Rastreando el origen de la cabeza en los primeros animales

Se pudo identificar un punto clave en la transición evolutiva desde los cuerpos blandos a los duros en antepasados tempranos de los artrópodos.

En un nuevo estudio se ha rastreado el origen de la cabeza en los primeros animales gracias a los vestigios fósiles de un cerebro de hace más de 500 millones de años, identificado como tal en la misma investigación.

Lo descubierto por Javier Ortega-Hernández, de la Universidad de Cambridge en el Reino Unido, ha permitido identificar un punto clave en la transición evolutiva desde los cuerpos blandos a los duros en antepasados tempranos de los artrópodos, el grupo que incluye, por ejemplo, a los insectos modernos, los crustáceos y las arañas.

El estudio se centró en dos tipos de antepasados de los artrópodos, un trilobites de cuerpo blando y una extraña criatura parecida a un submarino. Se encontró que una placa dura, llamada esclerito anterior, y las estructuras parecidas a ojos en la zona frontal de sus cuerpos, estaban conectadas a través de vestigios de nervios que se originaban en la zona delantera del cerebro, lo que concuerda con la manera en que es controlada la visión en los artrópodos modernos.

Fósil de Odaraia alata

Los nuevos resultados también han permitido hacer nuevas comparaciones con los anomalocarídidos, un grupo de grandes depredadores marinos de la época, y los autores del estudio han encontrado similitudes clave entre el esclerito anterior y una placa situada sobre la cabeza del anomalocarídido típico, lo que sugiere que tenían un origen común. Aunque está ampliamente aceptado que los anomalocarídidos son antepasados tempranos de los artrópodos, sus cuerpos son en realidad bastante diferentes. Gracias a los cerebros conservados en estos fósiles, es posible ahora reconocer el esclerito anterior como un puente entre la cabeza de los anomalocarídidos y la de los más familiares artrópodos articulados.

 Dado que los cerebros y otros tejidos blandos están hechos esencialmente de sustancias parecidas a la grasa, encontrarlos como fósiles es extremadamente poco habitual, lo que dificulta la comprensión de su historia evolutiva. Incluso en el yacimiento paleontológico de Burgess Shale, Canadá, de donde se extrajo el fósil analizado en el nuevo estudio, y que es uno de los escasos lugares de la Tierra donde las condiciones son las adecuadas para permitir una conservación excepcionalmente buena de fósiles del Periodo Cámbrico, hallar tejidos cerebrales fosilizados es muy poco habitual. De hecho, este es el cerebro más completo encontrado en un fósil de Burgess Shale, ya que resultados anteriores han sido menos concluyentes. 

Fuente: http://noticiasdelaciencia.com/

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10 de Diciembre de 2016|02:00
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