Nicanor: Burdel

No te preocupes, aquí las palabras sobran. Ni siquiera es necesario que la saludes ni la halagues.

Nicanor, su tío, y un amigo de éste, se encontraban afuera de un burdel. Discrepaban acerca de si debían incentivar o no al joven para que se iniciase sexualmente.

Tío: Es aquí. Ven, acércate, no tengas miedo, ármate de coraje de una buena vez, ha llegado el día. Hazme caso, estás con el hombre indicado, y cuando de mujeres se trata no acostumbro a equivocarme. Te gustará lo que acontece allí dentro.

Nicanor: No me siento muy bien, no sé si tendré el valor para entrar. No, lamento decepcionarte tío, pero no puedo hacerlo.

Amigo: Ya, deja tranquilo al joven, quién mejor que él para decidir sobre sí mismo. Jamás se deben de apurar las cosas.

Tío: Sólo se encuentra algo asustado, como todo aquél que está pronto a iniciarse en el mundo de los placeres del cuerpo. Necesita un empujón, alguien que le anime.

Amigo: Tú y yo sabemos todo lo que implica entrar allí, lo que uno es antes de emprender dicha empresa, cambia radicalmente de un momento a otro luego de realizarla. Acontece una transformación luego del primer encuentro sexual con una mujer, y ya nada es lo mismo en nuestro bagaje interior.

Tío: Es preferible que lo haga ahora, aún con todas las dudas y cavilaciones que han de estar merodeando en su cabeza, a esperar a que se decida a hacerlo, puesto que nunca lo hará. Mientras más se siga postergando el asunto, peores serán las consecuencias para el desarrollo de su carácter.

Nicanor: Estoy bastante desorientado, no entiendo de qué están hablando. Si no es mucha molestia, preferiría irme a casa.

Amigo: Tiene razón, volvamos, dejemos esto para otro momento. No le insistamos más al joven, cuando sienta la necesidad, volverá por su cuenta, y sin que nosotros estemos al corriente de lo sucedido.

Tío: De ningún modo, no consentiré en tu cobardía. Nadie es tan joven ni tan viejo como para rechazar el sexo de una mujer, y además, de una mujer dispuesta y preparada a ofrecer lo mejor que tiene de sí, sus cualidades eróticas.

Nicanor: Pero ni siquiera sé cómo hablarle a una.

Tío: ¡ja! ¡ja! No te preocupes, aquí las palabras sobran. Ni siquiera es necesario que la saludes ni la halagues. Ella sólo debe cumplir con su trabajo, buscando satisfacer al cliente por el pago con que éste le retribuye.

Es un negocio, en donde ambas partes salen beneficiadas, y mientras mejor sea la calidad del servicio, mayor será el número de consumidores.

Amigo: Un negocio que debería haber claudicado hace tiempo. Las mujeres que trabajan aquí, son denigradas una y otra vez, las vejaciones a las cuales se ven sometidas a diario, constituyen una abolición a su dignidad.

Tío: Bueno, bueno…es mejor que entremos, antes de que las mejores señoritas sean requeridas por otros caballeros.

Cuando entraron al burdel, los recibió la matrona del lugar, una vieja que tenía más arrugas que cerebro, y como si estuviera apurada, les preguntó a los caballeros quién de los tres tendría el placer de “usar” a una de sus jovencitas. Cuando la pusieron al tanto acerca del primerizo en cuestión, no tardó en llamar a una de las tantas prostitutas que se encontraba allí presente, para que se ocupara del joven Nicanor.

Prostituta: Qué esperas, desvístete, no tengo todo el día.

Nicanor: Disculpe usted, señorita, pero no me siento cómodo estando aquí en esta habitación.

Prostituta: Pero los hombres que están afuera esperando por ti, ya se han encargado de pagar por mis servicios.

Nicanor: No sé qué es lo que se debe hacer en estos casos, nunca he acariciado a una mujer, ni siquiera conozco en detalle cómo es un cuerpo desnudo.

Prostituta: ¿Quieres divertirte o no? Soy una de las mejores en lo que hago, me complace servir a mis clientes. Hay de todo tipo, están los viejos que no se sabe si están vivos o muertos, a esos hay que darles una mano, o aquellos jóvenes que vienen a demostrar su hombría ante sus amigos, y tantos otros más, pero mis preferidos son los muchachitos como tú, inocentes, sin ningún tipo de experiencia en esto.

Nicanor: Si tan sólo pudiésemos conversar, o permanecer en silencio, pero sin hacer lo que se viene a hacer aquí, estaría muy agradecido. Sólo le pido que hagamos algo de tiempo, al salir, daré las mejores referencias que se puedan dar acerca de usted, y ambos saldremos ganando. Yo no tendré que seguir recibiendo más orientación por parte de los adultos, y usted por su lado, recibirá más clientes.

Prostituta: Eres una criatura tan ingenua y educada, me gusta esa combinación. Ven aquí, siéntate a mi lado. Conozco mi oficio a la perfección, y sé cómo debo tratar a cada cliente, te sentirás más relajado en un rato.

Nicanor: Es una mujer muy atractiva, tiene su encanto personal, eso no lo niego, pero el pudor de tener que desnudarme ante una persona que acabo de conocer, es más grande que los deseos que tengo por usted. Y luego de eso ¿qué hacer? ¿y si fallo en mis intentos por no quedar mal? –le preguntó Nicanor a la prostituta, la cual se había acostado en la cama, y con algunos movimientos de su cuerpo sugería que éste la acompañase.

Prostituta: Mira, empezaré a tocarte suavemente, te daré un par de caricias para que vayas sintiendo algo. Sé que es algo nuevo para ti, pero no te arrepentirás. –la prostituta se desvistió, y a continuación, Nicanor hizo lo mismo, no sin sonrojarse de antemano. Comenzó a acariciar su espalda, hasta llegar a los muslos. La sensación que experimentaba, le causaba enorme placer.

Nicanor: Es buena en esto, o eso creo, ya que no tengo un punto de referencia. Cualquier hombre estaría feliz de encontrarse con una mujer así, atenta y bella como usted. Me siento bien en su compañía.

Prostituta: Qué tierno, no cambies nunca muchachito. Todos los hombres deberían ser como tú, angelicales y cariñosos. Ahora, te enseñaré cómo es esto de intimar con una mujer, no te olvidarás de mí, tenlo por seguro, déjalo en mis manos.  

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5 de Diciembre de 2016|05:57
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5 de Diciembre de 2016|05:57
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  1. Agradecido por tu comentario yesica72, tendré en cuenta tus apreciaciones. Saludos.
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  2. Interesante relato. Quizás, un poco más de descripciones del lugar y de las muecas de los personajes atrapen al lector mucho más. Y los guiones (o raya) de diálogo ayudarían a saber cuándo intervienen los personajes con sus parlamentos.
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