Mujer bonita es la que lucha

En "Mujeres de la Historia", de Graciela Rendón, hay una revalorización de la indignación como motor de la lucha.

Hace algunos años, en un congreso, Graciela Rendón planteó la necesidad de una postura política frente a la literatura, entendida como lo que se elige brindar a la polis. El asunto tomó dimensiones de pequeño escándalo y Graciela consiguió lo que buscaba: cuestionar las certezas de un auditorio lleno de buenas (y conservadoras) intenciones para con la infancia. Allí habló de “La literatura como postura, como acreditación para registrar el mundo, para sobrevivirlo, o sobrevolarlo. No mirándolo por encima como si fuéramos demasiado importantes, sino más bien ojearlo, u hojearlo, dar vuelta con los ojos, una a una las páginas de la historia de cada día y revisar. ¿Qué revisaríamos?, por ejemplo: El qué decimos. Qué valoramos. A quién nos dirigimos. Qué silenciamos. Qué gritamos a viva voz. De qué preferimos hablar. Y qué temas elegimos no tocar.”

Mujeres rendon

En Mujeres de la Historia: un tesoro en la memoria (Bs As., Abran Cancha, 2014), su último libro, Rendón vuelve sobre esta idea de revisión y convierte a la Historia en materia de su literatura para adolescentes. Busca mostrar las historias cotidianas de las mujeres que nos dejaron una huella por la que nosotros hoy caminamos.

Frente al modelo de mujer que instalan las multinacionales del entretenimiento ─heroínas flacas, blancas, adolescentes y de belleza de photoshop─, la aparición de textos que proponen la ruptura estereotipos de género, de la visión monolítica sobre la familia y que cuestionan el lugar de las mujeres en la sociedad es un acontecimiento para celebrar.

Graciela y las otras

Graciela Rendón vive en en San Martín de Los Andes, es maestra y “agitadora cultural”. Participa en la conducción de la biblioteca ambulante Ruca Trabún, que es una “Casa de Encuentro” (según su nombre en mapudungun) entre las culturas y las infancias.

En sus libros anteriores La marca en la tierra y De agua somos, aparecen ya los temas que son desarrollados en Mujeres de la Historia: la preocupación por la infancia desposeída, los prejuicios raciales, de género y de clase, la relación de hombres y mujeres con la naturaleza.

Mujeres de la Historia relata momentos fundantes en las vidas de Rigoberta Menchú, Azucena Villaflor, Eva Duarte, Mariquita Sánchez de Thompson, La Delfina, Juana Azurduy y Lucy (la primera homínida). Pero no se trata de los momentos de reconocimiento, de huella que dejaron en la historia y por los que son recordadas ­-y este es uno de los aciertos del libro-. Rendón narra, de manera potente y poética, situaciones límite de la vida de las mujeres en las que solo queda el dolor, la indignación, el deseo, la convicción, la necesidad de sobrevivir, de ser, que las impulsan a elegir un camino que cambiará la historia (la propia y la de todos).

En la radical desigualdad de los tránsitos por las infancias/juventudes de las protagonistas -no es lo mismo ser mujer, aborigen, pobre, hija ilegítima, niña mimada de la alta sociedad porteña, la primera mujer/homínida en la Tierra-, lo que se repite y permanece es la conciencia de la necesidad de lucha para ser.

La Delfina María Abásolo

Elogio de la indignación

En Mujeres de la Historia hay una revalorización de la indignación como motor de la lucha. La literatura para niños y jóvenes está plagada de supuestos “valores positivos” para la convivencia social, por lo que la resolución armoniosa de los conflictos es presentada como modelo. Pero, como afirma Eduardo Galeano, el derecho a la indignación es lo menos que la dignidad humana puede exigir cuando se la condena a ser indigna. Al negarles a los niños y jóvenes el derecho a la indignación, se les limita la posibilidad de lucha y de reivindicación, el derecho a luchar por otro mundo posible cuando se ha hecho imposible el mundo tal cual es (Eduardo Galeano, “Ni derechos ni humanos”, 7 de abril de 2002). La indignación impulsa a Evita, a Rigoberta, a Juana, a Azucena, a Mariquita, a la Delfina.... La indignación les hace “nacer la conciencia” ­de lo que son, de lo que les imponen, de lo que quieren ser. No hay finales felices; lo que es es se conquista con lucha.

Frente a las reescrituras nostálgicas del pasado, tan abundantes en la literatura para niños y jóvenes, los relatos de Mujeres de la Historia se asientan en una visión del pasado no lineal, compleja y, sobre todo, no conciliadora con los narradores del patriarcado, que escribieron/escriben la historia oficial.

Estas mujeres intervienen en el espacio público cuestionando las relaciones de poder establecidas. Rompen con el “deber ser” de la femineidad de su época, es decir, con los roles de género impuestos para elegir sus formas de ser, de crear, de amar, de disfrutar.

A la vez, los relatos evidencian los mecanismos de control y castigo de la sociedad para quienes intentan alejarse de los mandatos de género.

María Abásolo

Historia, imágenes, palabras

Las ilustraciones de María Abásolo resignifican las distintas temporalidades de los relatos de forma efectiva y sutil. Sin perder la unidad de conjunto que les da la paleta tierra, cada ilustración “cuenta” de un modo distinto el relato al que acompaña y lo sitúa cronológicamente. En “Corre, Eva, corre”, el collage con actrices de los años 30; para Juana Azurduy, la miniatura oval de los recién casados; para Azucena Villafor, una imagen a medio camino entre la expresividad de la historieta y las reminiscencias de las fotos de los diarios de los 70.

La introducción de fragmentos de discursos de las protagonistas otorga complejidad y hondura al texto. La polifonía potencia la construcción poética de los relatos y es otra de las formas de Rendón para actualizar la Historia, hacerla presente y palpable.

De vez en cuando recibían alguna carta de Juancito, como lo llamaba ella, que ya estaba en Buenos Aires haciendo el servicio militar. Él no la alentaba a ir y la joven insistía en que le diera alguna dirección. Cada carta era un manjar de esperanza. Leía las cartas de su hermano y seguía escribiendo. (…) “No hago más que ver injusticias, y cada atropello de los ricos sobre los pobres se me clava en el alma… Por eso me vuelvo rebelde, porque si no me desgarro íntimamente”. Y escribía y escribía. Y un aura de ilusión le iluminaba la noche. (“Corre, Eva, corre”)

Cada relato va acompañado de una biografía que, con un tono más informativo (pero no menos literario) recorre la vida del personaje. La biografía ofrece reparación del dolor al mostrar que la lucha no fue en vano, porque ellas pudieron ser y en eso construyeron sus propias historias y abrieron el camino a miles de mujeres en la conquista de sus derechos. Y, en este sentido, también da esperanza, a las luchas de lxs lectorxs, a nuestras propias luchas. 

Por Brenda Sánchez

María Abásolo ha ilustrado, entre otros, los libros: ¡Déjenme dormir! (Ninah Basich, ed. Comunicarte); Un sueño que no servía para nada (Franco Vaccarini, Edelvives); Cuentos de todos y de nadie (Nicolás Schuf, Edelvives). mariaabasolo.blogspot.com. Fb/ MaríaAbásolo Ilustración 

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