Y los ganadores son...

Hace click para ver las fotos ganadoras y conocer su historia.

¡Recibí nuestro Newsletter!
Enterate de promociones, sorteos y los mejores consejos para hacer tus viajes mucho más placenteros y económicos.

Primer premio: Javier Romagnoli. 

Emprendimos, casi como un sueño, nuestro viaje de luna miel. Llegamos un 1 de mayo, al medio día, a la ciudad de las luces, París. Con esa emoción que no acierta palabras pero sí ojos empañados, dejamos nuestras mochilas viajeras y comenzamos a recorrer.

Tomamos el transporte público en la estación Guy Môquet y bajamos cerca de la Torre Eiffel. El cielo estaba gris, hacía frío pero para nosotros estaba sumamente iluminado. Después de caminar varias cuadras, decidimos tomar un café. ¡Un café en París! Y seguimos hacia ese gigante símbolo de la ciudad francesa. Lo divisamos entre callecitas zigzagueantes. Apuramos el paso, consultamos a algún transeúnte, atravesamos los jardines y ahí estábamos. Bajo la Torre Eiffel. Maravillosamente enorme y emblemática. Miles de turistas con sus cámaras. Miles de personas solidarias fotografiando a otras, aún sin comprender una palabra de su idioma. Todos queríamos retratar, dejar en suspenso, eternizar el momento en el que nuestros ojos, aún sin comprenderlo del todo, estaban mirando ¡la torre!

En eso andábamos cuando comenzó a llover. Fuerte y frío. Vendedores ofrecían paraguas y pilotos a los desprevenidos…. Muchos se retiraban a lugares de resguardo o directamente se iban del lugar. ¿Qué hacemos? ¿Nos vamos? ¿Después de todo el esfuerzo por llegar hasta acá? ¿Sólo por una lluvia persistente? ¡No! ¡Estamos en París!.

Entonces, el cuadro no pudo ser más perfecto. El instante no pudo tener más magia. Bailando bajo la lluvia, el preciso segundo, ese salto de felicidad por estar allí. En ese lugar, bajo la Torre Eiffel. Mientras llovía, salíamos volando con nuestro paraguas violeta.

Paris


Segundo premio: César Pacheco.

Cuando vivía en El Salvador, en el 2010, recuerdo que fuimos a predicar con la iglesia a la que asistía a un pueblo llamado San Julián, en Sonsonate. Si bien iba a trabajar, como extranjero lo tomaba como turismo ya que todo era nuevo para mí. Me habían dicho que ese pueblo era peligroso y estaba lleno de pandilleros, los tristemente famosos "mareros", por lo que no me alcanzaban los ojos para mirar hacia todos lados tratando de detectar peligro. Mis pupilas nerviosas se calmaron cuando me bajé de la camioneta y vi el paisaje. Tanto verde como el que no hay acá me hizo enmudecer y me quedé un buen rato en el medio de la calle mirando hacia la pequeña montaña del fondo.

No pude evitar reflexionar en esa metáfora paisajística que me mostraba una mansión terrateniente en la cima de la montaña y hogares humildes debajo.

Los temores iniciales se me fueron cuando vi campesinos yendo a su trabajo con esa paz que da vivir en una sucursal del paraíso.

Lejos de todo lo peligroso que me dijeron que encontraría me crucé con gente amable, de esas que si tienen medio pan lo parten y te convidan. Gente simple, de esas que sólo se encuentran en los pueblos escondidos como este.

San Julián no es un destino turístico sino una joya oculta que tuve la dicha de descubrir.

San Julian, El Salvador


En sucesivos sábados publicaremos aquellas fotos e historias que no ganaron pero que merecen ser vistas. Muchas gracias a todos los lectores de Boarding Pass.

¿Qué te pareció la nota?
No me gustó9/10
Opiniones (0)
3 de Diciembre de 2016|11:14
1
ERROR
3 de Diciembre de 2016|11:14
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"