Dedé Vargas presenta hoy el libro "Mendoza natural"

“Es interesante ver a los mendocinos descubrir en el libro lugares que no conocen”, dice el fotógrafo brasileño radicado en la provincia.

Dedé Vargas es uno de esos tipos con los que uno puede pasar el tiempo sin que se note. Acordamos reunirnos a las once, y a las once, con una puntualidad extraña para quienes crecimos y vivimos en Mendoza, recibo un mensaje de texto. Mientras yo todavía busco lugar para estacionar en el atiborrado centro, él ya está sentado a una mesa en el primer piso del café en el que nos reuniríamos.

Varios temas vamos a tocar durante el encuentro, desde el fútbol con amigos cuarentones y panzones hasta su gira con una compañía de teatro por el norte de Brasil, país en el que nació. Pero nos hemos citado para hablar de su libro, del que presenta esta noche a las 20.30 en el Espacio Cultural Le Parc, Mendoza Natural, así que tenemos que ir a eso, mal que nos pese, porque conversar con él es un deleite, especialmente cuando la charla encuentra su propio camino y nos dejamos llevar.

La fotografía como la viña

Mendoza natural es, a primera vista, un libro de fotos. Pero cuando se profundiza en él se descubre que hay mucho más que imágenes. Y es que no sólo contiene textos escritos especialmente por Emilio Vera Da Souza, Rodolfo Braceli, Luisa Valenzuela y Miguel Rep, sino que además incluye pasiones.

Pasión sin chauvinismos por este suelo (en el que Dedé vive desde hace siete años), pasión por la gente, pasión por la efímera milésima de segundo en que los paisajes se muestran ideales, pasión por comunicar a través del arte una forma de sentir la vida.

Y es que Dedé Vargas es un apasionado de lo que hace, por eso, el resultado no puede ser otro. Y cuando uno lo consulta acerca del rol de los cielos (enormes, densos o sutiles, cayendo sobre la tierra o acariciándola), responde: “He aprendido a conocer un poco más los cielos. Todos los días cuando salgo de casa observo el cielo, y la fotografía hace que estés más atento a todo, a las tormentas, por ejemplo. Las tormentas me interesan muchos”.

Dedé Vargas

El libro recupera, además de los paisajes, elementos de la cultura mendocina, incluyendo a personas, a veces trabajando, a veces en estado contemplativo. “Siempre es importante que esté la figura humana, es un libro básicamente de lugares naturales, pero agregué muchos trabajadores y gente interactuando con el paisaje”, cuenta Dedé, y agrega: “Es interesante ver a los mendocinos descubrir en el libro lugares de Mendoza que no conocen”.

Cinco años le llevó hacer Mendoza natural, “porque para que un trabajo tenga cierta coherencia tenés que ir una, dos, tres veces, y ahí lo vas madurando, es casi como la propia viña, que la plantás y sólo después de tres años empieza a dar uva, y después tener que hacer todo el proceso del vino”.

Llegar más lejos

“Hay una logística”, explica Vargas sobre el proceso que lo lleva a cada toma, pero de inmediato deja de lado esa logística para explicar que desde hace siete años, que es cuando llegó a Mendoza, recibe a mucha gente de afuera, a la que lleva a conocer la provincia. “Para ser amigo de un fotógrafo hay que bancárselo”, dice entre risas, porque sale con los visitantes pero a condición de estar en determinados lugares a determinadas horas, por la luz especialmente. “Yo tengo suerte de que mis amigos me bancan”, asegura.

“Cuando estoy en un lugar es como si uno se mezclara con la naturaleza, y es un momento mágico en que sale la foto, pero muchas veces la luz no está buena o las condiciones no son las mejores, y en esos casos hay que volver. Hay que tener un respeto, y ese respeto se pasa a las fotos”, explica Vargas sobre el proceso de cada foto. Por supuesto, también insiste en que hay que buscar nuevos ángulos, otras perspectivas, cosa que uno aprecia claramente en su trabajo cuando ve su foto del monumento del Cerro de la Gloria o la de un micro del Grupo 1 en una calle nevada.

Pero hay algo que es fundamental para Vargas y que está mucho más allá de la hora del día, de los elementos y los colores del paisaje o de la máquina que use, y es que prefiere ir a los lugares que registrará acompañado de amigos. “Si yo voy solo, llego a los lugares más rápido, pero si voy acompañado, llego más lejos”, sintetiza.

Ramblón Lavalle Dedé Vargas


“La fotografía me encontró”

Dedé Vargas es ingeniero civil y durante una década se dedicó a ejercer esa profesión, hasta que un día tomó la decisión de “pagar por ver”.

¿Qué era lo que quería ver? Quería saber cómo era eso de dejar el confort de la seguridad de un trabajo rentable para dedicarse al arte. “Las personas cambian cuando no se sienten cómodas, si estás en tu zona de confort, para qué cambiar”, dice, explicando que la atracción que el arte ejercía sobre él era mucha.

Así fue como comenzó a dedicarse a la música. “Yo no quería esperar las vacaciones para viajar, yo quería viajar”, sentencia, y fue en esos viajes que comenzó a escribir crónicas que compartía con sus amigos.

Esas crónicas de viajes iban acompañadas de imágenes, de fotos que Vargas tomada de cada lugar que visitaba, “y de apoco las fotos comenzaron a ser más importantes y más fuertes”, recuerda Vargas, y sentencia: “La fotografía me encontró”.

Sin embargo, no fue hasta que una amiga, pese a la resistencia de Vargas, envió varias de sus fotos a un concurso, cuyo premio era una exposición en el subte de Porto Alegre. Por supuesto, Vargas quedó seleccionado para exponer sus fotos, y desde entonces entendió que algo estaba pasando sin que se diera cuenta.

Por entonces comenzó el camino que lo llevó, varios años después, a vivir en Mendoza, y ahora concretar este libro, en el que nos muestra la provincia “con los ojos del amor y la fascinación”, como dice Luisa Valenzuela.

Flyer Dedé Vargas

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