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Osvaldo, el caso del exquisito que no sabe hacer goles

El famoso "pase a la red" que patentara alguna vez César Menotti no es un concepto que maneje el delantero que Boca contrató por seis meses.

Daniel Osvaldo no sabe hacer goles normales. El famoso "pase a la red" que patentara alguna vez César Menotti no es un concepto que maneje el delantero que Boca contrató por seis meses. O al menos, no con con la simpleza y la sencillez de un Palermo, de un Batistuta y de un Saviola, por poner sólo tres ejemplos, para concretar eso que es la esencia misma del fútbol: el gol.

Todo tiene que ser lujoso, glamoroso, exquisito y difícil en el 'Mundo Osvaldo', quien recién en el segundo tiempo se dio cuenta que si no dejaba su extravagancia de lado se perdería la oportunidad de anotar a repetición ante un equipo que daba todas las ventajas posibles, como el modestísimo Zamora venezolano.

Una oferta tipo 'promo' fue la que regaló el equipo venezolano, algo que ningún delantero de raza podía despreciar. Por eso convirtió dos goles (uno de penal), y le anularon otro que era legítimo.

Pero antes de eso, la cosa tuvo momentos exasperantes: si el centro queda un poco atrás y a media altura, para qué intentar un paso de achique y acomodar el cuerpo a la contingencia. Mejor intentar una tijera o una media chilena. Que rara vez terminan en gol, pero que aseguran los aplausos tribuneros de inmediato. 

Si se gambetea al arquero, para qué meter un 'fierrazo' que asegure el gol. La definición tiene que ser con un toque elegante, propio de mesa calefaccionada de billar, pero lento y displicente. Un envío que nunca llegará a la red, obviamente, porque los defensores rivales -aunque jueguen en Zamora- suelen tener la mala costumbre de cerrar y salvar goles sobre la línea.

Si se hace un movimiento más que interesante para ir al encuentro de la pelota en un pase-gol, como contra Colón ni bien había ingresado en el segundo tiempo, para qué mirar el arco y asegurar el tiro, si se puede definir con un toque canchero donde se supone que estaba el arco. Y Boca se quedó sin un gol que le era vital para ganar un partido más que ganable, pero que finalmente empató 1-1 en Santa Fe.

Esta sucesión de displicencias, ese arsenal de recursos mal gastados, son los que le han impedido hasta ahora al ex jugador de Inter y Juventus marcar una cantidad de goles que en apenas cuatro partidos -desde que debutó en el club 'xeneize'- lo hubiesen elevado a la categoría de ícono de una etapa del fútbol en la cual los medios electrónicos y digitales tienen una potencia que asusta.

Daniel Osvaldo, digámoslo de una vez, tiene un bagaje técnico sobresaliente y la jerarquía necesaria como para desacomodar a cualquier defensor, ganar un mano a mano cada vez que se lo propone, y definir. Pero debería buscarlo sin el capricho casi infantil de hacerlo con lujos innecesarios. Simplemente, definir.

Pero no. El jugador que ya prometía mucho hace diez años en Huracán, no convierte con la misma facilidad con que fabrica esas situaciones. El toque refinado frente al arquero no siempre es gol. Y si no es gol, es la nada misma, porque desde que el fútbol es fútbol no existe una tabla de goles merecidos.

Una luz en el horizonte llegó con un cambio que Arruabarrena hizo en el segundo tiempo: la entrada del 'Burrito' Martìnez le aportó a Osvaldo una presencia potente en el área rival, y por ende la preocupación de los defensores por otro delantero picante y con buen pie que llega con mucha fuerza en diagonal. Así llegaron los dos goles del delantero que la Bombonera aplaudió a rabiar.

Esa era la señal que necesitaba el 'Vasco', que desde la próxima fecha de la Libertadores ya podrá contar con Calleri para acompañar a Osvaldo si quiere asustar con un doble nueve de categoría, o con el 'Burrito' si quiere lastimar por afuera, más lo que puedan aportar Lodeiro y Gago en la asistencia, y Palacios, Carrizo y Chávez por afuera.

Boca tiene un recambio en ofensiva que pocos equipos tienen en el medio local y continental. Aprovecharlo será responsabilidad del entrenador, quien también deberá trabajar mucho con Osvaldo. Y no precisamente para mejorarle los recursos técnicos -que le sobran- sino para intentar resolver la efectividad del famoso "pase a la red". Si Osvaldo lo entiende, Boca festejará seguido y en grande. 

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