Poemas de verano: Christian Kupchik

En la playa, bajo la sombra de un árbol, al amparo de un aire acondicionado... Nunca viene mal un buen poema...

 Unheimliche ([1])


Cuando no estás

una inquietante extrañeza lo invade todo,

la casa y las cosas.

Cuando no estás

una luz malva baña la selva

de silencios y alaridos que arriban desde afuera.

Cuando no estás

a veces los lugares hablan y otras callan,

se muestran herméticos o epifánicos.

Cuando no estás

los museos ya no sostienen

la sustancia de la belleza,

y los templos no alcanzan a contemplar

la divina desidia de sus dioses.

Cuando no estás

la realeza sabática de tu ausencia

me besa con su sello indeleble.

Cuando no estás

el aura de lo invisible restituye

aquellas indescifrables promesas

que los profanos no comprenden

y nosotros sabemos cumplir.


*****


Ya escribió sus Tristias y se divierte

arrojando piedras y caracoles al mar.

Ovidio cumple cincuenta y nueve años

en su exilio de Tomis.

Está solo, enfermo y naturalmente abatido.

Las piedras son sus abuelas: él sabe escucharlas

y las reenvía de nuevo a casa.

Una de ellas revela una textura extraña

y habla en un idioma desconocido: late.

El poeta la lanza al cielo y desaparece

por la abertura de un rayo verde.

Me dirijo hacia las aguas

donde mi barca ya ha naufragado.

Es lo último que escribió.


*******


No hay más tiempo para rodeos, coartadas, evasiones.

He de admitir que nunca tuve en alta estima

al otro que habita en mí ni a la parte del yo que lo constituye.

Busqué refugio en lo invisible, bebí bendecidas botellas de gente sin fe,

fui cien veces Ulrich y adopté otros mil nombres;

abjuré de medallas y monedas que tampoco me fueron concedidas

y acepté el tono amable, urbano, módico,

de quienes modulan la pasión como se cultiva una isla abandonada.

No desmentí las versiones adversas que me han dibujado

y supe responder a los reproches con una sonrisa crepuscular

que procuraba el olvido.

Solo en ciertos días me permito pasear ajeno a mí,

y entonces silbo una melodía que desconozco.

Visto desde afuera, en la levedad, no carezco de explicaciones.

Visto desde adentro, quisiera ser viento.



[1] Este término alemán que podría traducirse como “misterioso”, “turbador”, “escalofriante”, revela la espectral calidez de una ausencia.


Por Christian Kupchik

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9 de Diciembre de 2016|05:09
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