Presentaron una nueva biografía sobre Leandro N. Alem

En “Alem: caudillo popular, profeta de la República”, Miguel Ángel De Marco cita la expresión del historiador Felix Luna: “toda la República oyó ese balazo”.

Libro Alem

El libro “Alem: caudillo popular, profeta de la República” (Emecé, 2015) del historiador Miguel Angel De Marco rescata del pasado de una figura cuyo legado político es esencial mantenerlo vigente y actualizado en estos tiempos. El autor [1] - con la seriedad profesional que caracteriza su obra - logra una descripción integral y certera sobre la personalidad y la misión política de Alem. Expone documentación primaria relevante y también argumentos de diferentes historiadores sobre circunstancias particulares de la vida del caudillo. Interpreta los hechos con una mirada integral, luego de fundamentarlos con diversas fuentes.

La obra fue presentada el miércoles 7 de octubre en Buenos Aires en uno de los señoriales salones del Club del Progreso, en cuyo hall de entrada se encuentra una pintura al óleo de Alem, cuyo rostro ha elegido el autor como imagen de tapa.

Otras razones históricas significativas unen a Alem con esa institución. Fue un activo y distinguido socio del Club del Progreso donde solía reunirse para conversar con sus amigos. Entre su casa y ese club fue el último camino que recorrió en vida. Era un lugar amigable y lo eligió para su destino final. De Marco describe ese trayecto: “Salió a la calle [desde su casa] envuelto en una boa de vicuña y con el sombrero puesto. Subió a un carruaje que estaba en la puerta y le ordenó al cochero: ´¡Al Club del Progreso!´. El carruaje se puso en movimiento y al detenerse en el destino indicado, uno de los empleados abrió la portezuela y se encontró con el cadáver del caudillo (…) En uno de los bolsillos de su saco negro se encontró un papel suelto que expresaba: ´Perdónenme el mal rato pero he querido que mi cadáver caiga en manos amigas (…)” (p.325).

Hoy, en la entrada del Club como testimonio de aquel socio que luchó por la decencia cívica y la República, se encuentra la mesa – junto a su figura en óleo – con una placa de bronce donde se lee: “Sobre esta mesa descansaron los restos del Dr. Leando N. Alem instantes después de su deceso. 1ro. de julio de 1896”.

Fabiana Mastrángelo

Fabiana Mastrángelo junto al retrato de Alem.

De Marco en su libro cita la expresión del historiador Felix Luna: “toda la República oyó ese balazo”. Alem era un ferviente defensor de los principios constitucionales de la república y el federalismo. Se opuso sistemáticamente a la práctica común del fraude electoral. Éste era el modo en que los gobernantes llegaban al poder sin apoyo popular y con acuerdos de cúpula. También alzó su voz contra la instalación de la Capital Federal en Buenos Aires. Avizoraba que el centralismo porteño crecería en forma desmedida en detrimento de las provincias. De Marco señala: “parecería que mientras enunciaba las dificultades que acarrearía concentrar el poder en Buenos Aires hubiese contemplado en su mente el país macrocéfalo que se formaría en torno a lo que, a partir de 1880, se denominó Capital Federal” (pp. 9-10). Alem pensaba que el país se convertiría en un pulpo con una enorme cabeza (Buenos Aires) y pequeños brazos (las provincias).

Sus ideales los mantuvo hasta el último instante de su vida: la defensa del voto popular sin fraude electoral, el respeto por el federalismo y la división de poderes. Su testamento político – transcripto por De Marco en sus últimas páginas - daba cuenta de la necesidad de continuar con la defensa de los principios republicanos. Su situación y su estado anímico se lo impedían. Pero otros debían continuar la misión principista. Estimula principalmente a los jóvenes, sus valientes y entusiastas seguidores. En las líneas finales de su testamento realiza su última exhortación: “¡Adelante los que quedan! (…) [el partido] todavía puede hacer mucho. Pertenece principalmente a las nuevas generaciones. Ellas les dieron origen y ellas sabrán consumar la obra: ¡deben consumarla!”.

Así fue, veinte años después, en 1916 su sobrino Hipólito Yrigoyen llegó a la presidencia de la República. Era la primera vez que un presidente era elegido sin fraude y por la ley del voto secreto, obligatorio y universal (masculino). También era la primera vez que la Unión Cívica Radical, el partido creado por Alem, llegaba al poder nacional. Su obra estaba consumada.

Es un buen momento para leer la biografía de este profeta de la República, a casi 100 años de la aplicación de la ley que consagró al primer presidente elegido por el voto popular y a pocos días de elegir a un nuevo presidente de la República.


[1] Miguel Angel De Marco es miembro de número y ex – presidente de la Academia Nacional de la Historia, miembro de número de la Academia Sanmartiniana, es también correspondiente de la Real Academia de Historia de España, de la Real Academia Hispanoamericana de Cádiz y de la Academia Portuguesa da Historia. Profesor emérito de la Universidad del Salvador en el Doctorado en Historia y Premio Konex de Historia 2014.

Fabiana Mastrangelo

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