"El nieto", la historia de Ignacio "Guido" Montoya Carlotto

María Seoane y Roberto Caballero cuentan la historia del nieto recuperado de Estela de Carlotto, un símbolo de la lucha.

El libro El Nieto, de María Seoane y Roberto Caballero, da cuenta de la historia de Ignacio "Guido" Montoya Carlotto, el nieto recuperado de Estela de Carlotto, un símbolo de la lucha por reencontrar a aquellos bebés apropiados por la dictadura militar.

El Nieto libro

 "No cabe duda. Es el hijo de Laura Carlotto y de Walmir 'Puño' Montoya. Es El Nieto de Estela", apuntan los autores en el prólogo del libro, recién publicado por Sudamericana, sobre Ignacio Guido: el joven que "desde que sabe quién es, cada vez ignora más del que era".

La idea era hacer un festejo por la recuperación de la identidad, por la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo y de homenaje a los padres de Ignacio, porque la historia de sus padres está muy presente en el libro, sobre todo la de Puño: es la primera reconstrucción de su vida", cuenta Seoane en una entrevista con Télam.

Aunque no se sabe el día y el lugar exacto en que ambos fueron secuestrados, "pudo ocurrir entre el 17 y el 26 de noviembre de 1977", menciona la investigación centrada en este joven músico -como su padre y su abuelo- que "en menos de una semana había pasado de profesor de piano a nieto de Estela de Carlotto. Del barrio Loma Negra a la Quinta de Olivos. De sus clases y alumnos a charlas íntimas y humanas con la Presidenta de la Nación".

Después acompañó a Estela a conocer Galápagos, invitado por el presidente de Ecuador, Rafael Correa, y a continuación viajó a conocer al Papa Francisco, en una visita "cuyo objetivo era la apertura de los archivos del Vaticano para seguir buscando nietos".

Ya en 2005 la novia de un amigo le dijo que no lo veía parecido a sus padres y eso "fue una semilla sembrada en algún lugar de su inconsciente", que lo llevó hasta la librería Insurgente, de Juan Manuel Weisz, hijo de un matrimonio militante desaparecido en el 77, uno de los espacios de encuentro en la ciudad de Olavarría.

Así comenzó un largo camino que ya no tuvo retorno cuando en el 2014 alguien le aseguró que no era hijo de los Hurban y terminó contactándose con la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI) y con su propia historia.

Para la directora de Radio Nacional "es muy conmocionante, un punto de síntesis entre la historia argentina y la historia individual de ese joven... es curioso, si uno pensara cómo sería el Aleph sería así: la historia de la recuperación de un niño robado por la dictadura después de una lucha por la memoria, la verdad y la justicia de años de una sociedad".

- ¿Por qué pensás que los jóvenes de aquella época adhirieron rápidamente a un ideario que estaba en las antí­podas de lo que pensaban sus padres?
-La vida de sus padres no los convocaba a lo colectivo, tenían una vida personal, digna, pero el país presentaba signos de que los jóvenes tenían que hacer algo para ser libres. La convocatoria estuvo ahí, en el aire, fue tomada, respirada y llevada a la práctica, porque los jóvenes que nacimos después del golpe al peronismo, o un poco antes, no conocimos la democracia; conocimos la persecución, la represión, había una convocatoria de libertad más allá de los atajos que después tomó la política y de los errores que se pudieron cometer. 
Esa generación quizás no fue la más lúcida políticamente, pero sí la más generosa e inolvidable, se dispuso a cambiar el statu quo, algo que no hicieron muchos de sus padres. Así pasó.

-Impresiona la ciudad de Olavarria durante la dictadura, esa mixtura entre las fuerzas vivas y los militares tan estrecha...
-En Olavarría se ve la capilaridad de la represión, lugares donde estuvieron integrados todos, fue la continuación del terror de Estado pero en los negocios, en la forma de vida, en los silencios, en la complicidad. También en La Plata hubo una represión brutal contra los jóvenes.

- Esa trama de complicidad llevó a que Ignacio fuera entregado a la familia Hurban ¿Es algo central para comprender el tema del robo de bebés?
- Sí, La Cacha (centro de detención donde fue llevada Laura) estaba dentro del circuito de la policía bonaerense, bajo el control del general Ramón Camps y su secretario privado era el coronel Heriberto Francisco Salcerini, familiar político del estanciero, Pancho Aguilar, quien lleva a un bebé recién nacido a los puesteros de su campo, los Hurban. Uno se pregunta también que rol tuvo monseñor Antonio Plaza ahí, todos vinculados a la Iglesia con la bendición del Arzobispado de La Plata.

- El libro aporta datos sobre la relación entre Laura y Puño, cómo fueron secuestrados y el embarazo de Laura en cautiverio ¿Qué fue lo que más te impactó?
- Algo que me impresionó fue el escaso tiempo de conocimiento de los padres de Ignacio. Y el empecinamiento de la vida, Laura había tenido la pérdida de dos embarazos de un matrimonio anterior y cuando queda embarazada de Puño, atraviesa la tortura, el cautiverio y su hijo sobrevive. Ella quería ser madre a toda costa e inclusive en esas condiciones terribles se impuso igual la vida. Para saber una parte de lo que ocurrió fueron importantes los testimonios de María Luz Estenoz, quien la vio por última vez antes de ser secuestrada, calcula, el 10 de noviembre de 1977; y de la abogada Alcira Ríos, que estuvo prisionera con ella en La Cacha y es la que le cuenta a Estela que había tenido un nieto.
Lo horroroso fue que le permitieran a Estela tener una tumba sin nombre de Laura, los represores tuvieron la gentileza de devolverle el cuerpo, aunque había sido brutalmente asesinada.

- ¿Cómo fue posible las Abuelas montarán esta red que conduce a saber la verdad?
- Es lo que hace a nuestro país extraordinario, porque Argentina construye una ciudadela civilizatoria tremenda con la persistencia de la memoria, la verdad y la justicia, los juicios a las Juntas, la lucha de los organismos, la lucha de Néstor Kirchner al retomar lo que se había diluido con las leyes de Punto Final y Obediencia Debida y su posición de llevar esa búsqueda a una razón de Estado suprema. A partir de 2003 se avanzó mucho en este tema. 
La verdad se abre como la vida, porque no hay vida sin verdad y la extraordinaria creación del banco de datos genéticos, creo que es la consumación casi perfecta de la recuperación de la identidad de Ignacio.

- ¿Por qué el nieto de Estela de Carlotto?
- Es un homenaje a esa historia y a todas las historias. Por eso se llama El Nieto, porque tiene detrás la lucha de los argentinos por saber la verdad, por tener justicia. La historia de ese nieto está marcada por este rasgo y por eso merece un libro. Es la historia de la Argentina contemporánea y de los derechos humanos. 

Fuente: Télam

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