Deportes

La fiesta roja y blanca fue para Huracán

El estadio San Juan del Bicentenario se tiñó de los colores que comparten Huracán y River. La fiesta fue toda del Globo.

El marco y el color que le pusieron los hinchas de River y Huracán en el estadio San Juan del Bicentenario, por esas cosas del caprichoso destino, fue todo blanco y rojo, pero la fiesta y la Supercopa se terminaron yendo para Parque de los Patricios.

Los 'quemeros' sumaron una nueva estrella a su centenaria historia, pero primero tuvieron que parir un partido, que comenzó siendo todo ilusión de la mano de Crisitian Espinoza y el gol del chileno Puch, y terminó siendo una plegaria a Marcos Díaz.

Nuevamente, como en la final de la Copa Argentina, que también se jugó en este mismo escenario, el arquero terminó transformado en 'San Marcos', con sus atajadas providenciales sobre el final del partido.

En la previa, las dos populares y las dos plateas estuvieron cubiertas de rojo y blanco, gracias al color que le pusieron los hinchas a la noche sanjuanina, sumado al aliento durante los noventa minutos.

Cada hinchada cantó en contra de su habitual clásico: los más de 15 mil hinchas de River se enfocaron en la previa de los tres Superclásicos que se vienen, el primero por el torneo local y lo dos por la Copa Libertadores, mientras que los casi cinco mil 'quemeros' recordaron a San Lorenzo.

Las banderas que adornan el Monumental cada fin de semana que juegan los `millonarios' y las de 'Los Borrachos del Tablón' se mezclaron con las de filiales de Mendoza, San Luis, La Rioja y otras ciudades, pero llamaron la atención tres banderas en recuerdo de Gonzalo Acro, el barra asesinado hace años.

Un trapo gigante colgado del alambrado que decía 'Gonzalo Presente', mientras que otros dos, con una imagen de su cara, escoltaban a una bandera de la barra que ocupaba un lugar preponderante en el centro de la escena.

Por el lado del 'Globo' todo fue más tranquilo, porque eran menos, pero se hicieron escuchar y, por momentos, sobretodo después del gol del 1-0 del chileno Edson Puch, fueron las voces que dominaron la escena cuyana.

La única mancha de la hinchada de Huracán, que desplegó un telón con la imagen de globo, fue la pésima idea de colgar como trofeo de guerra una bandera 'azulgrana' que tenía escrito en letras blancas 'Guayaquil'.

El partido en líneas generales fue bueno y las hinchadas se movieron al ritmo de las acciones y de lo que le entregaban los jugadores dentro del campo de juego.

Por esa razón, los 'quemeros', que casi quedan duros del corazón luego de las salvadas de Díaz, explotaron en un alarido interminable cuando el árbitro Néstor Pitana pitó el final del encuentro y marcó el centro de la cancha.

El 'dale campeón' atronó y cayeron las lágrimas contenidas, empezó la fiesta que va a ser desde San Juan a Parque Patricios.


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