El extraño don de matar y que la víctima siga viviendo

"Pequeña flor", la nueva novela de Iosi Havilio, está compuesta en un solo párrafo y protagonizada por un personaje que hace del asesinato una rutina.

El asiduo lector sabe que hay un indicador que pocas veces falla (existen, por supuesto, las excepciones) para saber si una novela lo atrapará o no: el primer párrafo, Si ese primer párrafo convence, se seguirá adelante con la lectura, si no, tal vez se entre a ella presintiendo el abandono en el que caerá el libro algunas páginas después. Ahora bien, ¿qué sucedería si ese primer párrafo es también el único de la novela?

Pequeña Flor, Iosi Havilio

El primer impacto de Pequeña flor (Random House), la nueva novela de Iosi Havilio, es ese. A quienes les gusta ojear un libro antes de introducirse en él, esto ya llama la atención. Pero, claro, ese mero hecho estructural no alcanzaría para decir mucho de la novela.

Pero el riesgo que toma Havilio al proponer un texto casi sin pausas termina siendo, por muchos motivos, una excelente propuesta.

José, quien relata en primera persona los hechos, pierde su empleo como consecuencia de un incendio en la fábrica de la que era empleado. Por eso, Laura, su esposa, regresa a su antiguo trabajo en una editorial, lo que le demandará estar mucho tiempo fuera de casa, y es por eso que José comenzará a ocuparse de las tareas domésticas, incluido el cuidado de Antonia, la hija de ambos.

Este cambio de roles en la pareja llevará a que, gracias a la búsqueda de José de ocupaciones en la casa, este descubra que tiene un don particular. Increíblemente, en un extraño suceso, asesina a su vecino Guillermo, pero este volverá a aparecer vivo.

José hace del asesinato de su vecino una rutina, y cada jueves lo mata de una manera distinta, mientras que su matrimonio comienza a desmoronarse, especialmente cuando aparece en la vida de Laura un extraño personaje, Horacio, quien conduce una suerte de grupo de autoayuda.

Se sabe que José y Laura están embarcados en la búsqueda de sí mismos, pero el destino es incierto.

Ágil, con un ritmo que no decae, con toques de dulzura y crueldad que contribuyen a mantener la tensión, Pequeña flor es una gran obra literaria.

Alejandro Frias

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3 de Diciembre de 2016|02:10
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