El misterio de una joven muerta hace más de tres mil años

Se sabe que tenía entre 16 y 18 años y junto a ella se hallaron los restos incinerados de un niños de unos 5 o 6 años.

En 1921, los restos de una mujer joven, cuya muerte se calcula que ocurrió en el año 1370 aC, se descubrieron durante una excavación cerca de la localidad de Egtved en Dinamarca. Aunque es poco lo que se conserva de su cuerpo, ha bastado para averiguar desde su hallazgo diversas cosas sobre ella.

Por ejemplo, que tenía entre 16 y 18 años al fallecer, y que fue enterrada en verano, dentro de un ataúd de madera de roble. Su ropa se ha conservado bastante bien; por eso se sabe que llevaba una túnica corta, y lo que se podría definir como una minifalda. Bajo el mismo túmulo (montículo funerario erigido sobre la tumba) se encontraron restos incinerados de un niño de unos 5 o 6 años de edad. El misterio sobre las circunstancias de ambas muertes se ha acrecentado ahora con el descubrimiento, gracias a la moderna ciencia forense, de que la Muchacha de Egtved no pertenecía al territorio de la actual Dinamarca sino que provenía de bastante más lejos, probablemente del sudoeste de Alemania.

Esto último se ha sabido gracias a unos análisis llevados a cabo por el equipo de la investigadora Karin Margarita Frei, del Museo Nacional de Dinamarca y del Centro para la Investigación Textil, en la Universidad de Copenhague en Dinamarca.

Los análisis indican que esta joven de la Edad del Bronce nació y creció fuera de las actuales fronteras de Dinamarca, y que viajó a lo largo de grandes distancias los últimos dos años de su vida.

La lana de la ropa de la Muchacha de Egtved, y otros materiales textiles hallados en su féretro, proceden todos también de un lugar situado fuera de la Dinamarca actual.

Todo parece indicar que la Muchacha de Egtved, así como la ropa con la que se la sepultó, y el niño de cerca de 6 años de edad cuyos restos incinerados se enterraron bajo el mismo túmulo proceden de la región del sudoeste de Alemania conocida como Selva Negra.

El estroncio es un elemento presente en la corteza de la Tierra, pero su abundancia está sujeta a la variación geológica. Humanos, animales y plantas absorbemos estroncio a través del agua y la comida. Midiendo las firmas isotópicas del estroncio en los restos humanos de excavaciones arqueológicas, por ejemplo dientes y pelo, los investigadores pueden determinar dónde vivieron los humanos y animales, y dónde crecieron las plantas. En ese sentido, el estroncio es como una especie de GPS para los arqueólogos y antropólogos forenses.

Gracias a ello se han podido reconstruir los movimientos geográficos de esta joven.

Examinando los últimos dos años de la vida de la chica, se puede ver que, hasta 13 o 15 meses antes de su muerte, permaneció en un lugar que aparentemente era el mismo donde nació y se crió. Después se trasladó a un área que pudo muy bien haber sido la Península de Jutlandia. Después de un período de unos 9 a 10 meses allí, volvió a la región de la que procedía originalmente y se quedó en ese sitio durante un periodo de entre 4 y 6 meses, antes de viajar a su lugar de descanso final, en Egtved.

Fuente: http://noticiasdelaciencia.com/

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3 de Diciembre de 2016|04:22
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