El día después

El día después de que CFK y Francisco Pérez entreguen los atributos instiucionales, ¿qué pasará?

El 10 de diciembre, Cristina Fernández de Kirchner le entregará la banda presidencial al futuro presidente. No se sabe quién será. Pero algunas cosas ya pueden ser afirmadas con certeza: será un hombre que no comulgará 100 por ciento con sus ideas. Será, entonces –bajo su catecismo- un “opositor”. Ella se transformará, despojada de los atributos institucionales, entonces, en opositora a aquello que pasará a ser “el oficialismo”.

Algo similar pasará en Mendoza, un día después. Francisco Pérez habrá concluido su sueño de ser gobernador, habiéndolo cumplido. No se sabe si comprenderá cabalmente, obnubilado por las luces del alto cargo, que en algunos momentos lo que en realidad vivió fue una pesadilla. No resultó tan fácil acceder a la política por el atajo del dedazo de Juan Carlos Mazzón, ni tan fácil seguir en ella cuando ese dedo ya no tenga capacidad de señalamiento.

¿Está tan claro como en la Nación que quien suceda a Pérez no comulgará con él? Sí. Si el peronismo elige como candidato a cualquiera de los tres postulados, Adolfo Bermejo, Matías Roby y Guillermo Carmona, ni siquiera el peronismo garantizará la “continuidad”. El primero de ellos, surgido del seno del actual gobierno, sin embargo cree que hay que programar el futuro de Mendoza “con gente nueva”, como lo admitió Bermejo este sábado en el programa “Tormenta de ideas”, por MDZ Radio. Ni él se asume “paquista” y toma la suficiente distancia para no quedar “pegado” al actual gobierno.

Lo cierto es que es más difícil definir un “modelo” de gestión provincial que nacional, ya que aquí, directamente, se jugó a ser la “sucursal” de la Casa Rosada hasta ayer no más, cuando repentinamente se desistió del uso de la marca “K”. Ahora, cual prisioneros, los funcionarios mendocinos marcan con rayas en la pared de sus despachos los días que quedan para abandonar los cargos, tratando de que todo quede pendiente “para después” y de que el “ahora” pase lo más rápido posible para que no se los degluta.

Tras la asunción de los nuevos gobiernos, nacional y provincial, comenzará otra etapa. No será solo el momento de replantear el rumbo, sino que de inmediato comenzará la titánica tarea de desprenderse de los restos de “pasado” que quieran insistir con mutar su existencia en un eterno presente.

Los que se van, no lo harán del todo. Se han ubicado en puestos estratégicos de la estructura del Estado y también de proveedores cruciales y empresas poderosas. Los que se deberían ir no creen eso: están convencidos de que el que vale fue el primer voto, el que los puso en sus lugares, y que lo que vino después fueron meros intentos “destituyentes”.

Y hay que darse cuenta que hablamos no solo de lo que pasa en Buenos Aires, en donde suele asociarse la idea de persistencia en el poder al círculo más cercano a la Presidenta. ¿No es “meter” a un miembro de la Corte, un vocal del Tribunal de Cuentas y un Fiscal de Estado un apresuramiento en medio de la retirada?

Mientras el gobierno provincial se retira de decisiones críticas, como la de definir en torno a la tarifa eléctrica, realizando un acting para que el sector se sienta agradecido de los que se van y cobren fuerza contra los que vienen, no hace lo mismo con otras determinaciones, como el envío de pliegos a la Legislatura para la elección de nuevos miembros de cargos que se renuevan “cada muerte de obispo”: las sostienen y apuran, mientras puedan ejercer alguna cuota de poder y pasar desapercibidos.

Algunos más y otros menos catastróficos, los veteranos de la política creen que el día después del cambio de gobierno hay que estar con los pies bien puestos sobre la Tierra para que no se produzca un caos. Rodolfo Terragno, entrevistado en el programa “Uno nunca sabe” de MDZ Radio enumeró una serie de puntos que quedan pendientes a escala nacional que, en su opinión, si no son afrontados por un gobierno sólido de coalición de toda la oposición, puede derivar en “anarquía”.

El mismo día en que el radical que fue ministro de Raúl Alfonsín decía eso, el expresidente Eduardo Duhalde, en el “After office” de la misma radio convocaba al “diálogo” de los más amplios sectores y reconocía la necesidad de “ser amigos de todos los candidatos”. Graficó al gobierno que termina casi como un monstruo que lo destruyó todo y a la oposición, como demasiado débil para hacer actos heroicos de enfrentamiento solitario.

No son los únicos. Fernando de la Rúa habló este sábado y más lúcido y tranquilo que en otras oportunidades advirtió: “A mí me dejaron solo”. E insistió en que eso puede volver a pasar si no se tienen objetivos claros.

Frente a lo dicho, se podrá descalificar a los voceros, pero solo un necio podría desconocer que, más allá de sus fracasos o puntos oscuros, de lo que están hablando es de lo que puede pasar en tan solo nueve meses: lo que dura un embarazo a término.

Este período que queda para que tanto Cristina Kirchner como Francisco Pérez entreguen los atributos institucionales a sus sucesores, es el pequeño espacio de gestación de los planes que definirán la calidad de nuestras vidas en los próximos años.

Por eso antes que pensar en la campaña electoral que en Mendoza se desatará en la semana que se inicia, plagada de spots, mensajes, eslóganes y rostros, hay que pensar en el día después del 10 y 11 de diciembre: qué haremos, qué harán. Y nos daremos cuenta de que las definiciones en torno al destino personalísimo de gran parte de los dirigentes están de más. Lo que se necesita es un plan para que todo funcione normal, bien o mejor. Pero nunca peor, tanto en Mendoza y en el país.

Opiniones (2)
18 de diciembre de 2017 | 05:08
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18 de diciembre de 2017 | 05:08
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  1. ESTE DIARUCHO, ES EVIDENTEMENTE OFICIALISTA, SINO MIREN Y SE DARAN CUENTA QUE EN NINGUN MOMENTO MENCIONAN AL PRINCIPAL CANDIDATO DE LA OPOSICION AL CARGO DE GOBERNADOR.-
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  2. ¡Bastante más realista! Pero todavía connivente... A decir verdad, compadezco a los que están bajo el temor que ella decida en su contra política, económica, financiera o todas juntas. ¿Será, que se los debe haber conocido allá en los setenta, para no tener el más mínimo respeto por ellos? ¿O simplemente, no temer lo que se pueda perder, si es que encuentran o fabrican una causa, para decir sin más, lo que se piensa? ¡Creo que es ésto último, principalmente!
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