Literatura y psicoanálisis: En el corazón del dispositivo

Segunda parte de la entrevista a Gastón Cottino, psicoanalista y doctorando de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo.

“…las palabras fundamentales estaban allí”

“Cosas, que fluya en ti el sudor o la savia

Formas, que nazcan del yunque o la sangre

Tu torrente no es más denso que mi sueño

Y si no los golpeo con un deseo incesante…”. J. L


Éstos son los primeros versos de “Hiatus Irrationalis”, de Jacques Lacan, el psicoanalista, acaso el poeta que también tenía ‘sus’ musas y una de ellas era argentina: Victoria Ocampo, a quien le dedicó el ejemplar de su tesis doctoral, con éstas palabras: “A Victoria, esta obra que no es más que una primera piedra, pero me gustaría que la recibiera con indulgencia en su jardín”.

Anécdota como pre-texto que nos muestra al Lacan hombre, poeta, cuya conexión con la poesía se dio a través de distintos modos de acercamiento, como la poesía china, los aportes de François Cheng, y también su relación con la escritora argentina Victoria Ocampo.

Hoy tanto la práctica psicoanalítica de orientación lacaniana como las escrituras del presente no se encuentran ceñidas al corsé de la iconografía tradicional, desde la cual a veces se imagina al “psicoanalista encerrado en su torre de marfil, entre pipas y divanes”, porque es fundamental que el terapeuta sea un sujeto formado “para estar a la altura de su época”. Así, las palabras y el efecto en el cuerpo, y la tarea del analista lejos de fortalezas y castillos pero muy cerca de alguien que podrá colocar lo insoportable de su síntoma “en el corazón del dispositivo” a través de la práctica analítica.

De esto también conversamos con el psicoanalista lacaniano Gastón Cottino quien forma parte del Seminario Clínico Regional IOM2 “La dirección de la cura” tal como mencionaba en la primera parte de esta entrevista y les adelantaba algunos tópicos de ésta segunda etapa.

En torno a las vanguardias literarias y las llamadas literaturas postautónomas, sus rasgos principales se dan en el camino de la producción del libro, donde “el autor ha muerto” pero se reformula en un personaje mediático o a través de autorías colectivas y producciones colaborativas en los formatos que ofrece la web, cuyo lenguaje es visual. La “sight machine” subyuga los engranajes de lo público, y lo privado se hace espectáculo. Ya no se trata solo de escritores, otros significantes acopian la escena: performers, blogueros, activistas con diversos modos de leer/pensar la evasión y la fusión estética en el flujo de las mercancías y las escrituras sin metáfora de la vida cotidiana. Desde el psicoanálisis Mario Goldenberg nos revela: “El programa del superyó ya no es ético sino empuje al goce”.

Gastón Cottino

Gastón Cottino

Gastón, atendiendo a tu experiencia en la clínica ¿Podrías darnos algunas perspectivas acerca de los principales desafíos que se presentan en la práctica analítica para ayudar al sujeto a soportar lo insoportable del síntoma al interior de lo Jacques Alain Miller denominó el “impasse ético” de nuestros tiempos?

Ese impasse indica que en esta época se hace del goce un imperativo, perentorio y para todos. Basta revisar cualquier publicidad -VG, la marca deportiva que invita ‘Nothing is imposible’ para hacerse una idea de cómo funciona la lógica del consumo. La oferta se torna una exigencia y esto puede valer también para las sustancias que adormecen el malestar. Obviamente, el estallido virtual de la pornografía, es otro de los signos de este impasse. Como es evidente, se afectan los cuerpos y a través de los cuerpos. Entonces, lo que otrora fuera causal de síntomas, manifestados por ejemplo en las dificultades para amar o trabajar, ahora, radica en un complacerse (con-placer-se-r) con estos nuevos objetos, dispositivos del capitalismo. Por supuesto, el impasse también hace mella en los niños, enredados entre pantallas y “soluciones” adaptativas o neurológicas que muchas veces no logran mucho más que cerrarles la boca (para que no demanden y para que no hablen).

¿Por qué ese impasse es “ético”?

Porque ya no hay un amo, un líder, un gran relato que comande estas acciones; antes bien, se trata de una “mano invisible” que conduce hacia al objeto. Sin embargo, tu pregunta anterior contiene una afirmación que es muy válida, aun en este impasse de la civilización, bien distinto a aquel que registrara Freud por los años ’30, el sujeto padece “lo insoportable del síntoma”.

Entonces, ante estas coordenadas: ¿qué hace un psicoanalista?

Un psicoanalista se forma para estar a la altura de su época. Esto lo podemos verificar desde la Orientación Lacaniana, es decir desde la amplia red que conforma la Asociación Mundial de Psicoanálisis, con sus distintas Escuelas e Institutos. Todavía encontramos esa iconografía que muestra al psicoanalista encerrado en su torre de marfil, entre pipas y divanes, pero esto no es más que otra de las resistencias al psicoanálisis. El simple hecho de encontrar analistas en centros de salud y hospitales, que trabajan con niños graves, en educación, con toxicomanías, con violencias y demás, demuestra lo contrario. Además, habría que considerar que por algo la O.N.U. designa como organismo consultor a la A.M.P, convocándolo, por ejemplo, a su reciente ponencia sobre feminismo.

Finalmente, cada psicoanalista introduce de manera singular el deseo en su clínica y ello permite generar las condiciones para que alguien coloque “lo insoportable de su síntoma” en el corazón del dispositivo.

Y si hablamos de la relación entre géneros literarios y psicoanálisis ¿Con qué género podemos identificar las sesiones psicoanalíticas de orientación lacaniana y por qué?

Si hablamos de lo breve obviamente haremos referencia a microficción. Miriam Di Gerónimo estudió con claridad las relaciones entre este género y la estructura del chiste freudiano. Pero esto no vale tan solo para las sesiones sino también para el recorrido de una cura. El psicoanálisis opera por reducción, es decir que en lugar de apuntar a la proliferación de sentidos (justificaciones, cavilaciones, quejas y pensamientos varios) se procura que decanten aquellas palabras fundamentales, las más importantes, las más ignoradamente importantes, esas que siempre estuvieron allí y que ahora pueden cobran nueva luz gracias al análisis.

En esas palabras vive alguien, goza alguien, para lo mejor y para lo peor; hacer de eso un nuevo uso, un uso que permita vivir mejor, es el objetivo de nuestra práctica. Entonces, al final, esa larga vida se puede convertir en un cuento corto que comience: “Cuando despertó...”.

Mariana Zeballos


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