La compleja tarea de entender el terrorismo en el mundo

La periodista Ana Prieto reunió más de 250 fuentes, entre documentos y entrevistas, para escribir "Todo lo que necesitás saber sobre terrorismo".

Casi a diario se lee sobre un atentado, se ve un ataque, alguien destruye patrimonio, decapitan gente, lo filman en HD y lo pasan por youtube, mueren personas en nombre de alguien, por una creencia, una idea o por nada. En el mundo, y dependiendo el interés geopolí­tico, lo llaman "terrorismo", tiñendo cada accionar peyorativamente. "Lo que para algunos es un acto terrorista, para otros no lo es", dice Pietro (Mendoza, 1975), autora de este ABC para entender un entramado complejo que cala en todo el mundo.

"Todo lo que necesitás saber sobre terrorismo" (Paidós) echa luz sobre este fenómeno que, a partir el 11 de septiembre de 2001, pasó a ser prioritario en la agenda internacional y que se reactualizó con la aparición del Estado Islámico en 2014.

En contundentes capí­tulos con mucha información -e incluso con data curiosa como, por ejemplo, que desde el 11 de septiembre de 2001 los ataques supremacistas cristianos superaron largamente a los cometidos por yihadistas en Estados Unidos-, Prieto desgrana las dificultades para definir de forma consensuada al terrorismo y explica las diferencias con la guerrilla, los atentados individuales, las armas, los suicidas, los mitos y las mujeres terroristas.

El libro toma cuerpo con casos concretos como los zelotes en la Judea del siglo I y los Thuggee en India, a quienes se le atribuyen cerca de medio millón de muertes. Habla de los rusos de la Revolución, los pocos anarquistas que usaron el terror y que provocó "una cacerí­a de brujas" y el Ku Kux Klan y la supremacia blanca hasta el terrorismo en el siglo XX, que se inicia con la campaña de Irgún y Lehi, que jugaron un rol clave en la creación del estado de Israel.

En su recorte, Prieto narra la historia de la OAS, la agrupación francesa que quería evitar la independencia argelina y asesinar a Charles de Gaulle, explica el IRA Provisional que quiso reunificar Irlanda, analiza la Organización para la Liberación Palestina, continúa con Hamas, retrata los años de ETA en España, da cuenta de la banda Baader-Meinhof en la República Federal Alemana y se refiere a Carlos "El Chacal", el terrorista 'free lance' más buscado.

También analiza a The Weather Underground, los estadounidenses que hicieron su opusieron al imperialismo puertas adentro y a la secta apocalí­ptica Aum Shinrikyo de Japón hasta llegar al también atribulado siglo XXI con la Yihad, Al Qaeda, los separatistas chechenos y los nigerianos Boko Haram que secuestraron a 276 adolescentes. Todo en un marco donde revisa el rol de los medios, los derechos usurpados y las olvidadas ví­ctimas.

La dificultad para definir "terrorismo" -hay 250 acepciones-sobrevuela el libro porque, según Pietro, "es un término subjetivo que sería mejor erradicarlo y decir las cosas por su nombre: cometió un tiroteo o puso una bomba. Tiene una carga peyorativa y quien la usa se refiere a un tipo de violencia que, a priori, desaprueba o es ilegitima. Si estás en desacuerdo con la causa de una agrupación, entonces vas a llamar a eso terrorismo y, si estás a favor, lo vas a llamar defensa propia o legítima".

Teniendo en cuenta la diversidad y complejidad, la autora toma al terrorismo como "un tipo de violencia con un fin polí­tico y una intencionalidad propagandí­stica. Sus ví­ctimas, en general, son indiscriminadas y civiles. Una de las partes más conmocionantes del terrorismo es que ataca civiles en un atentado, algo que nadie espera".

Pero, ¿por qué no se llega a un consenso? "Hace 50 años la ONU está tratando de definir, pero no lo va a hacer nunca. Primero, porque no se puede, lo que para unos es terrorismo, para otros no. Y segundo, porque no se quiere. Conviene que un grupo guerrillero o insurgente sea definido como terrorista y nunca como combatiente legí­timo. Es un término usado a conveniencia", dice.

Entre las contradicciones que puede suscitar, la autora cuenta que mientras investigaba muchos le preguntaron porqué habí­a incluido a ETA. "Mataron más de 800 personas y la mayorí­a, civiles. Es notable la confusión porque se cree que si estás de acuerdo con una causa no podés estar en contra de la estrategia empleada. Es ridículo. Podés estar a favor que el paí­s vasco se independice o Palestina tenga su propio estado y eso no tiene nada que ver con desaprobar o no el mecanismo para avanzar en su causa".

El papel de la religión, explica Prieto, "es relativamente reciente porque durante los 70 muchos grupos eran de izquierda y antes, de derecha. Netamente polí­ticos. La religión más activa en ese sentido es el Islam. No creo que como religión tenga nada necesariamente violento, no más que otras, pero los yihadistas interpretan lo que quieren y justifican lo que hacen basados en preceptos distorsionados o al pie de la letra. No se pueden tomar literal las escrituras de ninguna religión".

Al respecto, desmitifica a los suicidas y su fanatismo religioso como fin último. "Se suele pensar que lo hicieron por Alá y que son todos musulmanes. No es así­. La organización que más atentados suicidas cometió fueron los Tigres Tamiles de Sri Lanka y eran laicos que querí­an su propia tierra. En Hamas, en cambio, la religión tiene un papel crucial, pero en Occidente se cree que se matan porque 72 ví­rgenes los esperan en el paraí­so. Es una fantasí­a porque no podemos concebir que alguien se suicide por su causa".

Gran parte de lo que se denomina Occidente en relación al terrorismo se concentra Estados Unidos, paí­s clave en este armado mundial. "Hay estudios conservadores que separan las condiciones de un paí­s con los grupos violentos que puedan surgir en ese paí­s. Es ridículo porque si destrozás un paí­s y desmantelas un Estado van a eclosionar grupos. El 11 de septiembre de 2001 les permitió proyectarse como super potencia mundial. Tuvo a todo el mundo rehén, estás con nosotros o con los terroristas, era el mensaje. Bush lanzó una 'guerra contra el terrorismo', una guerra a un tipo de violencia que no hizo más que potenciarlo y hacer fábricas de terroristas", analiza.

"Europa y Estados Unidos -dice- tienen la paranoia que hordas de islamitas van a atacarlos, pero los que peor la pasan son los propios musulmanes. Hay 1.600 millones de musulmanes en el mundo, si todos fueran terroristas no existiría más el mundo".

Entonces, ¿por qué se dispara la islamofobia y desestabilizan la región de Medio Oriente todo el tiempo? "Hay dinero y think tanks que financian la islamofobia y, por ahora, las mayores ví­ctimas están allá. En tiempos de crisis, el hombre busca chivos expiatorios y un otro al cual temer. Hoy los musulmanes ocupan ese lugar, especialmente en Europa Occidental. Se trata de una tendencia que no ha parado tras 2001, y que se renueva con más fuerza con cada atentado cometido por yihadistas, como los de la revista Charlie Hebdo o el resort turí­stico de Túnez".

Y agrega: "Pero la islamofobia también es racismo llano, al que se lo quiere disfrazar de 'choque de civilizaciones'. Se asume que los musulmanes son 'gente extraña' que 'debe asimilarse a la civilización superior' y compartir sus valores. Y quien no lo haga, se convierte en un musulmán potencialmente peligroso. La tragedia es que la propaganda del Estado islámico se dirige -no solamente-, a las ví­ctimas de la islamofobia".

Prieto, entre la mar de información que decodifica con destreza, aclara que "el terrorismo no necesariamente es producto de la pobreza y la inequidad, Mandela era pobre y no fue terrorista. Hay que tener cuidado con el pensamiento binario. Cuando se cree que no hay salida, hay que pensar en Mandela o Gandhi. En el apartheid asesino en Sudáfrica Mandela evitó atentar contra la vida. En definitiva, alguien pudo". 

Fuente: Télam

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