La Máquina teatral, improvisación animal

Se sale satisfecho de su puesta en escena, porque la sensación final es la de haber estado ante un teatro al natural.

Una veintena de actores en acción, inmersos todos en el incierto rumbo de la improvisación, pero con un punto de partida en común: una obra, literaria o plástica.

La Máquina, el método de entrenamiento teatral creado por Pompeyo Audivert, tiene su versión abierta al público mendocino en la Enko Sala, bajo la dirección de Juan Comotti, y cada uno de estos ensayos abiertos, cada una de estas improvisaciones, son una invitación a que los sentidos se extiendan de par en par.

Tomemos un ejemplo. Noche de miércoles, 1 de junio, sobre textos de Pablo Grasso, la Máquina se pone en acción. El papel escrito y desparramado sobre el escenario es el territorio sobre el cual se desplazan (y se desplazarán) los actores. Hay utilería puesta allí ex profeso, hay otra más casual, también la hay accidental, que puede o no ser usada, cuya utilidad dependerá de los tiempos y los momentos, del albedrío de los actores, de la necesidad de cada quien. Dependerá, especialmente, de que alguien decida poner su atención en ella.

Desde el instante en que se ingresa a la sala se sabe, se deduce, que seremos testigos de la experimentación, de la improvisación, de una escena en la que un poeta está sentado a la derecha, un poeta que, por su vestuario, es un híbrido, como híbrida podemos prever que será la puesta.

El poeta, Grasso en este caso, también va a participar. No hay escena que no lo tenga como testigo, y habrá momentos en los que, incluso, intervenga desviando el camino elegido por los actores.

En tanto, Comotti, como un demiurgo que decide hasta dónde vive cada escena, con la música y las luces ira marcando entradas, ritmos, interrupciones y demás momentos de la puesta.

El resultado es muy bueno en líneas generales. Como toda improvisación, tiene sus altibajos (altos muy altos y bajos muy bajos) y hasta desconexiones entre el antes, el durante y el después de algunas escenas. Son los riesgos que se asumen, pero con actores preparados, con un grupo en el que se combinan largos caminos recorridos en el teatro y experiencias más breves, la experiencia termina siendo muy buena y los momentos menos logrados no pasan de ser parte de los riesgos que con gusto se asumen.

La Máquina es una experiencia imperdible. Es un animal que se mueve con independencia, yendo a la caza u ocultándose tras su camuflaje. Se sale satisfecho de su puesta en escena, porque la sensación final es la de haber estado ante un teatro al natural, un teatro emergido de la deconstrucción del texto, un teatro que, desde la poesía, suma y resta, es decir, está en movimiento continuo, por lo que también puede ser usina.

La próxima Máquina en la Enko Sala será a partir de textos de Ulises Naranjo. No se la pierdan.

Alejandro Frias

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2 de Diciembre de 2016|23:52
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