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El día que Rossi pasó a ser D10S

No es sencillo describir sensaciones, pero lo vivido el fin de semana es digno de contar desde otro lugar, desde donde la TV no te muestra.

Está demás decir que lo sucedido en Termas quedará en recuerdo de muchos, quizás del mundo, como una de las carreras más emotivas de los últimos tiempos. Y el responsable de que eso haya pasado es un solo tipo, Valentino Rossi.

El muchacho, de 36 años, esperó hasta último momento para resurgir de la adversidad y dejó a todos con la boca abierta, con lágrimas en los ojos. Es que se complica explicar lo que se vive cuando estas dentro de todo eso y ves, lo que por TV no ves…

Fue mi primera vez cubriendo un mundial de Motociclismo, y no me la olvido más por más que desde ahora en adelante cubra cien más. Se hace casi imposible dar con ese hombre, pero cuando lo tenés al lado te genera casi lo mismo que el Diego. Digo casi lo mismo, imaginando que debe ser parecido.


Lo ves, sólo imaginas todo lo que significa para el mundo motor, y el periodista se transforma en cholulo. Lo buscas y esperas ese segundo para al menos te haga una cara para una selfie o, como muchos, ir a una conferencia simplemente para saber cómo es, más allá de entender lo que dice porque todo es en inglés.

El domingo fue especial. Tuve la chance de meterme dentro de la pista y de vivirlo distinto. Ver los hinchas como lo viven, sentir el sonido de esos motores y darte cuenta como se achicaba la brecha entre él y Márquez, es inigualable.

Mirar los carteles desde el box de Honda que vuelta tras vuelta achicaba el dato para el pibe maravilla, ver que Marc nunca miraba para atrás, como sabiendo lo que se venía. No tiene precio.


En un momento, la pista se transformó en cancha. Por un lado cantaba la “46” del italiano, y del otro lado, respondía la “93” del español. Todos estaban esperando que se diera lo que se dio. Un mano a mano entre dos que ya tienen su nombre escrito en la historia del Moto Gp, pero que siguen con hambre de gloria, por más que no la necesiten.

Y llegó el momento. Il Dottore se puso a la cola y agarrate Marc. Por un lado, por el otro, le mete la moto, se pasa, se pone otra vez detrás y llegó lo más visto. Rossi adelante, Márquez lo toca y al suelo. Explotó la gente, se abrazaban, saltaban, gritaban, en fin. Todo fiesta, salvo para los fans del español que se iban resignados de ver como se les escapaba la carrera de las manos.


En síntesis, y dicho por el español, de Valentino se aprenden cosas en cada carrera. Seguramente el pibe será el nuevo Rossi en algunos años, pero el italiano sigue estando, sigue ganando y el fin de semana nos demostró a quienes lo vimos por primera vez en acción en vivo, que el tipo no es el rey, el tipo, como el Diego, es D10S.

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8 de Diciembre de 2016|13:06
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