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Ahora es Europa la que le roba los jugadores a la NBA

Varios jugadores prefieren jugar en el Viejo Continente antes de seguir en la liga de básquet más poderosa del mundo. El argentino Carlos Delfino es el ejemplo más claro, pero no el único.

La compra de Carlos Delfino por el Khimki rechazando 12 millones de dólares por tres temporadas en los Pistons, el presumible regreso de Garbajosa, la vuelta a casa de Navarro, la llegada de Primoz Brezec a Italia, podrían considerarse movimientos normales, pero no lo son.

Según un artículo del diario español Marca, que utiliza una foto del argentino Carlos Delfino para ilustrar la nota, todos tenían ofrecimientos de la NBA y prefirieron volver.

Pero lo realmente llamativo son los nuevos movimientos que se atisban en el mercado: Tiago Splitter se queda en el Tau en vez de elegir a los Spurs, la estrella de instituto Brandon Jennings jugará en Italia antes de irse a la NBA y ahora Josh Childress se piensa una oferta de la NBA.

Josh Childress es un cotizado agente libre. Los 11,8 puntos y 4,9 rebotes que ha firmado esta temporada con los Atlanta Hawks hacen de este elegante y joven alero un tipo apetecible para muchos equipos de la NBA. Sin embargo, el jugador medita aceptar una oferta de 20 millones de dólares por tres años con el Olympiacos, que en su día ya hizo grandes ofrecimientos a otros muy buenos jugadores NBA como Ricky

Davis y Jarvis Hayes este verano o Chris Webber el pasado. Un jugador americano, joven, con pinta de estrella como Childress... ¿puede acabar en Europa? Ahora es posible.

Brandon Jennings es el mejor base de su promoción en el país. A sus 18 años tiene dificultades para conseguir las notas para entrar en la universidad y, como al fin y al cabo el año de trámite colegial es eso, un trámite, ha decidido pasar (al menos) un año en Europa (Lottomatica Roma) para luego ir a la NBA. Hace casi 20 años, en 1989, hubo otro caso similar: Danny Ferry, elegido con el número dos por Los Ángeles Clippers, decidió ir a Roma (por entonces patrocinado por el periódico ’Il Messaggero’) para no jugar en LA y al año siguiente fichaba por los Cleveland Cavaliers.

La fortaleza del euro es decisiva en este fenómeno. Los equipos más ricos (que están invirtiendo mucho en sus plantillas) pagan un 30% menos por la benevolencia en el cambio de moneda. Los dólares están baratos, y los jugadores americanos también.

Además, la aparición en las televisiones americanas de los partidos de la Euroliga (se emiten cada semana en la ESPN) y la inercia de la globalización ha abierto la mente de los jugadores NBA, mucho menos reticentes a salir de casa. Por otro lado, saben perfectamente que el camino a la NBA es de ida y vuelta: como Charlie Bell, James Singleton o Anthony Parker, puedes irte a Europa para regresar después a los Estados Unidos con todos los honores.

El básquetbol europeo se ve beneficiado por este fenómeno. Vienen mejores jugadores americanos e, incluso, tienes la posibilidad de retener a tus propias estrellas, jóvenes sin experiencia que se marchaban a la aventura y que ahora prefieren quedarse a ver qué pasa. Y es que Europa, económica y deportivamente, se está convirtiendo en un buen lugar en el que estar. Por eso estamos viviendo este sorprendente éxodo a la inversa.
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3 de Diciembre de 2016|20:58
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