Revolucionario cíborg de escarabajo volador

La vertiente robótica del insecto incluye un receptor que convierte las señales de radio recibidas en muy diversas acciones del animal.

Continuando por una senda de progreso tecnológico tan fascinante como inquietante, llega un nuevo avance en el naciente campo de los cíborgs, antaño solo ciencia-ficción pero ahora realidad poco a poco. Un equipo internacional de científicos ha preparado un cíborg de escarabajo volador que, entre otras cosas, está permitiendo comprobar directamente los mecanismos de vuelo de esa clase de animales, al poder guiar por control remoto su vuelo.

Un cíborg es un híbrido, más o menos decantado hacia una u otra orilla, de ser vivo y robot. Un ejemplo bien conocido del cine es Robocop, en este caso un cíborg de humano.

El equipo de Hirotaka Sato, de la Universidad Tecnológica Nanyang (NTU) en Singapur, y Michel Maharbiz, de la Universidad de California en Berkeley, Estados Unidos, ha desarrollado este cíborg a partir de un escarabajo volador de gran tamaño, al cual se le ha conectado, a modo de mochila, un conjunto de componentes electrónicos que, entre otras cosas, permiten controlar inalámbricamente su vuelo con escasa necesidad de intervención humana. Algunos expertos opinan que en un futuro no muy lejano los cíborgs de animales voladores podrían llegar a constituir una clase muy valiosa de drones.

La vertiente robótica del escarabajo incluye un receptor inalámbrico el cual convierte las señales de radio recibidas en muy diversas acciones del animal.

En los experimentos realizados, se transmitieron señales a los escarabajos cada milisegundo, ordenándoles que despegaran, giraran a izquierda o derecha e incluso que permanecieran quietos en el aire. Los escarabajos no estaban amarrados, aunque volaron dentro de una sala cerrada, equipada con ocho cámaras para captar movimientos en 3D a fin de obtener ese tipo de información.

A diferencia de los drones habituales controlados de forma remota, no existe con e cíborg la necesidad de un control humano constante ya que el escarabajo es capaz de mantener su estabilidad en vuelo por sí mismo. La intervención humana solo se precisa para cambiar la dirección hacia la que se pretenda que avance.

Con la dirección establecida mediante la parte robótica, la biológica se ocupará del resto del viaje, y así el cíborg maniobrará alrededor de los obstáculos y se arrastrará en espacios cerrados pequeños. La distancia máxima desde la que se puede gobernar al cíborg es de unos 100 metros.

Esta tecnología podría demostrar ser para ciertos casos una alternativa mejor que los drones controlados remotamente, ya que los cíborgs de insectos voladores podrían adentrarse en sitios que resultarían inaccesibles para cualquier otro dron convencional. Por ejemplo, un cíborg como el creado podría ser utilizado en misiones de búsqueda y rescate, debido a que podría penetrar por rincones y grietas en un edificio caído, para localizar a supervivientes heridos.

El tipo de escarabajo usado, de la especie Mecynorrhina torquata, se caracteriza por medir, en promedio, unos 6 centímetros de longitud, y pesar unos 8 gramos. A pesar de su tamaño, podría levantar en el aire cargas relativamente pesadas, como un pequeño micrófono y un sensor térmico, esenciales para misiones de búsqueda y rescate.

Cibor volando

Casi tan llamativo como el hecho en sí de haber logrado crear este cíborg, es el de que los materiales utilizados para construir la parte robótica del mismo son baratos, y que la electrónica es fácil de montar, con componentes en su mayor parte ya disponibles comercialmente.

El cíborg está controlado por un microprocesador, que no solo combina miles de transistores en un chip de 1 centímetro cuadrado, sino que además lleva un receptor inalámbrico integrado.

La operación en la que se convierte a estos escarabajos en cíborgs es reversible. Tras ser un cíborg durante un tiempo, el insecto puede volver a su vida exclusivamente biológica y llevar a término su vida adulta normal, que se prolonga durante cinco o seis meses.

La parte robótica se afianza sobre su caparazón de una forma no dañina. Seis electrodos del microprocesador son conectados a los lóbulos ópticos y los músculos de vuelo del escarabajo. Las señales recibidas inalámbricamente inducen al insecto a despegar, girar a derecha o izquierda, o a permanecer inmóvil en el aire.

Aunque toda la parte robótica del cíborg está alimentada por una micropila de litio de 3,9 voltios, que proporciona energía más que suficiente para todo un día, algún día se podrá prescindir de ella. En el futuro, toda esta parte robótica del cíborg podría incluso no usar baterías. Podría ser alimentada a partir de fuentes energéticas del propio entorno, como la energía recogida de las ondas de radio presentes en el ambiente.

Los experimentos con cíborgs también pueden servir para conocer a fondo el funcionamiento del cuerpo biológico usado. Durante más de 200 años, los biólogos creyeron que un músculo en concreto situado entre las alas del escarabajo era solo responsable de controlar el pliegue de las alas. Sin embargo, el equipo de Sato y Maharbiz ha descubierto que este músculo también interviene en la habilidad del animal para girar.

Fuente: http://noticiasdelaciencia.com/

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4 de Diciembre de 2016|01:19
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