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El español Samuel Sánchez ganó el oro en ciclismo en ruta

El ciclista español se impuso con gran sprint final, donde los argentinos Alejandro Borrajo, Juan José Haedo y Matías Médici no finalizaron la competencia.

El español Samuel Sánchez logró hoy la primera medalla de los Juegos de Pekín para España al ganar el oro en la prueba de ciclismo en ruta imponiéndose al sprint tras más de seis horas de carrera al italiano Davide Rebellin y al suizo Fabian Cancellara. Alejandro Borrajo, Juan José Haedo y Matías Médici no finalizaron la competencia.

"Hay que trabajar en equipo", había advertido Sánchez antes de empezar la carrera, pero nadie pensaba que tras 6:23:49 horas el beneficiado sería él. Sánchez, séptimo en el Tour, era el menos renombrado del potente equipo español, pero acabó uniendo su nombre al de Miguel Induráin y Abraham Olano, que en Atlanta 1996 lograron los dos únicos metales españoles en ruta: oro y plata en contrarreloj, respectivamente.

Al final, ni Alejandro Valverde ni Paolo Bettini: los protagonistas fueron los que estaban llamados a ser subalternos. Rebellin, un "clasicómano" puro, ganador de las tres pruebas de las Ardenas en 2004, fue quien subió a Italia al podio, aunque un peldaño por debajo que lo que logró su jefe, Bettini, oro en 2004.

Como si de un grupo turístico se tratara, el pelotón recorrió unido los primeros 78 kilómetros de carrera, los que llevaban desde la salida en la ciudad, en Yongdingmen, hasta el exigente circuito preparado por la organización bajo la difuminada silueta de la Gran Muralla China, con rampas de hasta el diez por ciento de desnivel.

Sólo el chileno Patricio Almonacid y el boliviano Horacio Gallardo decidieron "visitar" por su cuenta el Templo del Cielo, la plaza de Tiananmen o el Estadio Olímpico, todo un recorrido promocional por los más atractivos reclamos de la capital china.

Pronto llegó el pelotón al paso de Juyongguan, donde las torres de la Gran Muralla esperaban escondidas bajo la bruma, atrapadas en un sofocante 90 por ciento de humedad.

El paso por meta marcaba el inicio de las siete vueltas a un circuito de 23,8 kilómetros, siete giros que completarían los 245,4 del recorrido y en cuyas rampas, la última de 1.500 metros justo antes de la llegada, se jugarían realmente las opciones de medalla. Por primera vez en los Juegos, salida y meta estaban en lugares distintos.

La carrera se planteaba como una batalla entre los españoles y la Italia de Bettini, siempre con el permiso de Alemania, que no apareció, y de los hermanos luxemburgueses Andy y Frank Schleck.

Pronto se destacó un grupo de unos 25 corredores en el que se coló el español Carlos Sastre, con quien nadie contaba seriamente para el triunfo tras el desgaste que supone ganar el Tour de France.

El circuito era más apropiado para sus compañeros de equipo. Valverde, que había derrotado a Bettini justo antes de viajar a Pekín en la Clásica de San Sebastián, y Oscar Freire eran los cabezas de cartel de un quinteto que asombraba por su potencia, con Alberto Contador, ganador del Giro d'Italia, y Sánchez, séptimo en el Tour, como gregarios de lujo.

El ciclismo, sin embargo, vive bajo sospecha, y a sus estrellas, por tanto, se las mira con recelo. Cuatro de los componentes del conjunto español fueron sometidos a tres controles antidoping desde que aterrizaron el lunes en Pekín. El quinto, Contador, se libró de uno por llegar un par de días más tarde.

"No queremos quejarnos", dijo el director técnico del equipo, Mikel Zabala. "Pero esto les puede influir en el rendimiento". Horarios alterados, madrugones, extracciones de sangre: todo lo aceptaron "con una sonrisa", aseguró el técnico. "Están acostumbrados".

No en vano, la Unión Ciclista Internacional (UCI) los tiene en la mira. El presidente del organismo, Pat McQuaid, insiste en que España no hace lo suficiente en la lucha contra el doping, y se queja de que la Operación Puerto, que destapó una red de doping, no haya terminado con más sancionados.

España, sin embargo, responde con éxitos. Los dos últimos campeones del Tour, Sastre y Contador, se pusieron al frente del grupo poco antes de llegar al kilómetro 200. Sánchez, justo detrás y Valverde, en cuarta posición. Ya no había nadie delante y España enviaba un mensaje.

Freire, el sprinter solitario, había abandonado poco antes. El ganador del maillot verde del Tour tuvo problemas estomacales justo después de la ronda gala y en la primera subida al intermedio paso de Badaling ya vio que no iba. "Lo importante es estar lo más adelante posible en el momento clave", dijo antes de la carrera el tres veces campeón mundial. El ya no podría hacerlo, pero sus compatriotas estaban dispuestos.

Los consejos de Freire, sin embargo, los conocen de sobra los italianos, que no permitieron mucho tiempo de dominio español. Es difícil controlar una carrera con cinco hombres, habían advertido los españoles, y aún lo es más con tres, después de que Contador dijera basta y se dejara ir.

La carrera se paró y el momento lo aprovechó el austriaco Christian Pfannberger, un "clasicómano" que lanzó el primer asalto serio cuando aún faltaba algo más de una vuelta. En la última subida a Badaling, sin embargo, Rebellin y Sánchez se le echaron encima. Era el corte bueno. Y era el día de Sánchez.
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