"Siete martes siete", poesía con consciencia de grupo

En el primer libro del colectivo Learte no hay identificación de autoría de cada uno de los poemas, y esto es un elemento más que deja en claro que se trata de un grupo con identidad.

Detrás de un grupo de 17 personas que se reúne regularmente, seguro hay un delito en puerta, y lo mejor que puede suceder, en bien de la humanidad toda, es que alguien tome las riendas del asunto e investigue lo que sucede para que, en caso de tratarse de una de las tantas formas que el mal adopta, no se extienda por el mundo.

El comisario Estabriola y sus colaboradores, Sánchex y Lópex, tienen la misión de ir tras esa banda que con su accionar (aunque no sepamos bien cuál es su accionar) seguro alterará el tranquilo y cómodo transcurrir de la historia.

Learte tapa

Los sospechosos de tal alteración de lo cotidiano y tras quienes van los responsables del mantenimiento de la ley han decidido nombrar a la banda como Learte, y sus nombres son Cintia Alfaro, Santiago Omar Alonso, Luisina Barcenilla Simón, Claudio Castillo, René Gatica, Ana Julia Llull Darder, Rodrigo Jesús Lucero, Héctor Omar Méndez, Gianina Moyano, Maxi Neila, Mariano Ramírez, Mabel Rodríguez, Marcela Rosales, Ignacio Sánchez, Katia Tabarelli, Vanesa Ríos y Laura Giménez, osados delincuentes (para nada comunes) que decidieron esconderse tras las páginas de Siete martes siete.

Un grupo con identidad

Learte es un grupo de escritores del Valle de Uco que concibe la poesía como parte de una forma de expresión más abarcativa, como un modo más de llegar al lector. Por eso, sus integrantes realizan habitualmente intervenciones, llevando sus textos a espacios (colectivos, bares, hospitales). Se decantaba que en algún momento llevarían adelante una publicación en formato libro, y esta llegó con el nombre de Siete martes siete, título bajo el cual se compilan poemas pero con una lúdica propuesta que agrupa el relato policial atravesado por el humor, el cómic y la ilustración.

Adentrarse en la lectura de Siete martes siete es hacerlo también en un juego. La estructura del libro propone acompañar a los sabuesos policiales en la búsqueda de lo que se esconde detrás de ese grupo literario y de sus poemas. Así es como se intercalan los informes y los diálogos de los policías, las ilustraciones, las secuencias de cómic y, por supuesto, la poesía.

De esta manera, la poesía va sorprendiendo con su intromisión a los lectores. Y, hay que decirlo, se trata de una poesía que es búsqueda de una voz múltiple, de una identidad grupal, de un sonido.

Se aprecia, en el resultado final, el trabajo de lectura y relectura en el grupo. No hay identificación de autoría de cada uno de los poemas, y esto es un elemento más que deja en claro que Learte tiene una identidad, justamente, una identidad múltiplique que avanza tras un fin claro: dar a conocer el trabajo grupal, dejando las individualidades de lado.

Siete martes siete

La poesía de Learte, por ser múltiple, conjuga estéticas y temáticas, y el resultado es, a no dudarlo, muy bueno.

Pero lo que prima es la búsqueda de un quiebre del lenguaje desde la deconstrucción y reconstrucción de significados. En este sentido, los recursos a los que echan mano los integrantes del grupo dan como resultado multiplicidad de paisajes, infinidad de caminos de acceso a eso que se quiere decir y ese cómo.

Es claro que Learte se preocupa por llevar adelante un trabajo serio sobre el texto. Hay automatismo pero también hay construcción a partir de la mejor palabra que puede ubicarse allí donde se necesita pegar fuerte. Hay consciencia de grupo, y eso se ve en cada poema.

Siete martes siete es el primer libro de Learte, y nos quedamos esperando más.

Alejandro Frias

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5 de Diciembre de 2016|11:25
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