Fernando Noy, el artista como espacio de resistencia

Entrevista con uno de los referentes de la revolución artística que nació a mediados de la década de 1980. Una leyenda del under argentino.

Hemos tenido que reconvenir el horario de encuentro, porque el que acordamos en un principio lo obligaría a andar a las carreras, o mejor, más a las carreras, porque nunca se detiene, es una máquina de producir, es una máquina de buscar. Así que mejor una hora después de lo previsto inicialmente: no a las seis de la tarde, sino a las siete, en una confitería del Abasto. Las calles son un hormiguero de gente, pero adentro está más tranquilo. El lugar se va a ir llenando, y para cuando terminemos la entrevista ya estará colmado. Por el momento son pocas las mesas ocupadas, así que el mozo tiene el tiempo para quedarse un minuto a hablar cuando le preguntamos si no ha visto llegar al personaje en cuestión. No, no ha venido aún, “todavía no lo he visto hoy”, dice el mozo, y esa frase nos certifica la asiduidad con la que concurre al lugar.

Nos ponemos cómodos después de la agitación de recorrer media ciudad para llegar a tiempo. Dejamos sobre la mesa el mp4 para grabar, la cámara de fotos, la libreta de anotaciones. Llega el café que pedimos. La gente entra y sale del Pertutti. Caras y más caras, pero la persona a la que esperamos no llega. Sabemos que va a llegar, pero no llega.

Por fin atraviesa la puerta. Es enorme. Que se entienda, no es gigante, es enorme. Su presencia es enorme. Lo que trae consigo, eso intangible que va donde quiera que él vaya, es enorme. Es parte de la historia del arte y las letras de este país. Es parte de ese grupo que revolucionó la escena. Es uno de los protagonistas de esa “historia que no tiene tiempo”, como nos lo va a decir más adelante. Y también nos va a decir: “Es algo anacrónico lo del Parakultural. Nace en el centro de la década del 80. En ese tiempo la democracia era una mezcla de batracio con paloma negra, pero igualmente nosotros resistíamos”.

Ese “nosotros” en su boca es Batato Barea, Alejandro Urdapilleta, Humberto Tortonese, Mosquito Sancineto, Alejandra Flechner, Verónica Llinás, Cutuli, Klaudia con K, Fernando Bedoya y varios más. Y él, que, a qué dudarlo, ya está dentro de la categoría de leyenda. Él, Fernando Noy.

Fernando Noy

(Foto: Gastón Malgieri en http://3.bp.blogspot.com/)

Historias del under

Fernando Noy fue parte (uno de los impulsores, para ser más exactos) de lo que se conoció como “la movida”, un movimiento que emergió a mediados de la década de 1980 y que desde sus primeras performances revolucionó la escena nacional.

La vanguardia que representaba “la movida” impregnó varios aspectos de la actividad cultural, impulsada por el genial Batato Barea y por Fernando Noy, y fue este último quien hace unos años estuvo al frente de una serie de capítulos televisivos emitidos por Canal a que hace unos meses se convirtieron en libro.

Historias del under es el título del libro en el que Fernando Noy narra gran parte de lo sucedido por aquella época con “la movida”.

“El libro fue una sorpresa, porque estaban escritos trece capítulos para la televisión, pero como de los ochenta y los noventa no hay vestigios que los atestigüen tanto, salvo el otro libro que yo escribí sobre Batato Barea, Te lo juro por Batato, entonces el productor de esos ciclos me preguntó cómo se vería esto en un libro. Me pareció una maravillosa idea que a mí no se me hubiera ocurrido. Cuando él me lo propuso me pareció verlo al libro, y así fue como se hizo, y ahí está, con todo el testimonio”, explica Noy sobre el libro que ha sido la excusa para convocarlo a esta entrevista que ya comenzó y que tiene un impasse cuando aparece Paula, “la mejor moza de todo Buenos Aires”, exagera un poco Noy y ella le devuelve la gentileza diciéndole que es su mejor cliente y resaltando la cantidad de entrevistas que le han hecho en esa confitería.

Noy está apurado por un vaso de agua para tomarse algo para el dolor de cabeza. Paula le recuerda que le tiene que dedicar algo. Él le dice que no se olvida, que ya lo va a hacer. La moza se retira. Volvamos a la entrevista, en la que Batato Barea estará presente en todo momento.

- ¿Sentís que era un libro esperado por la gente?

- La gente lo ha tomado como una especie de arco iris que en sus colores trae una época de inmediatez, porque no hace mucho de esto, pero hay una enorme nostalgia.

- Es que me parece que la recepción iba a tener ese tono, porque vos decías que no hay registro de la época, y a mí me parece que puede no haber tanto registro gráfico y audiovisual, pero sí hay un registro marcado en la gente, una huella en quienes alguna vez asistieron a una performance.

- Claro, la famosa memoria colectiva de los que lo vivieron y transmitieron oralmente lo que vivieron, pero no están los papiros del engrudo muerto.

[Hagamos un corte para profundizar en esta última frase. Noy dice que “no están los papiros del engrudo muerto”, que es una ironía en referencia a lo que Batato Barea comenzó a llamar “el engrudo”, idea que terminó imponiéndose. Para entenderlo, recurriremos a un fragmento del libro Historias del under, en el que Noy explica: “El under es una etiqueta puesta para simplificar. El periodismo necesita simplificar por una cuestión de formato, pero lo que rescato es cierto engrudo. ¿Qué es el engrudo? Harina, agua y un poco de sal. Y se amasa esa mezcla hasta lograr un pegote hecho con cosas elementales y baratas y que puede tomar infinidad de formas, o ninguna”. Después de esta explicación (seguramente innecesaria para muchos) continuemos con lo que decía Noy.]

El programa Historias del under tuvo mucho éxito y de ahí se hizo una síntesis. Yo hice un trabajo como de antropólogo de la inmediatez, de entomólogo, de espía y al mismo tiempo protagonista, porque, además, yo soy rehén de esa época. Me tocó dar testimonio y lo logré porque utilizo mi propio ego, mi yo plural, porque hablo de los otros y hablo de mí. Porque yo no me podía ausentar. Hay eventos que están relacionados con lo poético, con el arma poética como conjuro de la textualidad brutal de la que no quería Batato hacerse cargo ni desarrollar, porque él prefería, antes de la típica rutina del payaso o de los chistes procaces y de efecto previsible, usar otro material, porque él tenía un ritmo muy propio y un estilo muy propio de proyectar lo que llamamos poesía, la palabra poesía en alto registro. Él tenía pasión por Alejandra Pizarnik, Alfonsina Storni, por una cantidad de poetas que había visto desde niño, entonces, cuando nos hicimos amigos, por ser yo también poeta, la amistad se hizo más intensa aún, y yo venía de Bahía, de Brasil, con todo un montaje carnavalero, y ahora digo que yo vine grávido del carnaval.

- Y en el momento justo.

- Justo, porque llegué para la época de la aparición del Parakultural y de Cemento, lugares primeros a los que los siguieron otros, Bolivia, Café Einstein. El primero de todos se llamó El Depósito, y muchos lugares no convencionales, como una pista de hielo en la que trabajábamos con Batato y Urdapilleta o un bowling donde presentamos una obra dirigidos por Rita Cortese, nada menos, y un grupo de invitados increíbles, y era todo una cosa que se iba dando naturalmente, éramos muy ansiosos y prácticos, como que poníamos el cuerpo a todo vapor y lo lográbamos. Lográbamos que esas noches fueran fantásticas, tanto para el público como para nosotros. Era una postura crítica, de transgresión, porque eran divas grotescas, feroces, combativas, divas audaces, procaces, divas antidivas, pero siempre con una potencia impresionantemente creativa y contra toda estética, eran realmente revolucionarias y transgresoras de punta a punta, y al mismo tiempo todos tenían un gran talento, eran creadores natos, y los unió una época que yo comparaba el otro día con la aparición del Di Tella o El Galpón en Montevideo.

- Sin dudas, el Parakultural representó en los 80-90 lo que en los 60 representaba el Di Tella.

- Claro, pero en los sesenta estaba el amor y paz, los hippies, el nacimiento del rock. En los ochenta fue la fusión de los roqueros con los performancers. Eso lo recuerda Vivi Tellas, que no teníamos dónde actuar y usábamos los boliches. Pero no es sólo eso, también está que se amalgamaba muy bien el hecho de que a las diez de la noche se hicieran estas fusiones y después al trasnoche actuaran, por ejemplo, Los Redonditos de Ricota, Sumo, etcétera, estrellas absolutas hoy pero en aquel tiempo recién nacidos.

- Aunque también había estrellas absolutas ya en ese momento que se acercaron a ustedes incluso desde los estético, y pienso concretamente en algunos videos de Charly o, más tarde, de Fito.

- Es que el Parakultural los hechizaba, los fascinaba. El Parakultural fascinó no solamente a un público, a una clase, sino también a los propios pares, porque los pares venían a verte. Federico Moura nos iba a ver y cantaba gratis y era parte de esa movida. Lo que pasa es que ahí ocurría algo especial, había un templo profano, una tierra de resistencia, un espacio de refugio antisistema, porque el sistema afuera estaba rodando con todo lo de siempre.

- Paradójicamente, un refugio antisistema que bombardeó el sistema.

- ¡Sí, sí, sí! Y que al mismo tiempo era inconformista, rebelde, capaz de asumir una cuestión que era como una utopía llevada a la realidad, una utopía como lo pregona Marcuse, pero ellos no eran tan intelectuales, eran más pasionalmente intuitivos.

- ¿Por qué te ponés afuera? En el libro también estás como afuera, como un relator externo.

- Bueno, porque yo no quiero el solipsismo, yo no quiero mostrar las cámaras, entonces, como cámara, tengo que ausentarme, pero a veces tampoco puedo ausentarme como protagonista de la escena, de la toma, porque en esa toma, si hablamos de poesía, Batato hacía mis poemas con los de Pizarnik y los de Perlongher, yo era su poeta. Entonces no me puedo ausentar, porque es como soslayarme dentro del repertorio de alguien tan importante para mí, tanto hoy como siempre, desde el primer día en que lo vi, como el gran clown-travesti literario que es, porque para mí no fue, siguen siendo, Batato Barea, además de esa estrella incandescente que es Alejandro Urdapilleta, y todos ellos.

Fernando Noy

- En el libro varias veces queda flotando el cuestionamiento del concepto de under para toda la movida.

- Porque el under es obvio, siempre hay un under, el under es lo que está subyacente, pero este under tenía raíces cósmicas, de enorme fulgor, de enorme luminosidad, entonces era un under que venía para hacer su etapa como modelo de un momento maravilloso a pesar de todo. Pero había una cuestión que personalmente a mí y a Batato no nos gustaba, especialmente a él, que era la palabra performance, porque él era bastante antiimperio, antiyanqui, y yo también, absolutamente trosco, entonces tratábamos de nacionalizar todo, y en lugar de performance decíamos “numerito”, nos gustaba hacer eso de apaisar las cosas, y el engrudo salió porque veíamos que en esa misma palabra estaba el underground y una especie de sobredosis de algo. Y tuvimos la suerte de que eso se entendiera y también el apoyo de la media, tuvimos un gran apoyo de grandes figuras de la prensa que nos prestaban mucha atención. Y trabajábamos muy profesionalmente a pesar de ser tan sótano. Teníamos una logística que era lo principal, porque llevábamos las gacetillas todas llenas de dibujos, preservativos, botones, bombones y cosas divertidas. Nos dividíamos y llevábamos las cien que hacíamos a todos los medios. Lo que pasa es que todos los medios y todas las radios las publicaban, hoy ya no, hoy eso no ocurre, porque la mediatez está muy colmada. Entonces, de los veinte personajes que iban a vernos pasaron a vernos 200, y después ya hubo que hacer tres funciones. Creo que el éxito tuvo también que ver con que al público no se lo trataba como tal, el público formaba parte de ese evento, ese ritual, habíamos diluido los límites, y hoy yo creo que el under continúa pero no es aquello del Parakultural.

- Más allá del under, ¿cuál es el espacio de rebelión ahora, treinta años después?

- El espacio de rebelión ahora es el propio escenario y el propio artista. Vos te das cuenta de que hay cierto grupo de creadores de acuerdo con una continuidad histórica, y hay algunos que también tienen ese duende feroz y salvaje del que habla Lorca, ese duende que no les permite ser más de lo mismo, que aunque estén trabajando en un teatro oficial, salen de eso, porque lo under es como una forma de asumir tu carrera. El espacio de rebelión está en el artista y en lo que reciben de sus maestros y de sus propias discusiones, de sus karmas creativos. Ahora están Sofía Viola, que tiene 24 años, está el grupo Los Marcianos. La rebelión continúa… Hay mucha gente que dice que el under ya fue, está bien, terminó la era dorada, áurea y maravillosa del Parakultural, pero hay muchos artistas fantásticos que están surgiendo por todo lo que no es teatro oficial. Ahora sigue habiendo material, pero como aquello, amalgamado, el teatro repleto, con diez figuras importantísimas, ya no, no hay esa ecuanimidad, ese enjambre poderoso. Ese under ya es otra cosa, el under termina, como lo dijo la gran artista plástica Marcia Schvartz cuando murió Batato. Marcia dijo: “Muerto Batato, muerto el under”, y es así, porque ahí se murió el engrudo.

La entrevista está llegando a su fin. Noy nos adelanta que está preparando otro libro en el que contará su experiencia desde la década del sesenta hasta la fecha, dividiendo el tiempo en cuatro partes. “Comenzcé en el 65 con el Di Tella, el ‘hipitella’ le decíamos. Después vino mi exilio a Brasil justo cuando volvía el tropicalismo, en el 73, y luego la vuelta a Argentina en el 82 junto con Mercedes Sosa, que volvimos juntos porque yo la había producido en Bahía, y después toda la década del Parakultural y el posparakultural”.

Antes de despedirlo le pedimos algo de lo que desde el principio pensamos que no nos iba a complacer, pero es Fernando Noy, así que nos sorprende aceptando. Y así es como cerramos la entrevista, con Fernando Noy recitando en una confitería del Abasto.

Opiniones (0)
9 de Diciembre de 2016|23:59
1
ERROR
9 de Diciembre de 2016|23:59
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
    En Imágenes
    15 fotos de la selección del año de National Geographic
    8 de Diciembre de 2016
    15 fotos de la selección del año de National Geographic