El crecimiento económico habría frenado el éxodo de los científicos

Lo aseguró el ministro de Ciencia y Tecnología de la Nación, José Lino Barañao, quien estuvo en Mendoza anunciando obras para el Observatorio Pierre Auger. Destacó que el perfil del investigador tiene que cambiar y que el conocimiento científico tiene que llegar a la gente.

Cuando la presidenta Cristina Fernández de Kirchner anunció que formaría parte de su gabinete, la comunidad científica agradeció que José Lino Barañao se hiciera cargo del flamante ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, en un país donde una gran cantidad de investigadores ha tenido que buscar en el exterior mejores oportunidades de desarrollo científico y profesional, mientras aquellos que se quedaron peleaban durante años por el magro presupuesto nacional destinado al sector.

El ministro nacional estuvo en Mendoza y presenció el acto de lanzamiento de la nueva línea de créditos para innovación tecnológica destinada al sector productivo, a cargo de su par provincial, Guillermo Migliozzi. Así, tuvo tiempo para aclarar que el crecimiento económico que ha tenido el país en los últimos años ha servido para frenar el éxodo de los investigadores.

Y en el ínterin, Barañao también tuvo tiempo para anunciar "la licitación de los trabajos destinados a la conectividad a internet para el observatorio Pierre Auger (en Malargüe) a la línea troncal de banda ancha, trabajo que permitirá conectar no sólo el observatorio sino también las zonas cercanas, lo cual permitirá un flujo mayor de información". 

Que la ciencia llegue a la gente

El actual funcionario de Cristina manifestó en varias oportunidades de su alocución ese concepto que se ha vuelto habitual en el Gobierno: que la ciencia está directamente relacionada con la distribución de la riqueza. Doctor en química, Barañao ha sido el “padre” de las primeras terneras clonadas programadas para dar remedios en la leche.
 
En este orden de cosas, el investigador aseguró que “estamos empeñados en que el conocimiento se transforme en mejora tangible para la vida de la gente, y eso implica que la ciencia se abra a la comunidad”.

“Durante décadas, como parte de un proyecto que tenía objetivos muy diferentes al que planteamos en este momento, los científicos fueron aislados y no se premió actividades como el patentamiento y la investigación”, explicó el funcionario nacional, por lo que agregó a continuación que “en primera instancia, la idea es incorporar esas actividades como parte integral del sistema de evaluación de los investigadores”.

Barañao también se refirió a que el perfil del investigador científico necesita cambiar para adaptarse a los problemas de la producción en la actualidad. “Hay iniciativas que implican ir cambiando el perfil del investigador que formamos, incorporando la figura del gerente tecnológico, que sea capaz de conectar el mundo de la ciencia con la actividad privada”, expresó en ese sentido.

En esta nueva visión para la ciencia, ligada a la economía, que puede desarrollarse en el país, el ministro de Ciencia y Tecnología puntualizó que “estamos pensando en la creación de institutos sectoriales, público-privados, donde convivan científicos con personal de empresas que estén abocados a atender la demanda de un sector productivo. Se trata de que el sector privado participe activamente de la gestión, de tal manera que lo sienta como propio y que a largo plazo contribuya financieramente al mantenimiento de estos centros”.

El crecimiento económico frenó el éxodo

Argentina ha tenido una tradición significativa de investigadores, entre los que se cuentan a los que fueron distinguidos con un premio Nobel por el conocimiento que lograron. Pero de igual manera, las permanentes crisis económicas y el pobre papel al que fue relegada durante varias administraciones, propiciaron para que los científicos buscaran otros horizontes.

En este aspecto, Barañao sostuvo que “en gran medida el cambio de situación económica ha sido un gran aliciente para que los científicos que se forman en el exterior vuelvan al país”. Y destacó que “la salida al exterior es una etapa necesaria en la investigación, todos la hemos tenido y de esa forma hemos traído tecnología de punta al país. Lo que pasa es que durante mucho tiempo no se establecían las condiciones para que esos jóvenes investigadores se reinsertaran adecuadamente”.

“Entonces hemos lanzado un programa de 200 millones de dólares para la radicación de investigadores. En dos años, ya han vuelto 400 investigadores y hay 320 anotados para volver al país bajo este tipo de programa, por lo que claramente el éxodo que hubo no es hoy por hoy un problema que nos preocupe”, concluyó el ministro.

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