La historia oculta de un candidato a presidente

En 1991 fue protagonista de una larga protesta en la que incluso durmió tirado en una sanja. Hoy, aspira suceder a Cristina Fernández de Kirchner.

El último jueves, MDZ te contó quién es Mauricio Yattah, el otro Mauricio que lucha por la presidencia de la Nación. Como vecino, participó en las audiencias por la Ley de Comunas de la Capital Federal hasta que en una reunión, cuenta, desencantado por la actitud de los legisladores decidió "combatir al sistema desde adentro para cambiarlo desde adentro". Por eso es que propone una plataforma abierta donde el plan de Gobierno es compartido entre los que participan y tiene, como eje, la lucha contra la corrupción.

Incluso, a Yattah le gusta hablar de "la familia" y busca que la gente "sintonice" con él. Por eso ha llenado YouTube de videos. Aunque no puede ser considerado un "youtuber": sus imágenes tienen poquísimas visitas.

Pero detrás de esa faceta, Yattah tiene un pasado combativo que quedó reflejado en una intensa protesta llevada a cabo en 1991 en Mar del Plata. El episodio fue conocido como "La guerra de las medianeras" y aún hoy es recordado en la localidad costera.

Según narra el diario La Capital de Mar Del Plata, todo comenzó el 4 de abril de 1991 cuando la esposa del juez Ricardo Borrazas, Olga Pristupa, ordenó construir una medianera. Según los planos de los Borrazas, les correspondían 2,40 metros más del terreno lindero y los obreros debían levantar la pared justo donde estaba el living de Mauricio Yattah. 

Yattah

A partir de ese momento comenzó la "guerra", que derivó en 30 causas judiciales en las que intervinieron 41 jueces. En total, se registraron 125 denuncias de agresión que incluyeron hasta un intento de asesinato, según denunciaron los vecinos en pugna.

Aquí, la recreación realizada por el periodista Gustavo Visciarelli, y publicados por LA CAPITAL:

Las hostilidades comenzaron en la mañana del 4 de abril de 1991 con maniobras bélicas a lo largo de toda la frontera. Si los hechos se hubieran encuadrado en un marco de cordura, debería decirse que lo que realmente ocurrió es que una cuadrilla de obreros retiró la ligustrina que separaba los terrenos de dos propiedades. Pero la ausencia de mesura, unida a la desmaña judicial, convirtió aquel litigio menor en un ?casus belli? que hace 24 años se perpetuó como ?La guerra de la medianera?.

El campo de batalla: dos viviendas de la calle Alberti al 700, Lomas de Stella Maris, uno de los barrios fundacionales de la ciudad. Dos de los protagonistas fueron el doctor Ricardo Juan Borrazas, que por aquel entonces tenía 45 años y era el titular del Juzgado en lo Civil y Comercial Nº 8 de esta ciudad y su esposa, Olga Pristupa, de 42. En el polo antagónico, Mauricio Yattah, un contador de 44 años que no ejercía su profesión sino que se dedicaba a la enseñanza de inglés con un método propio, en un instituto que llevaba su apellido y que funcionaba en su domicilio.

Un abuelo previsor

En realidad, la historia del caso se remonta a la década del ?40 cuando el abuelo de Yattah, desvelado por el futuro de su descendencia, adquirió dos terrenos en Alberti al 700 y levantó sendos chalets cuya importante arquitectura se ajusta a la estética del barrio. Uno de ellos, ubicado en Alberti 768, era ocupado por Mauricio Yattah y por su madre. El otro -Alberti 740- había sido heredado por una tía del contador, quien lo vendió en 100 mil dólares el 28 de marzo de 1991. A partir de esta operación inmobiliaria aparecieron en escena el doctor Borrazas y su esposa Olga Pristupa.

Pocos días después de la escrituración, un grupo de operarios retiró la ligustrina que separaba ambas propiedades y comenzó a delimitar una zanja con el evidente propósito de erigir una medianera. El problema -o parte de él, como se verá- es que la excavación avanzaba 2,40 metros sobre el terreno de la casa de Yattah. Con el agravante de que la zanja luego de surcar el amplio jardín en una trayectoria perpendicular a la calle- desembocaba en medio de la puerta de acceso a la casa del contador. Es decir que, siguiendo la línea imaginaria de la pretendida medianera, ésta ingresaría al living de la casa de Yattah. Cosa que jamás habría ocurrido porque los constructores -según se advertía por el trazado de la zanja- tenían previsto ?esquivar? el chalet y, luego de describir una sinuosidad, retomar la recta en la parte posterior, donde continúa el parque.

El argumento fundamental de Borrazas-Pristupa reposaba en una delimitación hecha en el año 1947, que indicaba que el chalet habitado por Yattah invadía 2,40 mts. la propiedad vecina. El espacio en disputa era de apenas 38 metros cuadrados, pero las partes, pese a haber mantenido cinco reuniones, estuvieron lejos de zanjar las deferencias.

Entonces acudieron a la Justicia.Y, simultáneamente, a los hechos.

Incursión nocturna

Cierta noche de mayo de 1991 Yattah sorprendió a una cuadrilla de obreros cavando una zanja y -para impedir esa avanzada nocturna- colocó su automóvil marca Torino sobre la excavación. Es de suponerse que la escena no estuvo despojada de desbordes temperamentales que se irían acrecentando con el tiempo.

Al día siguiente el auto apareció incendiado, reposando sobre pilotes de madera que lo sostenían casi en ángulo de 45 grados. Esa extravagante escenografía bélica en medio del jardín indicaba que "la guerra de la medianera" había quedado formalmente declarada.

A partir de entonces, Borrazas-Pristupa fueron pertinaces en su intento por levantar la medianera pero se toparon con la enjundiosa resistencia de Yattah y su madre. Los combates -cotidianos, cuerpo a cuerpo- se desataban en los horarios más diversos, ya que el factor sorpresa que intentaban usufructuar aquellos fracasaba ante la vigilancia permanente de estos. Cada arremetida de los obreros -que a la postre desertaron, hartos de tanto despropósito- era repelido por Yattah y su progenitora. En estas refriegas no faltaron los esbozos de ?guerra química?. De hecho, el contador solía rociar la zanja con sustancias inflamables y amenazaba con incendiar el perímetro mientras su madre acudía al ácido. Los obreros, azorados, se replegaban hacia territorios seguros hasta que los ánimos aparentaban calmarse. La escena, entonces, volvía a repetirse.

En la trinchera

Sin dudas, la mayor acción de arrojo personal tuvo lugar cuando Yattah se arrojó -valga la redundancia- dentro de la zanja para impedir un ataque que aparentaba ser incontenible. Aquella fría mañana de invierno los obreros estaban llenando con concreto la excavación para cimentar la medianera cuando el contador se recostó en la zanja y -soportando la hipotermia- ofreció la más desconcertante conferencia de prensa que jamás hubieran podido imaginar los ?corresponsales? de aquella guerra. Fue entonces cuando anunció su decisión de resistir, aun a riesgo de ser sepultado, cosa que obviamente no ocurrió porque los operarios no tuvieron más opción que replegarse.

"La guerra de la medianera? no tardó en convertirse en un polo de atracción para el periodismo local y nacional y en una suerte de ?paseo turístico? para decenas de personas que desfilaban diariamente por Alberti al 700, deseosas de observar algún combate o -al menos- la elocuente escenografía del campo de batalla.

Jueces agotados

A mediados de 1993, ?la guerra de la medianera? agotó el circuito judicial marplatense sin que se llegara a una resolución. Para ese entonces se habían excusado 40 jueces; 12 en lo Civil, 9 en lo Laboral, 8 en lo Penal, 2 de Menores y los 9 integrantes de la Cámara Penal.

Las excusaciones respondían en algunos casos a que algunos magistrados conocían personalmente a Borrazas y, en otros, a que los jueces se sentían agraviados por las manifestaciones públicas de Yattah, quien había fundado la denominada ?Liga contra la corrupción y el maltrato judicial?. A lo que se sumaba el levantamiento, junto al auto incendiado, de un pequeño monolito con una placa de mármol que rezaba ampulosamente: ?Monumento a la indefensión jurídica?.

La prolongada serie de excusaciones motivó que durante la feria del mes de julio de 1993, un abogado de la matrícula fuera designado como juez ?ad hoc?. Para entonces, al litigio original se habían sumado 30 causas anexas derivadas de 126 denuncias que habían hecho las partes por supuestas agresiones.

Tribunal de enjuiciamiento

La mayor consecuencia institucional de "la guerra de la medianera? fue el fin de la carrera judicial del doctor Borrazas, quien -ante una denuncia formulada ante la Corte bonaerense por el Colegio de Abogados de esta ciudad- fue suspendido en su cargo el 25 de junio de 1992. Este episodio llegó a su fin en abril de 1995 cuando compareció ante un Tribunal de Enjuiciamiento que lo destituyó al considerar que no reunía las condiciones para desempeñar el cargo. Los recursos de Borrazas para revertir esa resolución no prosperaron y el fallo quedó firme en 1997.

El año 1993 marcó una escalada de violencia en "la guerra de la medianera?. El 27 de abril Olga Pristupa narró que Yattah le arrojó una pava con agua caliente, la golpeó y -después de arrojarla al suelo- le metió los dedos en los ojos con la aparente intención de arrancárselos.

El 23 de mayo, Borrazas sufrió una herida leve, producto de una puñalada que le atribuyó a Yattah. Dos vecinos lo encontraron recostado sobre un pilar, con una mancha de sangre en el abdomen mientras gritaba: ?¡Detengan a ese hombre!?. Al profesor de inglés se le adjudicó el empleo de dos armas: un cuchillo doméstico y un balde metálico a manera de escudo. Estos hechos -como muchos otros que engrosan el glosario de denuncias- jamás fueron probados.

El 12 de julio, Yattah se encontraba en la planta alta de su chalet cuando escuchó ruidos en la cocina. Al descender comprobó que alguien, introduciendo su brazo por la ventana, había abierto dos canillas. Y cuando se aproximó a cerrarlas recibió, siempre a través de la ventana, un disparo en el rostro que podría corresponder a un arma de aire comprimido.

La cocina del contador, según surge de las denuncias, parece haber sido un campo de batalla anexo que sufrió los avatares de "la guerra de la medianera?, incluyendo un incendio que la destruyó.

Como toda guerra, también se cobró víctimas inocentes. De hecho, la gata de Yattah fue hallada muerta por su propio dueño. El contador asegura que Carolina -tal su nombre- fue víctima de estrangulamiento, extremo que nunca fue acreditado pericialmente.

Estalló la paz

Pasado el tiempo las hostilidades cesaron y con la paz sobrevino el olvido periodístico. Los restos de la guerra supervivieron varios años. Hacia 1999, el Torino incendiado -una masa de chatarra corroída por el óxido- había sido desplazado desde el jardín hacia la calzada. Luego desapareció, al igual que el ?Monumento a la indefensión jurídica?.

El contador asegura que decidió abandonar Mar del Plata a fines de octubre de 1993 después de sufrir el cuarto ataque armado. ?Del último me salvé -manifiesta- porque llevaba libros adentro de la campera, así que la bala perforó la campera y algunas hojas?.

-Yattah, ¿qué pasó con "la guerra de la medianera?, hubo resolución final? -De ninguna manera. La Corte chupó todos los expedientes, se los comió y no hubo ninguna resolución.

-¿Qué paso con la casa?

-Yo me fui porque no podía estar más allí. Quedó un cuidador que en setiembre de 1997 murió en un supuesto ?atropellamiento? en la avenida Constitución. En realidad lo asesinaron. Al día siguiente la casa fue usurpada.

Ahora Yattah va por los votos. Sueña con llegar a Balcarce 50, donde no hay medianeras.

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18 de diciembre de 2017 | 14:29
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