A 30 cm del suelo: consideraciones en torno al canon de poesía mendocina

Dicen que lo importante para sobrevivir en este valle de lágrimas es poseer, en precisas dosis homeopáticas, cierta capacidad para hacer bulto.

Yo sé qué va a pasar después de esto: nada. ¡Nada de nada! Todos nos vamos a tener que ver a las caras y a ejercer la parodia de la escucha sensible por un rato, mientras un silencio de complicidad se acomoda plácidamente entre las botellas vacías. Es que somos, creemos serlos, seres cultos: criaturas culturizadas. No va a ser ni la primera ni la última vez que repitamos esta rutina. Nuestro comportamiento será en todo semejante al de los miembros de una secta incapaces de someterse a los dictados de un orden superior. ¡Y no hay rey ni dios ni Estado hegeliano que valgan! ¡Ni que fuésemos el producto de una súbita polución ácrata! ¡Una revolución instantánea! Ninguno de nosotros, decía, va a querer inmolarse en nombre de alguna fantasmática deidad repleta de furia, mala leche y desencanto. Jehová, Belcebú, Pound, Mahoma, Silo, Harold Bloom, Charles Manson, el objetivismo, Trostky, Lezama, Ramponi, el neobarroco, Carver, Gianuzzi, los malditos, Di Benedetto, Neruda, el peronismo, Benjamin, en fin, la literatura misma, va a seguir siendo un poster percudido en la pared del cuarto de un adolescente plagado de fobias. Tampoco es que tengamos muchas opciones, ni que estemos en condiciones de negociar una salida menos adversa. No. Seremos lo que siempre hemos sido: lectores (porque eso es lo que somos), que habitan, para bien o para mal, con o sin expectativas vitales, un estercolero huarpe. ¡Un pozo sin vista al mar!

Dicen que lo importante para sobrevivir en este valle de lágrimas es poseer, en precisas dosis homeopáticas, cierta capacidad para hacer bulto. Me explico. “Hacer bulto” es una expresión que, según la sapiencia lexicográfica de la RAE, designa la acción de “contribuir a dar aspecto concurrido a una reunión por medio de la mera presencia”. Hablar a la ligera, entonces, como se ha estado hablando en los últimos meses de un supuesto canon de la poesía mendocina contemporánea, replicando así el vaciado semántico en el que suelen incurrir las redes sociales, se parece mucho, tal vez demasiado, a querer “hacer bulto” dibujando una serie de grupúsculos (micro mafias textuales) cuyo único rasgo distintivo real sería el peso fatuo, cuando no inexistente, de su monocorde ornamento. Y no digo que esté mal plantéarselo ni que se discuta la legitimidad de su existencia, si no que deberían tenerse en cuenta las cuitas del pobre Adán bíblico. Nadie es una isla (nadie es Adán) y está clarísimo que de la nada misma es imposible que surja algo. Pienso que de ser posible ese canon tendría que tener todos los atributos de una naturaleza mutante, diversa, transexual y totalmente descentrada. Tradición e innovación destrozándose mutuamente en una rencilla de bar. El canon como figura abstracta capaz de incorporar, en términos de dinámica viral, especies propias en un ecosistema inestable. ¡Y que posea los auténticos medios de producción!

Imaginemos por un momento la conformación de ese canon: Poetas Oficialistas, Poetas Ciclistas, Poetas Manfloros, Poetas Incontinentes, Poetas Dominicales, Poetas Oficinistas, Poetas Vendimiales, Poetas Marginales, Poetas Yonquis, Poetas Machistas, Poetas Parroquiales, Poetas Lesbianas, Poetas Pedemontinos, Poetas de Zona Residencial, Funestos Poetas de la Burocracia, Poetas de Pensión, Poetas Municipales, Poetas Que Leyeron a Bolaño, Poetas Que no Leyeron a Bolaño, Criptopoetas, Poetas Quintacolumnistas, Poetas Hijos de Puta, Poetas Pachamamistas, Poetas Demócratas, Poetas Veganos, Poetas Psiquiatrizados, Vagos Poetas Performistas, Poetas Asamblearios, Poetas Eglógicos, Poetas Basculares, Inexistentes Poetas Virtuales, Poetas Starlets, Poetas Cuentapropistas, Poetas que Odian a Fogwill, Porno Poetas Estacionales, Poetas de Tupido Velo, Poetas Sesionistas, Poetas Carbonizados, Funambúlicos Poetas del Cuyum, Poetas Feministas, Poetas Ficticios, Poetas Yihadistas, Poetas que escuchan, como si se tratara del canto de sirenas cocainómanas, la Mas Maravillosa Música, Poetas Naturalistas/Botánicos, Poetas Pop, Poetas Trash, Poetas de a Pie, Poetas Ultramontanos, Lefvebristas Poetas Criminales, Poetas Cuentachistes, Femicidas Poetas del Espanto, Poetas Asistencialistas, Poetas a Secas, Egregios Poetas, Falsos Poetas, Poetas de Gabinete, Poetas Post Post de Lo Que sea, Maximalistas Poetas Sin Editor, Poetas sin Patrón y la lista sigue. El problema reside en que gremializarse en torno a una insensatez (la idea del canon mendocino, su posibilidad) es tan suicida y poco productivo en términos estéticos como adherir a aquella idea un tanto fascistoide que llama a los individuos a transpirar la camiseta por algo que, por lo general, suele escribirse con mayúscula (Dios, Patria, Poesía). Simplemente, no da.

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Opiniones (3)
5 de Diciembre de 2016|13:16
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5 de Diciembre de 2016|13:16
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  1. Genial, chango.
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  2. Raro encontrar buenas notas pro aquí, pero esta humilla, felicitaciones Pablo !!!
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  3. clap clap clap
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