gobierno que “no respondía a su natural hispano-cristiano, tan rico éste en libertades vecinales, tan acostumbrado a servir los notables naturales y tan celoso de la condición común de Hijo de Dios (…)”. En su libro, Grasset reunió los distintos tópicos del integrismo local, que van desde el rescate de la hispanidad en la historia nacional, la defensa del franquismo, del corporativismo medieval y del principio de subsidiariedad del Estado, la forma en que deberían conformarse los elencos gubernamentales, la pertinaz crítica a la “obsesión democrática” y, entre otros temas, la defensa de la monarquía católica, por eso concluyó que “o volvemos a la prístina visión de los Reyes Católicos o seguiremos repitiendo sin entender gran cosa que todo empezó en 1810”.

A medida que avanzaba la década del ’80, el IVE fue creciendo exponencialmente. A su objetivo de convertirse en un órgano religioso con fines formativos, le sumaron un matiz clave quizá a modo de reconocimiento de las limitaciones que les imponía la nueva situación política: empezaron a realizar misiones en otros países. En 1988, quedó conformada la mesa chica, una rémora de la facción que condujo Tortolo en Paraná. Buela fue elegido como superior general, en tanto que como consejeros quedaron Alberto Ezcurra Uriburu, Ramiro Sáenz, Carlos Nadal, Carlos Lojoya, Reinaldo Anzulovich y Carlos Biestro.

En 1990, el obispo de San Rafael autorizó la creación del Seminario y, en enero del año siguiente, obtuvieron la personería jurídica. Las tensiones se agudizaron cuando, en septiembre de 1991, falleció Kruk, quien fue reemplazado por Arturo Roldán. Desde el principio, el nuevo dignatario eclesiástico, anotó Buela, tuvo una relación ambigua con el IVE: “Ya al poco tiempo me pareció descubrir la estrategia pastoral que llevaba a cabo el nuevo Obispo. Su propósito no era destruir, como lo auguraban algunos “profetas de falsos sueños” que afirmaban que lo que corría más peligro era la Congregación, que no iba a ordenar, etc.; de hecho el nuevo Obispo repetía a porrillo que “no venía a destruir como en Paraná”; algunos “profetas” diocesanos no se daban cuenta, que, en la Iglesia que peregrina en la Argentina, la jerarquía no se podía permitir un nuevo escándalo tipo Paraná; el nuevo Obispo lo que trataría de hacer no era destruir, sino desactivar, desalentar, demorar, obstaculizar. Se podría decir que estábamos frente a una típica “guerra de nervios”, donde nos querían ‘correr con la vaina’”. Comenzaba una década difícil para el IVE.

Abrevando en la experiencia de la Ciudad Católica, la finalidad de las expediciones misioneras a distintos países era la de crear casas amigas. El primer viaje, en febrero de 1987, fue a Perú, donde en diciembre se fundó en la Parroquia de Limatambo, Diócesis de Cuzco, el primer seminario. En los sucesivos años, hicieron lo mismo en Rusia, China y Ucrania.

El IVE fue consolidando su estructura de movimiento eclesial, asentado, en el país, fundamentalmente en el sur de Mendoza, hasta llegar a tener distintas áreas, agrupadas en Casa Provincial, Casas de Formación, Hogares, Parroquias, Institutos Educativos y Rama Contemplativa. Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio fueron una de las actividades de mayor convocatoria, como también supieron serlo para la Ciudad Católica.

En el campo religioso, su fortalecimiento se explicó, entre otros motivos, por el debilitamiento de la Iglesia, el cual “se evidencia no sólo en la escasa capacidad de imposición de normas de comportamiento y acción a las masas (en cuanto a los comportamientos morales, las prácticas sexuales, el seguimiento ritual), sino en el crecimiento de estas comunidades que plantean grados de independencia de las jerarquías”. Sin embargo, nada garantizó que sus ideas no siguiesen generando rechazo y, a la vez, numerosas acusaciones, que pondrían en peligro su continuidad.

Las distintas denuncias llevaron a que, a fines del 2000, el arzobispo de San Juan, Alfonso Delgado, ordenase el cierre de las tres casas de formación del IVE en San Rafael. Este prelado del Opus Dei era el tercer comisario pontificio que, desde 1995, le habían asignado al IVE. Los primeros fueron el salesiano español José Rico y el colombiano Aurelio Londoño.

En una homilía pronunciada en 1999, cuando fue designado comisario pontificio, Delgado había apuntado a aquello que el propio Buela ya había intuido que sería un problema. El obispo de San Juan cuestionó que, desde la creación del IVE, ninguno de los cuatro titulares del Obispado de San Rafael, les haya otorgado la aprobación diocesana, lo que, a su juicio, demostraba que el Instituto "tarda en tomar conciencia de esta situación, debido quizás a una impronta que lo marca desde sus orígenes". Esa “impronta” quedaba expuesta, por ejemplo, en las asiduas visitas de personajes del talante de Mohamed Alí Seineldín y Ricardo Curutchet. Uno de los organizadores de esas giras cuyanas era Enrique Díaz Araujo, quien, como tantos otros, supo publicar en Mikael. En sus conferencias, más allá de las organizadas por el IVE, Díaz Araujo compartió panel con Vicente Massot y Fray Aníbal Fosbery, numen de la Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino (FASTA), entre otros.

En San Rafael, un centenar de fieles se reunió ante la residencia del obispo de esa ciudad, Guillermo Garlatti, para rezar por la suspensión del cierre. El columnista de temas religiosos de La Nación revelaba que “fuentes cercanas a medios episcopales indican que a los miembros del instituto ‘les resulta difícil aceptar cualquier autoridad de la Iglesia ajena a ellos mismos, ya de obispos locales, ya de la Santa Sede’”. En ese momento, el IVE poseía 149 sacerdotes, 160 seminaristas mayores, 100 seminaristas menores, más de 50 novicios, 4 hermanos profesos y un total de 162 miembros con votos perpetuos. En tanto que la rama femenina contaba con 400 miembros y 57 novicias de distintos países.

Ante el rechazo del primer recurso por parte de Delgado, desde el IVE apelaron, en febrero de 2001, directamente ante la Santa Sede. Con la idea de dilatar lo que ya era una decisión firme, el primer argumento de la congregación fue que no podían cerrar abruptamente sin reubicar a los seminaristas. Pero, frente a lo que se vislumbraba como un marco negativo, que los había llevado a evaluar el traslado hacia Italia, puntualmente a la diócesis de Velletri-Segni, el Vaticano se echó atrás en abril de ese año y prorrogó la clausura de las tres casas de formación, lo que finalmente no ocurriría. Trascendió que el Episcopado argentino había discutido durante seis horas el tema, prefiriendo no hacer un gesto que significase la ruptura de las relaciones. Ese mismo año, el IVE duplicó la apuesta y ordenó a 49 sacerdotes en la Catedral de La Plata, comandada con brazo de acero por el arzobispo ultraortodoxo Héctor Aguer. En la capital de la provincia de Buenos Aires, la ceremonia fue conducida por el obispo de Velletri-Segni, monseñor Andrea María Erba. Meses después, intentaron hacerlo por su cuenta en San Rafael, pero Garlatti no se los permitió. Sin embargo, la expansión seguía: ya estaban en 31 diócesis de países en los cinco continentes.

Todo cambió a partir de julio de 2004, cuando Juan Pablo II designó a Eduardo Taussig en remplazo de Garlatti. Ese mismo año, dos hechos mostraron cuánto había mutado la suerte para el IVE. Primero, el obispo de Velletri-Segni dio el visto bueno para que se constituyesen como instituto de derecho diocesano; y, después, el cardenal Angelo Sodano, durante una misa de acción de gracias en la basílica de San Pedro, en Roma, les envió un mensaje: "En nombre del Papa os saludo con todo el corazón y os comunico la estima y afecto con que Juan Pablo II sigue vuestro camino".

A poco de la asunción de Taussig, el obispo castrense Antonio Baseotto reaccionó con una expresión de deseo luego de que el ministro de Salud de la Nación, Ginés Gonzáles García, repartiese preservativos entre los jóvenes: “Aquellos que escandalizan a los pequeños merecen que se les cuelgue una piedra al cuello y sean tirados al mar”.

Taussig aprovechó para reunirse con Delgado y, en auxilio de Baseotto, buscaron que la polémica vire. Casi en simultáneo con el “Vía Crucis por la Iglesia perseguida en la Argentina”, que lideró Antonio Caponetto en una plaza de la Recoleta, por medio de una conferencia en el Arzobispado de San Juan, el del Opus Dei sostuvo que seguir discutiendo sobre los dichos del obispo castrense “es distraer la atención de lo esencial para tapar temas más importantes. No me corresponde juzgar a nadie, pero el tema central es la vida, no una frasecita”. Taussig complementó esa definición: “Está sacada del Evangelio y sin duda tiene una gravísima connotación nacional, pero es mucho más grave aún echar al mar de la muerte a quien no vio la luz del sol”.

Ambos participaron de una comunicación conjunta emitida por los prelados de la región de cuyo, en la que se afirmó: “Queremos alentar (...) apostar por la dignidad de toda vida humana, aunque algunos gobernantes prefieran rebajarse ante las presiones de poderosos organismos mundiales, que tanto daño han hecho con sus propuestas de una cultura de muerte”.

Ya por ese entonces, el IVE perfeccionaba una forma de hacerse publicidad, por medio de la participación de sus sacerdotes o monjas situados en lugares donde hay conflictos bélicos. Son innumerables las ocasiones en las que los medios argentinos se hacen eco de religiosos del instituto que cuentan sobre su denodada tarea allí. Sin ir más lejos, a mediados de 2014, cuando por enésima vez recrudeció el ataque sobre la Franja de Gaza, la presidente Cristina Fernández pidió, en una alocución oficial, por “la integridad física del sacerdote argentino Jorge Hernández y de las personas asistidas por él”. Ordenado por el IVE, Hernández era el único párroco católico en Gaza. Luego, fue recibido por el papa Francisco, quien, según la propia agencia informativa de la Iglesia argentina, “preguntó al padre Gonzalo cómo andábamos de vocaciones. Le respondió que por gracia de Dios teníamos un promedio de 85 novicios en estos últimos 4 años. El Papa le dijo: ‘Cuídenlos y fórmenlos bien’”.

Tras años de penurias, Hernández sabía bien cuánto significaba que el Sumo Pontífice los haya recibido: “Ciertamente que este encuentro con el Santo Padre es una gracia del buen Dios, para mí y para toda la familia religiosa del IVE”.

Coerción y sometimiento

El ex secretario de Estado del Vaticano y cardenal, Angelo Sodano, hizo entrar por la puerta grande al IVE con motivo de celebrar sus 25 años en 2009. Sodano se encargó de remarcar su potencia abrumadora al aseverar que agradecía a Dios el trabajo de esta congregación, que, en ese momento, poseía 1700 religiosos y religiosas viviendo en 217 comunidades, distribuidas en 73 diócesis de 37 países. Durante la misma fecha, entre el 25 y el 29 de marzo, en San Rafael, el obispo Taussig presidió un festejo, al que asistió más de un millar de fieles. En esa ocasión, aprovechó para bendecir una placa conmemorativa en honor de monseñor León Kruk.

Sodano, mano derecha de Juan Pablo II, fue acusado de mantener negocios espurios con los Legionarios de Cristo y de encubrir a pedófilos a cambio de regalos. Justamente, uno de sus sobrinos fue nombrado por el controvertido Marcial Maciel para levantar la casa de altos estudios de los Legionarios, la Universidad pontificial Regina Apostolorum. Fallecido en 2008, Maciel, creador de los Legionarios y amigo de Augusto Pinochet mientras se desempeñaba como nuncio apostólico durante la dictadura chilena, fue denunciado por abuso de menores, lo que terminó siendo admitido por su propia orden tras su muerte.

2010 volvió a ser un año conflictivo para el IVE. Pues, en mayo, su creador, Carlos Buela, debió dar formalmente un paso al costado a raíz de los cuestionamientos públicos de familiares, que lo acusaron de ejercer “actitudes de coerción y sometimiento” sobre los ingresantes. No faltaron las críticas de siempre, respecto del retroceso que significa el mantenimiento de viejas costumbres litúrgicas, como el uso de las sotanas negras, la celebración de misas en latín y los cantos gregorianos.

Sin embargo, hubo un apoyo de fuste, el del obispo Taussig, quien a pesar de que el IVE no pertenece a su diócesis sabía que la proximidad geográfica pesaba: “Estos hogares son la expresión insignia de lo que es la solidaridad y la caridad cristiana, y que llevan con tanto esfuerzo religiosos y religiosas del Verbo Encarnado, con los cuales colaboran muchas personas comprometidas con el amor por los pobres, los discapacitados y quienes no tienen familia. Llamo a todos los sanrafaelinos a expresar su solidaridad con lo que esté a su alcance para este apostolado y para que siga adelante como lo están haciendo, con tanto amor”.

Hábil para detectar el momento adecuado, el ex capellán del Liceo de San Martín dimitió como superior general, aunque es sabido que conduce desde las sombras al punto que en la propia página del IVE se recomienda su blog. Buela lo comunicó así: “Como expresé a Vuestra Santidad en mi súplica, estimo oportuno retirarme nuevamente del oficio de Superior General, como ya lo hice una vez en 1994. Por tanto, por medio de la presente y de buen grado, presento a Vuestra Santidad mi renuncia al oficio de Superior General del Instituto del Verbo Encarnado. Particularmente deseo agradecer a Vuestra Santidad la decisión de impedir el envío de un Comisario Pontificio para el Instituto, de manera que ante mi renuncia sean las mismas autoridades del Instituto previstas en las Constituciones las que continúen llevándolo adelante”. De esa manera, se logró detener una nueva intervención como la acaecida nueve años atrás. El lugar de Buela como superior general, hasta 2016, lo tomó el sacerdote Carlos Walker. En tanto que en la misma reunión, fueron elegidos como consejeros titulares el mencionado Gonzalo Ruiz y Elvio Fontana, y como suplentes Diego Pombo, Alberto Barattero y Ricardo Clarey.

Que no te la cuenten

Acusado por su participación en delitos de lesa humanidad durante el régimen militar que comenzó en 1976, el ex capellán Franco Reverberi Bosch se fugó de la justicia. El sacerdote fue identificado durante distintas sesiones de tortura en el centro clandestino de detención denominado “La Departamental”, situado en un edificio del Poder Judicial de San Rafael. Desde 2011, se encuentra guarecido en la iglesia de Sorbolo, provincia de Parma, Italia. A partir de marzo del año siguiente, comenzó a pesar sobre él una orden de captura internacional de Interpol. En una entrevista con el periódico italiano Il Corriere della Sera, se autoexculpó: “Yo sólo preparaba soldados para la comunión”. El vocero del obispado de San Rafael, José Antonio Álvarez Domínguez, al salir a defenderlo, dejó en claro qué ideología reina en la curia local: “Hubo autodesaparecidos que después aparecieron”, para cobrar su indemnización. Lo cierto es que en la ciudad hay 39 personas desaparecidas.

Otras fugas se relacionarían directamente con el IVE, cuya vinculación con quienes cumplieron algún rol durante la última dictadura no se da sólo en el plano de las ideas. Así se pudo comprobar cuando, en julio de 2013, se conoció cómo fraguaron su escape los represores Jorge Antonio Olivera y Gustavo De Marchi.

Gracias a las autorizaciones de los jueces federales de San Juan Leopoldo Rago Gallo y Miguel Gálvez, para trasladarse más de mil kilómetros hasta el penal de Marcos Paz, primero, y luego al Hospital Militar, donde trabajaba la psicóloga Marta Ravassi de Olivera, hallaron la oportunidad para fugarse. De inmediato, la Unidad de Información Financiera dio a conocer que ambos eran sostenidos por un entramado económico. Olivera tenía un fideicomiso junto con Appiani, acusado en la causa Área Paraná por torturas. Por medio de él, cedían honorarios obtenidos por ellos como abogados en juicios contra el Estado.

Retirado, Olivera lideró un bufete, al que recurrieron otros militares condenados en causas por delitos de lesa humanidad, como Guillermo Suárez Mason, el ex almirante Emilio Eduardo Massera, y el ex SS Erich Priebke. Aquí es donde aparece el IVE. Su hijo, Javier Olivera, es sacerdote y miembro de esa congregación, ayudante en la parroquia San Maximiliano Kolbe y dicta clases en la escuela Santa María. El cura Olivera, también abogado, tiene su propio blog, denominado “Que no te la cuenten”, en el que rinde culto a las principales figuras del integrismo católico vernáculo, como Jordán Bruno Genta y Carlos Alberto Sacheri. Allí, este sacerdote 2.0 expuso su deseo de defender la “Verdad”: “(…) Basta con destruir algunas verdades históricas que se relacionan con ella para lograrlo: ¿Quién no dudará de la Biblia si se ha machacado hasta el cansancio que “descendemos del mono” como si fuese un “dogma”? ¿Quién no pondrá en tela de juicio la labor de la Iglesia en América si se nos la presenta como la cooperadora de un “genocidio” indígena?”. Con prólogo de uno de los que llegó desde el Seminario de Paraná, Ramiro Sáenz, Olivera publicó un libro con el mismo nombre del blog.

Su padre ya se había dado a la fuga en el 2000 cuando fue detenido en Italia por la desaparición de la modelo franco-argentina Marianne Erize. Lo capturaron en Vicente López en noviembre de 2008. En ese momento, su hijo le escribió una carta en la que lo comparaba con Cristo: “En esta encrucijada de la historia que ahora nos toca vivir, en estos tiempos que debemos sortear, hablaba la otra tarde con el P. Buela y él me decía que debemos comprender ante todo, el misterio central del Cristianismo, esto es, el misterio de Cristo y Cristo crucificado. (…)Él, Nuestro Señor, en circunstancias análogas a las tuyas debió padecer también un juicio injusto: siendo inocente, se hizo pecado al cargar sobre sí nuestras culpas”.

En tanto que De Marchi, hermano del ex presidente de la Sociedad Rural de Corrientes, haciendo uso del beneficio de una salida transitoria, había hecho lo propio, en 2010, pero fue encontrado tres años después caminando por las calles de Villa Gesell. En el juicio que se realizó en el Rectorado de la Universidad de San Juan, Olivera fue condenado a cadena perpetua por su actuación como jefe de Inteligencia del Regimiento de Infantería de Montaña 22; en tanto que De Marchi recibió una pena de 25 años por sus delitos mientras se desempeñaba como jefe de la Compañía Comando. Al cierre de este libro, ninguno de los dos había sido hallado.

Ese mismo año, el obispo Taussig retomó un viejo sueño de la nación católica: impregnar la educación bajo su dogma y sus símbolos. Se evidenció en la polémica por la celebración de la Virgen del Carmen, Patrona de la Educación, en las escuelas públicas. Ante el fallo de la jueza Eugenia Ibaceta, que declaró inconstitucional una resolución de la Dirección General de Escuelas, la cual programaba las celebraciones de la fiesta del Apóstol Santiago y de la Virgen del Carmen, desde el Obispado de San Rafael contestaron que la decisión era “contraria a los valores más trascendentes del hombre, de la cultura y de la historia”, a lo que añadieron que “va contracorriente de la opinión de la mayoría”. La argumentación retomó uno de los principales tópicos del antedicho mito, trasladando todo a los momentos fundacionales de la patria: “La Virgen del Carmen de Cuyo-arguyó el vocero del obispado, Eugenio Magdaleno- está ligada a San Martín y la formación de su ejército en Mendoza para traspasar Los Andes”. Sin embargo, la Cuarta Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial revocó el fallo y además ordenó que la Asociación Civil Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (A.P.D.H.) de San Rafael, que fue la que hizo el pedido para que se anularan los actos, pague las costas de los abogados.

Pero quizá, dentro de esta poderosa congregación, la expresión más refractaria a la democracia sea la que reside en Malargüe, ciudad situada a poco menos de 200 kilómetros de San Rafael.

En el país del Nunca Más

Corría julio de 2009. En Malargüe, la sala Maitén quitó abruptamente de la cartelera la película “Ángeles y Demonios”, basada en el libro homónimo del estadounidense Dan Brown, también autor de “El código Da Vinci”. Las miradas apuntaron hacia el sacerdote Ramiro Sáenz. Ordenado en Paraná durante el período de Tortolo, este cura es uno de los fundadores del Instituto del Verbo Encarnado.

Ya en mayo 2004, Sáenz había enviado una misiva al entonces intendente de Malargüe, Raúl Rodríguez, en la que le sugería no contratar a la Bersuit Vergarabat ni a Charly García “porque se contraponen a los programas de prevención de adicciones y educación sexual que por otro lado hace la comuna”. Esa carta, como consecuencia de las críticas que recibió por interrumpir la presentación del libro de Víctor Heredia, “Taky Ongoy”, contenía párrafos impensados para el siglo XXI, pero que demostraban que en determinados sectores de la Iglesia se mantiene intacta la concepción del integrismo católico: “(…) Es público que V. Heredia adhiere a una postura ideológica de izquierda (o marxista o como se la quiera llamar) lo cual implica no sólo un ateísmo militante sino toda una visión de la religión, la historia, la patria, el hombre, el orden moral, etc. El conflictivo texto de Taky Ongoy es una falsificación histórica inspirada por esa ideología que tiene su infaltable cuota de anticristianismo. El libro que presentaba, que apenas pude “ojear” minutos antes de la conferencia, tiene páginas agresivas contra los sacerdotes. (…) El mensaje del Evangelio, que tratamos de cumplir y predicar sin recortes, no responde a una bandería política (de partidos). Simplemente se opone a todo lo malo y apoya todo lo bueno de cualquier gestión política. Nuestra misión es complementaria de la que se ocupa del orden político y social. Ambas son indispensables al hombre y ambas gestiones deben trabajar unidas por el bien del hombre. La gesta de Mayo de 1810 y de Julio de 1816 se hicieron con la participación protagónica de la Iglesia. Malargüe nos necesita unidos para su propio bien”.

Ese mismo año, en la escuela local General Manuel N. Savio, la alumna Alejandra Barro presentó un proyecto para que los derechos humanos sean incorporados como tema en las materias Educación Cívica e Historia, tomando como ejemplo la lucha y el recorrido de las organizaciones Madres y Abuelas de Plaza de Mayo: “En el país de nunca más, se llamaba. Fue muy sorpresivo el gran rechazo que recibimos tanto de las autoridades de la escuela como de particulares. A la hora de presentar el stand, nos encontramos con que lo habían quemado y nos habían roto la computadora. Ese mismo día, llegaron monaguillos de la Iglesia católica a la cual yo también pensé que pertenecía, mandados por el padre Ramiro, con un par de libros para revertir nuestro trabajo. Tenían títulos como “La lucha contra la subversión”. Ahí apareció el profesor Carlos (Bennedetto), que leyó los libros e hizo una crítica de cada uno. Personalmente, llevé los libros con sus respectivas críticas a la parroquia y el padre Ramiro Sáenz me dijo: “Hasta que no cambies de pensamiento a mi Iglesia no la pisas más”. Estaba muy enojado. Me fui con las críticas que todavía las tengo. No volví más”.

En la localidad, Sáenz, quien dirige el colegio privado San José, está en el centro de un complejo entramado que va desde la omnipresencia de símbolos religiosos en espacios públicos de Malargüe, la prohibición de los actos del Día de la Memoria en las escuelas hasta denuncias de negociados locales.

En 2009, invitado por la senadora del Frente para la Victoria Silvia Calvi, llegó a la ciudad Mario Benjamín Menéndez, a quien la legisladora consideró un “héroe”, idea opuesta a la que manifestó sobre él el soldado correntino Orlando Pascua, que acusó a quien fuera gobernador de las Malvinas de ser “quien llevó a las islas la continuidad de los centros clandestinos de detención”.

Diferentes versiones señalaron que, en esa oportunidad, Sáenz condujo a Menéndez a la escuela que regentea, para que los alumnos lo aplaudan. Juan José Dotta y Antonio Solano, voceros del párroco, desmintieron esto último, aunque reconocieron que Menéndez se reunió con Sáenz el 7 de febrero. En una columna publicada por un medio local, desplegaron una serie de explicaciones tratando de defender al polémico sacerdote de las numerosas acusaciones que pesaban sobre él:

“-Con respecto a la campaña contra el Sida que se logró levantar, estaba presentada de una manera tan descarada, que sus dichos o slogans no pueden reproducirse. Además consideramos que no es conveniente mentirle a nuestros jóvenes haciéndoles creer una falsa seguridad en los preservativos para combatir el Sida o el resto de enfermedades de transmisión sexual, que científicamente está comprobado que no se puede lograr. Ya en un informe, presentado el 23 de junio del 2002 por la Naciones Unidas, se reconoce el fracaso del esfuerzo de la ONU (OMS), para intentar frenar al Sida en el mundo, a través de la distribución de preservativos e inculcar su uso. Apoyamos las expresiones del papa Benedicto XVI al dirigirse a un grupo de obispos del sur de África “la doctrina tradicional de la Iglesia ha demostrado ser el único camino a prueba de errores para prevenir la extensión del VIH/Sida”.

-Acerca de lo expresado en la nota de que el padre Ramiro Sáenz apoya a los militares de la dictadura, vuelve a tergiversarse la realidad. Lo que el padre opina es que actualmente debería enjuiciarse también a los integrantes de la guerrilla.

-En cuanto a los dichos del señor Carlos Benedetto de “que los alumnos del colegio (diocesano San José), reciben un profundo adoctrinamiento sobre las bondades del gobierno de facto y un profundo desprecio por las políticas de derechos humanos”, como padres de alumnos que concurren al mismo, nos consta que se enseñan los valores de su lema, que dice “Fieles a Dios, la Patria y la Familia”.

-Con respecto a las objeciones a los artistas que en ciertas oportunidades visitaron a Malargüe, invitados por la Municipalidad local, coincidimos en que se podía haber elegido mucho mejor, ya que la Bersuit Vergarabat, promueve la droga, el libertinaje y sus letras insultan y blasfeman a Dios”.

Por su parte, el mencionado Carlos Benedetto, titular del semanario local “Sin Pelos en la Lengua”, denunció la confusa maraña de vínculos en una licitación convocada a partir del decreto 1076/2013, para que la fibra óptica llegue al Concejo Deliberante de Malargüe. Según el periodista, “los pliegos estuvieron preparados por Marcos Díaz y su amigo Osvaldo Montenegro, informático del Concejo Deliberante”, para que gane el primero. Aquí es donde aparece el IVE, que está, por medio del San José, en condiciones de brindar el servicio de Internet. Con sorna, Benedetto contó que “el Colegio San José sí puede proveer de fibra óptica mediante el simple trámite de “colgar” del cable al Concejo, habida cuenta de que el actual capo de EDEMSA en Malargüe es feligrés del Verbo Encarnado (…)”.

La escala de relaciones llega hasta Celso Jaque, ex gobernador de Mendoza y oriundo de Malargüe. Conocido por rubricar las notas formales y los proyectos de ley con una invocación a Dios, Jaque propuso crear un concilio interreligioso, con diversas comisiones que analicen las políticas de Estado. Benedetto relacionó a la peronista Nilda Tapia, a quien consideró como una “ferviente católica”, con el ex mandatario provincial. Tapia es delegada en la Dirección General de Escuelas en Malargüe y esposa de Pablo Ávila, profesor de Ética Ciudadana, quien, a la vez, “intentó sabotear cuanta charla de derechos humanos quisimos organizar acá”.

Para completar la escena aparece Juan Agulles, electo intendente en 2007 y reelecto en 2011, año en que, en plena Fiesta Nacional del Chivo, el sacerdote Jorge “Pato” Gómez, del IVE, subió al escenario para censurar al coral Les Lutherieces.

“Los tenía que censurar-dijo el cura-. Uno como sacerdote tiene que alentar mil cosas y censurar mil otras, como Jesús, él alentó mil cosas y censuró mil otras. Me parece que lo más lindo que le puedo dar a Malargüe y a la Argentina es censurar la cosas malas y alentar lo otro”. En ese momento, el Intendente se sinceró: “Estoy en desacuerdo, de hecho se lo dije personalmente al padre “Pato” y al cura que es un poco el jefe de la curia local, a Ramiro Sáenz”. Sin embargo, ante los reclamos, “su asesor letrado, Fabián Pérez, llegó a decir que ‘ese tema lo debe resolver el derecho canónico’".

Para que quedase claro desde dónde hablaba, el padre “Pato” declaró: “Violar la fe es diez mil veces peor que violar a una hija”. La expresión no fue dicha en cualquier momento, sino en medio de la conmoción que generó la denuncia por el abuso a una niña de 11 años por parte del cura Luis Sabarre.

Como una persona que ya promedia los 30 años, el Instituto del Verbo Encarnado atravesó dudas y arrogancias de juventud, momentos de conflictos con sus mayores, búsquedas de nuevos horizontes y el aparente apaciguamiento de las tensiones que da la madurez. Ya consolidado, con una estructura de alcance internacional y legitimado ante la jerarquía eclesiástica, sin que signifique que el apoyo sea unánime, es, dentro del campo del catolicismo local, quizá, la expresión más cabal de una fuerza potente e influyente tanto religiosa como políticamente.

Uno de los aspectos que así lo demuestran es cómo asimilaron la llegada de Jorge Bergoglio, a priori en sus antípodas, a la Santa Sede. El propio Buela le dedicó unas palabras en su blog: “Hay como una grandiosa, indestructible, espiritual Basílica que nos habla de San Pedro, allí, en todo lugar, donde se confiesa que Jesús es el Señor. En esa Basílica espiritual hace 25 años que las Servidoras dicen todos los años, todos los días y sus noches, en los cinco continentes, en alrededor de 30 lenguas: «Es el Señor». ¡Que lo sigan diciendo en el tiempo y en la eternidad! La Virgen lo dijo como nadie y más que todos, con una mirada muy profunda y una sabiduría celestial, nos ayude siempre a decir al modo de Ella y como San Pedro: «Es el Señor»”.

Con Francisco, tras décadas de ostracismo, hasta la Agencia Informativa Católica Argentina les dedica notas exclusivas. Bajo el título “Crónica de una esperanza en el “interior profundo” de la Argentina”, contaron cómo fue la reunión de estudiantes universitarios organizada por el IVE en Suncho del Corral, Santiago del Estero, donde están a cargo de la parroquia San Miguel Arcangel. Algo similar ocurrió cuando promocionaron los Ejercicios Ignacianos que el IVE lleva a cabo por Internet, modalidad que comenzaron a desarrollar desde 2007: “Ante los pedidos de ejercicios espirituales ignacianos que reciben constantemente de numerosos lugares y que por falta de más sacerdotes no pueden cumplir con ellos, al P. Gustavo Lombardo se le ocurrió una idea genial: ¡Sí, Ejercicios Espirituales por Internet! Tras un período de prueba quedó organizada la página www.ejerciciosive.org y después de seis años de funcionamiento está a punto de constituirse en un éxito fenomenal”.

El propio obispo Taussig, con prólogo del cardenal y arzobispo emérito de Paraná, Estanislao Karlic, publicó el libro titulado “La fe, Francisco y la nueva evangelización”, en el que cubre de halagos al Papa: “Francisco es como la Mafalda de Quino, que en tres cuadros deja un mensaje muy significativo”.

Tan buen signo tiene el papado de Bergoglio para los tradicionalistas argentinos que el IVE, en septiembre de 2014, recibió de parte de la Federación de Asociaciones Católicas de Empleadas una mención especial “por su presencia y labor cristiana en el conflicto bélico de Medio Oriente”.

Por eso, fue Hernández, el cura del IVE en Gaza, quien mejor expresó la comodidad que vive esa congregación con Francisco, al relatar que, en la entrevista señalada, éste le dijo que “tenemos que seguir yendo a todas partes, especialmente a los lugares más remotos. Dijo también, y ya hacia el final, ‘no pierdan la alegría, esa alegría interior’. (…) Le agradecimos enormemente. Y ya, caminando hacia la puerta, le pregunté: “¿Cómo se le agradece a un Papa?” Me respondió: “Rezando por él”. Recemos entonces por el Papa y pidamos a la Santísima Virgen conserve en nosotros la fe petrina, tal y como nos lo ha enseñado el P. Buela”.

Opiniones (5)
8 de Diciembre de 2016|18:49
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8 de Diciembre de 2016|18:49
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  1. LOS SEGUIDORES,EN ESTE CASO DEL CATOLICISMO,COMETEN UN " PECADO MORTAL ",AL DESOIR EL MANDATO DE JESUS DE NAZARET. "" AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS ""¡¡..NO SON CRISTIANOS, ¡¡..SON CATOLICOS ¡¡ EN LA BIBLIA NADA SE MENCIONA RESPECTO A ESTO. EL LEMA RELIGION O MUERTE, ES UN AVISO CONDICIONANTE,Y JESUS ES SU APOSTOLADO,NUNCA CONDICIONO A NADIE.." AQUEL QUE ME QUIERA OIR..."¡¡. LA BANDERA , ES PARECIDA A LA DE LA PANDILLA DE LOS "" TONTON MACOUTE ", DE PAPA DOC. ( DUVALIER ) ME PARECE QUE DIRIGENCIA CATOLICA DEBE REVER ESTA ACCION POLITICA,PORQUE A LA LARGA, NO VAN A COSECHAR RESULTADOS FAVORABLES A ESA POLITICA ¡¡
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  2. pero esthorace es cierto o no que hubo un sector de la iglesia que mientras se torturaba, desaparecia y mataba no solo miraban para otro lado sino que aplaudia, bendecian a los torturadores y pienso en figuras como Calderon Bouchet, la revista cabildo, bruno genta, fascistas declarados.
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  3. A mí Francisco no me vende ningún buzón..para mí ni existe.
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  4. Julián Maradeo presenta su libro como "defensor" de la revolución de Francisco al manifestar su descontento con un sector de la iglesia. Me hace acordar a los historiadores que distorsionaron la historia y nos hicieron creer que San Martín cruzó la cordillera en caballo blanco. Son tantas las imprecisiones, los errores, la visión descontextualizada siempre mirando lo "oscuro", siempre buscando buscarle el pelo al huevo, mezclando papas con dulce de leche, que la verdad puedo llegar a decir que es un pésimo novelista. Al igual que el escritor de Código Da Vinci, al igual al director que hizo esa película. Y el diario se prende en su joda... Y qué se puede esperar de quien ignora las cosas cómo son... El periodismo dejó de ser serio.
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  5. Prefiero el desarrollo y el progreso comercial, pero entre uno y otro extremo, no hay dudas de cuál elegir. Por lo menos para mi.-
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