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El día "G" en Oklahoma

Emanuel Ginóbili se apresta a comenzar la temporada más difícil de su carrera, mañana y en cancha de los City Thunder.

Después de haber ascendido unas cuantas veces al Paraíso y con apenas fugaces entradas al Infierno, en todo caso el riesgo y la recompensa que conlleva la competencia, Emanuel Ginóbili se apresta a comenzar la temporada más difícil de cuantas jalonan su trayectoria y eso por imperativo de los límites biológicos que se deducen de su DNI.

La más difícil, incluso más, mucho más que la de su bautismo en la Liga Nacional, mucho más que cuando llegó a Italia y mucho más que cuando en medio de una mezcla de desdén y descreimiento desembarcó en la NBA con la aislada pero indispensable valoración de la franquicia que lo contrató: San Antonio Spurs.

El Manu Ginóbili que en 1995 viajó a La Rioja para jugar en Andino era un adolescente decidido a demostrarse y demostrar que podía ser un jugador de las altas ligas, el que dos años después fue contratado por el Basket Viola Reggio Calabria ya estaba en el justo punto de cocción y el que en 2002 devino jugador de la NBA era un crack hecho y derecho, el que venía de jugar un Mundial extraordinario en Indianápolis y liderar la gesta de la Generación Dorada frente al Dream Team de United States.

Hoy, después de tanta agua que ha pasado bajo los puentes, cuando nada ni nadie podrá quitarle al bahiense la gloria que consta en los libros, en sus vitrinas, en los videos de YouTube, se ve obligado, sin embargo, a tomar las cosas donde las dejó en la temporada 2014/2015 y no precisamente en un estadio virtuoso.

Manu ginobili

El que fue parte de la derrota de los Spurs a manos de Los Angeles Clippers fue un Manu Ginóbili con más corazón que piernas, con más alma que lucidez, con más ganas de jugar con alegría que alegría misma; nada de alegría, qué va, si sufrió cada partido de esa serie de playoff, si como supo confesar en una de sus habituales apariciones públicas en clave de sinceridad brutal, cada post partido se le hacía cuesta arriba por las molestias, por los dolores, y que asimismo en cada viaje pagaba el alto costo emocional de estar lejos de la familia, de sus hijos.

Que la altísima exigencia de la NBA, reconocía Manu por aquellos días, acercaba señales que no era prudente desoír: su grado de influencia en los Spurs había disminuido en la significativa medida de su potencial físico, y de ahí, de esa merma, es o parece imposible retornar, porque cuanto así como el legendario Jack Dempsey supo rubricar (“en el boxeo jamás se vuelve”), queda por ver si en el básquet de los más calificados gigantes del planeta puede recuperar un buen nivel alguien de 38 años muy trajinados.

¿Por qué razón Ginóbili amagó con retirarse y hoy está en las vísperas de empezar su temporada 14 en la NBA?

Porque no gravitó ni una razón, ni dos razones, gravitaron varias razones: el voto de confianza otorgado por Gregg Popovich, el guiño fraternal de sus compadres Tim Duncan y Tony Parker, el incondicional apoyo de su esposa y la inteligente deducción de que si había estado meses y meses preguntándose si era la hora de dejar el básquet de la alta competencia, quería decir que el momento todavía no había llegado, que jugar un año más era posible y deseable.

El resto lo hizo su físico, que respondió en el gimnasio, que respondió en los entrenamientos y respondió en los partidos de la pretemporada, tanto, pero tanto, que el Ginóbili que allá por marzo o abril imaginaba un octubre apacible, en familia, en el doce far niente, hoy se revela entusiasmado y pendiente del partido que mañana a la noche jugará en Oklahoma.

Manu ginobilil

Y ahí estará, Manu, mientras Luis Scola defiende la camiseta de los Toronto Raptors versus Indiana Pacers y Pablo Prigioni defiende la de los Clippers versus Sacramento Kings, él empezará a vérselas con la pelota naranja, con sus compañeros, con los jugadores del Oklahoma City Thunder y con la siempre compleja dialéctica de los deseos y los fantasmas.

Querer, quiere, y a su modo, plenamente.

La pregunta del millón estriba en comprobar hasta dónde podrá ser más gigantesco de lo que ya es: uno de los cinco mejores deportistas argentinos de todos los tiempos.

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18 de noviembre de 2017 | 23:00
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