Leer de noche en papel perturba menos el sueño que en pantalla

Una exposición excesiva a la luz artificial durante la noche perturba el ciclo natural de sueño y vigilia del ser humano.

El estilo moderno de vida para bastantes personas se caracteriza, entre otras cosa, por una notable independencia de la luz natural. La luz artificial compite con la natural durante el día y nos alumbra durante las horas nocturnas. Una exposición insuficiente a la luz natural durante el día, y una exposición excesiva a la luz artificial durante la noche perturba el ciclo natural de sueño y vigilia del ser humano. Es un problema de salud que está emergiendo de manera cada vez más preocupante, y que Richard Stevens, del Centro de Salud de la Universidad de Connecticut en la localidad estadounidense de Farmington, ha estado estudiando durante tres décadas.

Stevens tiene claro que la iluminación artificial típica de hoy en día está afectando negativamente a nuestra fisiología. Pero el alumbrado artificial se puede mejorar, tal como él argumenta. Una iluminación artificial más adecuada puede reducir estos efectos fisiológicos negativos. Para ello, a grandes rasgos, debe reducir el brillo al anochecer, y en la misma franja horaria usar luz rojiza, evitando la luz azul típica de los lectores electrónicos, tabletas y teléfonos inteligentes.

Esos dispositivos emiten suficiente luz azul cuando se utilizan de noche como para bloquear la hormona melatonina, inductora del sueño, y alterar el ritmo circadiano del cuerpo, el mecanismo biológico que permite el sueño reparador.

En su más reciente investigación sobre el tema, Stevens, así como Yong Zhu, de la Universidad Yale en New Haven, Connecticut, Estados Unidos, han profundizado en los efectos conocidos a corto plazo de ese alumbrado inadecuado sobre la alteración circadiana, y han explorado los efectos sospechados a largo plazo. “No lo sabemos con certeza, pero hay cada vez más evidencias de que las repercusiones a largo plazo de esto están conectadas con la obesidad, la diabetes, la depresión, el cáncer de mama y posiblemente otros cánceres”, advierte Stevens.

Dado que los teléfonos inteligentes y las tabletas son cada vez más habituales, Stevens recomienda una mayor concienciación del público acerca de cómo el tipo de luz emitida por estos aparatos afecta a nuestra biología. Hace hincapié en los resultados de un estudio reciente que comparó personas que por la noche usaban lectores electrónicos con personas que leían libros tradicionales. En esa investigación se constató una clara diferencia: en la gente del primer grupo la aparición de la melatonina tendía a retrasarse de forma anómala.

En el fondo, es una simple cuestión de cuánta luz y de qué tonalidad usamos cuando la natural comienza a desaparecer. Una luz artificial azulada y potente es buena de día, pero mala de noche. “No significa que tengas que apagar todas las luces a las 8, cada noche”, aclara Stevens. “Solo significa que si podemos elegir entre un lector electrónico y un libro de papel, este último es menos perturbador para nuestro reloj corporal. Por la noche, la mejor luz, la más amistosa para el ritmo circadiano, es la débil y rojiza”.

Fuente: http://noticiasdelaciencia.com/

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