Turismo por la historia: el “Checkpoint Charlie” de Berlín

Fue un paso emblemático en la época del Muro. Hoy es un gran atractivo para quienes visitan la capital alemana.

Durante la Guerra Fría, los tanques se apostaban en fila allí donde hoy un hombre vestido de salchicha anuncia el futuro museo de la currywurst que se construirá justo al lado. Los turistas descienden rápidamente de los autobuses y posan frente a la copia del puesto de vigilancia en el Checkpoint Charlie. Tomarse una foto flanqueado por dos hombres vestidos de soldados cuesta un euro. Vendedores ambulantes ofrecen todo tipo de máscaras de gas, gorros de piel y petacas con emblemas de Lenin. Mientras, se oye un carro tirado por caballos.

¿Se convirtió el muro en un parque de diversiones? Decir eso sería demasiado sencillo. El Checkpoint Charlie, el más famoso de los pasos fronterizos de Berlín, es un lugar donde hierve la historia. Pero primero hay que encontrarla.

Los turistas buscan una y otra vez los restos del muro, que apenas existen. Se conservan partes más largas cerca de la casa de Martin Gropius, en la Bernauer Strasse, y en la East Side Gallery. Y sólo quedan en pie tres de las cien torres de vigilancia. Tal era la alegría por la caída del muro, en 1989, y el odio hacia la mole de hormigón que separó Alemania durante 28 años.

Ni siquiera los berlineses saben con certeza dónde estaba la frontera con sus 155 kilómetros de longitud. Una línea de adoquines dibuja su recorrido por la ciudad. Y en el Checkpoint Charlie la curva hace un recodo. “¿Estamos en el este?”, pregunta un turista galés. Falso.

El tercer puesto

El tercer puesto de control estadounidense “Charlie” se llamó en función del alfabeto del ejército norteaméricano: “Alpha” era el de la autopista de Helmstedt, “Bravo” en Dreilinden. Cuando, contra lo acordado, en el puesto fronterizo de la República Democrática Alemana (RDA) junto al Checkpoint Charlie se pidió el pasaporte también a los familiares de los aliados occidentales, el general estadounidense Lucius A. Clay respondió enviando tanques.

Fue la única vez que las dos superpotencias estuvieron tan directamente confrontadas durante la Guerra Fría. El 27 de octubre de 1961, durante todo un día, soviets y estadounidenses permanecieron frente a frente con 30 tanques por bando. El mundo contuvo la respiración. Y Moscú y Berlín Este acabaron cediendo.

Checkpoint charlie2

El cartel de advertencia a quienes salían por el "Checkpoint Charlie", en inglés, ruso, francés y alemán. "Usted está saliendo del sector americano".

Aquella crisis se capeó, pero cerca del Checkpoint Charlie no dejaron de suceder dramas. El intento de fuga de Peter Fechter, que tenía 18 años, acabó siendo su condena a muerte, pues fue tiroteado por vigilantes de la RDA. Jutta Gallus se manifestó una y otra vez por recuperar a sus hijos, que le habían sido arrebatados por la RDA, y la actriz Veronica Ferres se convirtió en “La mujer Checkpoint Charlie” en una miniserie alemana para televisión.

Hasta 1990, por el punto de control pasaron viajeros extranjeros, funcionarios de la RDA y empleados de la representación permanente de la República Federal Alemana. Inolvidable para muchos fue el 11 de noviembre de 1989, cuando el violonchelista Mstislav Rostropovich se sentó junto al muro y tocó sonatas de Bach. Diez años después, con el dinero de ciudadanos y empresarios se reconstruyó la caseta blanca de control. Hoy a través del cristal se ve una fotografía de Rainer Hildebrandt, fundador del Museo del Muro, que se sitúa justo al lado.

“No tenía ni idea de lo horrible que fue entonces”, escribe una visitante del museo, situado en la famosa “Haus am Checkpoint Charlie”. Impresionan las historias de las huidas de ciudadanos de la RDA, cómo se escondían en los vehículos para cruzar la frontera. ¿Alguien sabía que los niños de Berlín Oeste se ahogaban en los lagos de la frontera porque nadie ayudaba por miedo a ser disparado?

Dentro de cuatro años, cuando se celebre el XXX aniversario de la caída del muro, en los solares vacíos situados alrededor del museo se planea construir un museo sobre Berlín como escenario de la Guerra Fría, que ilustre las numerosas perspectivas. Y es que, como subraya Rainer Klemke, encargado de los monumentos de la ciudad, Berlín no quiere “que deje de sentirse la historia”.

Fuente: DPA


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30 de Septiembre de 2016|15:12
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