El Tata en su laberinto

Como el rey Minos y el Minotauro, Gerardo Martino también tiene un monstruo al que debe proteger de la sociedad futbolera.

Gerardo Martino alcanzó anoche un registro imperecedero en su carrera al repetir con el seleccionado de su país una participación en la final de la Copa América de Chile, tal como lo había hecho cuatro años atrás con la edición previa disputada en Argentina, pero él es consciente de donde está parado hoy y que hasta aquí llegó después de un paso por Barcelona que marcó su carrera para siempre.

Así como el rey Minos construyó un laberinto para ocultar al Minotauro, una mezcla de hombre y toro que avergonzaba a la civilización de la antigua Creta, también el "Tata" tiene un "monstruo" en el equipo argentino al que ya dirigió en Barcelona y que debe proteger del entorno de la sociedad futbolera.

Ese no es otro, obviamente, que Lionel Messi, el intocable, el único, el que "maneja todo" desde su liderazgo futbolístico y acomoda al resto, secundado por su "otro yo", Javier Mascherano, el capitán sin cinta.

Martino ya estuvo dentro de un laberinto en Barcelona y no salió vivo de él, así como no sobrevivía ningún hombre que ingresaba al del rey Minos.

"Fue el peor error de mi vida haber aceptado dirigir Barcelona. Yo olfateaba lo que iba a pasarme y me dejé convencer. En un año que estuve allí, no fui feliz ni un segundo", reconoció el rosarino hacia fines del año pasado, cuando todavía estaban frescos su alejamiento del club español y su arribo al seleccionado argentino.

Messi y Mascherano fueron "mudos" testigos de su paso por el equipo más importante del mundo, y son quienes lo "recibieron" ahora en el equipo nacional del que también son un poco dueños.

El grado de influencia que ambos tienen sobre las decisiones que toma el "Tata" quedan obviamente para la intimidad del grupo, pero está claro que él atiende muy especialmente sus opiniones y sus propuestas.

"Mascherano es un fenómeno. Es uno de los tipos que más sabe de fútbol que ví en mi vida. Y está más informado que nadie. El otro día me preguntó si Gilles Barnes, el jugador de Jamaica, era algo de John Barnes, el delantero que jugó 10 años en Liverpool, de Inglaterra", contó con un gesto de incredulidad.

"Yo le contesté que no sabía, pero que no debían tener nada que ver porque John era inglés. Y entonces él me corrigió: 'no, Barnes, el de Liverpool, donde yo jugué, era jamaiquino, pero se había nacionalizado'. Me sorprendió, porque desconocía ese dato", reconoció Martino.

Si la de "Masche" fue una "pregunta de examen" o no, seguramente lo dirá el tiempo, pero lo que se observa a luces vista es que entre ambos existe un "tu a tu" sobre la propuesta futbolística en la que el ex River pone los puntos sobre las íes, como pudo observarse hoy durante un puñado de minutos en el campo de juego del coqueto estadio de Huachipato.

O como se advirtió en la conferencia de prensa previa al partido de cuartos de final frente a Colombia, en Viña del Mar, donde compartieron el atril y cada uno le puso compases diferentes a la música que les pedían tocar los periodistas.

Lo de Messi, en cambio, es distinto desde lo intelectual. Mucho más directo, el también rosarino hincha de Newell's no duda en taparse la boca con su palma izquierda y hacerle algunas recomendaciones al técnico en pleno partido, tal como ocurrió anoche frente a Paraguay, cuando tras una charla breve de ese tipo junto a la línea de cal, Martino decidió justamente reemplazar a Mascherano por Fernando Gago para protegerlo de una eventual segunda tarjeta amarilla que podía dejarlo fuera de la final del sábado ante Chile.

Estaba promediando el segundo tiempo y ya Argentina tenía el resultado en el bolsillo porque ganaba 4 a 1. No hacía falta que el "Jefecito" siguiera caminando por la cornisa.

Seguramente Martino ya está curtido en estas lides, después de los "latigazos" que recibió en Barcelona, y puede "muñequear" algunas situaciones con cierta experiencia protectora, como por ejemplo mantener también conforme a otro "monstruo" como Carlos Tevez sin darle minutos en cancha como anoche.

Es que el ex entrenador de Newell's tiene más de un Minotauro en este seleccionado argentino y debe alimentarlos a todos al mismo tiempo, porque de lo contrario, como ocurría en aquel laberinto de la antigua Creta, se lo terminarán devorando a él.


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26 de Septiembre de 2016|21:05
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