La actualidad literaria cubana en la voz de dos de sus escritores

Emerio Medina Bello y Alberto Guerra Naranjo llegaron a Buenos Aires a presentar sus nuevos libros. Café de por medio, conversaron con MDZ Online.

Emerio Medina Bello quiere sentarse y fumar un cigarrillo tranquilo. Alberto Guerra Naranjo está deseoso de un café.

Nos ubicamos en una mesa al resguardo del sol, que cae en picada a la siesta sobre Buenos Aires, y le ofrezco a Emerio uno de mis cigarrillos. “Gracias”, dice, rechazando el ofrecimiento con un gesto suave, amigable, “son demasiado suaves para mí”, entonces saca de uno de los bolsillos un paquete de cigarrillos que ha traído de Cuba y me alcanza uno. No tienen filtro, pero sí tienen un sabor exquisito. Apruebo con un movimiento de cabeza mientras exhalo el humo de la primera bocanada. “Tabaco puro”, me explica. Se nota.

Alberto tiene menos suerte. Va a tener que conformarse con un café de acá nomás, un express servido en vaso de tergopol. Pero no se queja.

Ambos son cubanos y están en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires para presentar sus últimos libros: Emerio Medina Bello, La luna en el bolsillo, y Alberto Guerra Naranjo, Rapsodia para los amantes del segundo piso. Y Alberto cuenta además que la semana que viene estará en Mendoza, invitado para dar una charla y presentar el libro en Godoy Cruz.

Nos hemos sentado para conversar, especialmente de la situación de la literatura en Cuba, pero habrá otros temas que se cuelen en el medio, como las películas argentinas en blanco y negro que la madre a Alberto veía y que él no entendía por qué la hacían llorar a ella. “Hasta que me senté yo también a verlas, y también lloraba”, recuerda y se ríe.

Me encantaría quedarme toda la tarde conversando, pero tengo otros compromisos, otras citas con escritores, pero para ellos el tiempo parece medirse de otra manera. No tienen esa actitud de lo expeditivo que muestran otros escritores. Tienen, si quieren, toda la tarde para conversar. Y esto lo va a dejar en claro más adelante Alberto, cuando cuele, hablando acerca de los retos que tienen como autores cubanos, una manera de entender de otra forma el tiempo.

Por fin parece que está todo listo para que encienda el grabador, así que aquí vamos.

Emerio Medina Bello

Emerio Medina Bello.

- ¿Cuál es el panorama actual de la literatura cubana?

Emerio Medina Bello: En general, estamos en un buen momento en Cuba, estamos en una suerte de boom en cuanto a calidad. En cuanto a temáticas, hay una suerte de abanico que se ha abierto. Tenemos resultados internacionales muy importantes, Padura, por ejemplo, es un caso muy interesante, y digamos que esto arrastra a mucha gente, porque llegar a ese nivel de calidad y resultados hace que el mundo gire los ojos hacia el país, y eso va a beneficiar a muchos narradores cubanos de hoy. Te decía que el mosaico es muy amplio porque hoy en Cuba se está haciendo una narrativa que toca muchísimos temas novedosos para el país, y eso sin dudas va a producir cierta calidad en lo que estamos produciendo. Tenemos hoy una vertiente de la narrativa mucho más apegada a los cánones de la novela norteamericana, que son las corrientes que predominan, pero también hay un cierto movimiento hacia lo barroco, hacia el rescate de la zona carpentierana de la narrativa, que me parece que es la variante que va a dar más resultados en Cuba, por todo lo que conocemos, por las condiciones del país, por la geografía, por la idiosincrasia del cubano. Hay una cierta competencia entre qué estilo, qué forma de escribir sería la más apropiada, y yo defiendo la segunda, lo barroco dentro de la narrativa cubana, que me parece que es lo más adecuado para nosotros. Además, hay un movimiento muy fuerte de escritores jóvenes. Se ha abierto un grupo de posibilidades para la publicación, y eso está generando que surjan muchos nombres de autores nuevos, y gente con mucha calidad que ya está produciendo una novelística y una cuentística interesante. Llegamos a este momento con cierta madurez literaria, sobre todo en cuanto a calidad.

Alberto Guerra Naranjo: La literatura cubana es una literatura que se cocina en sí misma, es decir, somos una isla, tenemos esa maldita circunstancia del agua por todas partes, y no hemos sabido exportar nuestra literatura, no hemos sabido salir de ese circuito, entonces tenemos un eje muy herrumbroso, un eje muy mellado en los últimos treinta años que no acaba de surgir. Prácticamente, la literatura que conoce el resto del mundo es como una cuota establecida. Se conocen cuatro escritores, lo que es injusto. Hay un movimiento literario grande y reconoce a Leonardo Padura, Pedro Juan Gutiérrez, Wendy Guerra y Ena Lucía Portela. Entonces, el resto de la literatura está en eso, en salir y lograr la diversidad, en lograr que existan vasos comunicantes naturales entre nuestras literaturas, porque, por ejemplo, nosotros desconocemos la literatura argentina actual. Tenemos los mismos paradigmas, a Borges, a Macedonio Fernández, a Bolaño, pero nos desconocemos.

- En cuanto a las líneas estéticas, Emerio, las aproximaste a Carpentier y a la literatura norteamericana, supongo que fuertemente a Hemingway. Ahora bien, tampoco se puede desconocer la herencia del realismo mágico, de García Márquez en adelante.

E.M.B.: Lo que pasa es que al hablar de Carpentier estoy hablando del barroco y del realismo mágico en un solo paquete. Eso en Cuba no se ha perdido, de hecho, ahora hay una corriente que revitaliza ese tipo de cosas. Yo soy quizá uno de los máximos exponentes del realismo mágico cubano, de hecho, la novela que estoy por publicar ahora es realismo mágico de los tiempos actuales, y es que debe ser así, creo, porque de alguna manera el escritor se debe a un entorno, a una realidad, a una locación geográfica, pero a la vez uno debe fijar los ojos en todo lo que ocurre, y yo siempre pongo como ejemplo que yo estudié ingeniería mecánica en Rusia cinco años, y en octubre te ponías un abrigo, el sol se tapaba y estabas cinco meses sin luz, por lo tanto son siete meses en que ocurre poco, mientras que en Cuba tenemos todo el año mucha luz, y ese es un código literario que se refleja. En Cuba eso se está rescatando, tuvimos algunos años de sombra, pero ese código le añade un sabor especial, le da el sabor del Caribe a lo que uno hace, y no te hablo en un término comercial, te hablo en un término puramente literario, nuestra literatura tiene ese ingrediente. Hoy hay como un renacer de esas cosas, el realismo mágico vuelve a Cuba, nunca se fue, pero está siendo tomado de la mano por autores como Alberto o como yo, y eso debe producir algo, debe producir una literatura seria, auténtica, y me parece que debe ser la vía expedita para un autor que vive en Cuba y que quiera hablar del país. A Carpentier lo considero un modelo a seguir, quizás la modernidad echó sombras sobre eso, pero la modernidad un día será pasado también, y sin dudas que los caminos futuros deben apuntar a un retorno a esa forma de hacer las cosas.

Alberto Guerra Naranjo

Alberto Guerra Naranjo.

- Lamentablemente, lo que nos llega desde Cuba es poco, aunque bueno, como el caso de Padura, que lo nombraron un par de veces, y que mezcla la tradición literaria de la isla con lo que lo influye de su profesión de periodista.

E.M.B.: Sí, por supuesto, y Padura también hace, quizás sin proponérselo, realismo mágico. Eso es inevitable, porque está en la sangre, y la generación que viene después de la nuestra, los escritores de treinta y pico de años, si lo toman como bandera, si ven la oportunidad que eso brinda… Pues yo me imagino que resultará. Yo, en mi caso específico, estoy defendiendo eso, mis novelas tienen mucho que ver con el realismo mágico. Tienen sus fuentes ahí, incluso mis novelas para adolescentes recrean eso, y es como una puerta de escape elegante, una puerta amplia por donde pasas sin dificultad, porque eso lo tenemos como parte de la identidad.

A.G.N.: A propósito de lo que tú dices acerca de que llegan los textos de Padura y pocos más, yo creo que nuestro reto como escritores es asumir nuestro tiempo, saber que nadie nos va a promover, que nadie se va a ocupar de nosotros si no nos ocupamos nosotros mismos, porque literatura y bagaje cultural y tiempo tenemos, si hay un lugar en el mundo donde hay tiempo para escribir es en Cuba, no está la presión del mercado ni la presión de la tarjeta de crédito, eso no ha llegado a Cuba, no han llegado los lumínicos de cualquier ciudad con la Mc’Donalds anunciando todo tipo de productos, y tampoco ha llegado el tiempo ese de correr, por lo tanto, el tiempo literario tipo años 40, años 50 aún permanece en Cuba. Hay tiempo para escribir, hay tiempo para reunirse, hay tiempo para pensar la literatura. Entonces, creo que nosotros mismos tenemos que ser protagonistas de la zona paraliteraria, de la zona extraliteraria, para reubicarnos, yo mismo llegué a Buenos Aires sin un libro, tuve que hacerlos acá, y qué lindo, porque acabo de parir un libro, y estoy creando algo de Cuba en Argentina, y eso es lindo, porque le entramos lateral a la balcanización que España logró fomentar muy bien cuando vio que el boom y el postboom crecieron en Latinoamérica y tomó medidas, fortaleció su mundo editorial, con lo que se desbancó el mundo editorial latinoamericano y nos balcanizaron. Un argentino no conoce a un peruano, un peruano no conoce a un chileno, un chileno no conoce a un cubano… Los escritores no se conocen y las obras no se consumen. Tenemos que aprovechar la tecnología para conocernos más. El hecho de que yo esté acá o de que Emerio esté acá es vital, pero es vital que nos usen para intercambiar, para leer, para conversar con otros escritores, es importantísimo que la obra fluya de un lado y del otro. Nosotros tenemos padres, como Carpentier, pero también tenemos una lengua que se ha creado y que es satisfactoria porque el lenguaje español es arabescoso, potable, dinámico, cada región tiene un lenguaje específico, y eso nos beneficia, nos da tremendo puente para crecer, para que nuestro pueblos se conozcan más.

Alejandro Frias

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