Catalina de Médicis, la buscadora de la paz

Una biografía, escrita por el historiador francés Jean-François Solnon busca limpiar la reputación de una soberana tildada de maléfica.

"Toda mi vida tuve un objetivo frente a mí, el de hacer las cosas bien."

Catalina de Médicis es una de las soberanas más famosas de todos los tiempos, como así también una de las figuras monárquicas más difamadas. De origen italiano, Catalina fue reina de Francia durante buena parte del siglo XVI, primero como consorte de su marido, Enrique II, y luego como reina-madre de sus hijos Francisco II, Carlos IX y Enrique III.

Esto le permitió convertirse en la mujer más poderosa del reino francés durante esa etapa, marcada por las guerras internas y las amenazas externas, en plena Reforma religiosa europea y con una plena transformación de un sistema feudal medieval hacia gobiernos centralizados. Bajo esta realidad, Catalina tuvo muchos detractores que contribuyeron, con el paso del tiempo, a crear una imagen de reina impiadosa, cruel, con apetito de poder y capaz de cometer actos inescrupulosos para mantener su posición.

Biografia Catalina de Médicis

Sin embargo, como suele ocurrir con muchas figuras históricas, la realidad se va revelando en la actualidad y no son pocos quienes intentan cambiar la reputación de Catalina. Uno de ellos es Jean-François Solnon, que con su biografía Catalina de Médicis (Editorial El Ateneo) nos muestra a una reina que siempre bregó por la unidad del reino y trabajó incansablemente en reconciliar a los adversarios, evitando recurrir a la violencia, los asesinatos y la guerra.

A contramano de historiadores y ensayistas posrenacentistas y de los siglos XVIII y XIX, Solnon describió a Catalina de Médicis como una mujer prudente, pacifista, conciliadora, perspicaz, optimista y gran administradora de una Francia marcada por las guerras entre católicos y protestantes (llamados hugonotes), que mantenían una ferviente rivalidad que alcanzaba grados de violencia ilimitados.

Esta biografía, impresa en Francia por primera vez en el año 2003 y que llega a nuestro país como segunda edición con traducción de Florencia Fernández Feijoó, está escrita bajo una estructura coordinada y muy bien detallada sobre la vida de Catalina. Además, contiene una cronología y los árboles genealógicos de las familias que forman parte de esta historia, que ayudan al lector a entender el contexto en el que creció y reinó Catalina.

Con un lenguaje sofisticado pero fácil de seguir, el autor no duda en utilizar frases, diálogos e investigaciones propias para rescatar la benevolencia de una reina salpicada por los escándalos ajenos que la condenaron a sufrir una mala reputación por siglos.

Uno de los más conocidos fue la Noche de San Bartolomé, en 1572, cuando una oleada iracunda de católicos mató a miles de hugonotes en París y el resto del reino. Catalina fue señalada como la culpable de instigar a la matanza, tanto durante el resto de su vida como en los años posteriores a su muerte. Solnon intenta probar que no es siempre bueno dejarse llevar por relatos sin sentidos y llenos de subjetividades.

Matanza de san bartolomé

Representación de La Matanza de San Bartolomé, pintada por el francés hugonote François Dubois. Al fondo, Catalina de Médicis está supervisando los cadáveres de los protestantes asesinados. Esta imagen contribuyó a fortalecer su mala reputación.

Desde su triste infancia que le deparó una orfandad temprana, hasta sus últimos días de vida signados por la búsqueda implacable de paz, la vida de Catalina se vio atravesada por su llegada a la Corte francesa, las enseñanzas de su suegro Francisco I, el amor y sufrimiento hacia su esposo Enrique II, la llegada de sus hijos y su intromisión en la política.

Además de estar permanentemente reconciliando a católicos y protestantes, como así también a los enemigos de Francia, la reina madre tuvo que mediar entre sus hijos, incluso muchas veces con mayores dificultades, sobre todo tras la muerte de su hijo mayor, Francisco II. Primero entre el sucesor Carlos IX y su hijo preferido, Enrique; y luego entre éste (coronado como Enrique III) y el más pequeño Francisco de Anjou. Incluso debió más de una vez calmar a su hija Margarita por sus encontronazos con sus hermanos.

"En la actualidad, sin lugar a duda, habría recibido el Premio Nobel de la Paz", aseguró Solnon, lo que demuestra la tenaz defensa a la figura de Catalina. Una vez más, la Historia se enfrasca en una discusión entre los relatos tradicionales y las nuevas alternativas, la decisión final será tomada, en este caso, por el propio lector.

Una tardía reivindicación histórica para una mujer que solamente quería la paz de su reino.

Nicolás Munilla

Opiniones (1)
10 de Diciembre de 2016|15:24
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10 de Diciembre de 2016|15:24
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  1. Lamentable que se intente defender a quien fue la principal coordinadora e instigadora de la matanza de San Bartolomé (24 de agosto y días siguientes de 1572) que produjo la desaparición de miles de protestantes franceses cuyo único "delito" era tener una fe diferente a la del trono y la iglesia oficial que contaba con el apoyo de la espada del estado desde que en 496 Clodoveo se "convirtiera" al cristianismo. Símbolo de la intolerancia y el despotismo esta mujer junto a su hijo el rey y los inútiles que los rodeaban privaron a Francia de la ciencia, la honestidad y la capacidad que caracterizara a toda aquella gente. Caro lo pagó ese país cuando la reacción contra los abusos del trono y el altar se hizo sin la Biblia y contra ella, causando miles de muertes en la revolución de 1789.
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