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Momentos clave de los JJ.OO. en la historia

Los Juegos siempre entregan instantes inolvidables. Y la cita de Beijing no debería ser la excepción. Aquí te mostramos algunos de los momentos más significativos.

Cada edición de los Juegos Olímpicos regala momentos memorables, y Pekín-2008 no debería ser diferente.
  
Esta es una selección de los recuerdos olímpicos más destacados.
   
Londres 1908 - El maratón que no fue elemental
  
John Hayes es uno de los pocos ganadores del maratón olímpico que languidece en la oscuridad. El italiano Dorando Pietri cruzó la línea primero pero fue posteriormente descalificado por ser ayudado a cruzar la meta por los jueces - incluido sir Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes.
  
Hayes y el equipo estadounidense presentaron una protesta justo después de que Pietri fuera conducido a un hospital. Según las declaraciones de los dos oficiales que siguieron la carrera, el pequeño italiano había tomado cápsulas de atropina y estricnina durante la prueba, que podrían haber causado su angustioso estado cuando entró en el estadio y que casi le provocan un paro cardiaco.
  
Una copa de oro ofrecida por la reina Alexandra no sirvió de consuelo, ni su posterior victoria sobre Hayes en Nueva York.
  
"Pensaba que los británicos eran los maestros del fair play. Bien, ahora sé qué entienden por esa palabra y no significa lo que el mundo civilizado piensa", dijo años después.
  
Pietri fue incluso estafado en su muerte. Un hombre, que le robó su identidad, recibió un funeral de estado en Italia; el verdadero Pietri murió en 1942 y, por estar en mitad de la II Guerra Mundial, tuvo un entierro mucho menos fastuoso.
  
  
París 1924 - Carros de fuego ardieron en las mentes británicas
  
Harold Abrahams y Eric Liddell dieron la gloria a los atletas británicos en París pero ambos estuvieron motivados no por patriotismo sino por una cruzada personal que fue inmortalizada en la película Carros de fuego, premiada por la academia de los Oscars.
  
Abrahams era judío y sensible al antisemitismo que impregnaba el sistema, y estaba desesperado por probarse a sí mismo, como hizo cuando arrolló en la final de 100 m lisos.
  
Liddell era un cristiano devoto - nacido en China e hijo de un misionero escocés - que se negó a correr en domingo por tener que estar predicando en una iglesia en París el día de las series de 100 metros.
  
Sin embargo, tal era su talento, que corrió en 400 m por primera vez y el escocés volador triunfó fácilmente. Ambos lograron otros metales menores, con Abrahams ganando la plata en el relevo 4x100m y Liddell el bronce en 200m.
  
Liddell, que fue internado por los japoneses en 1943, falleció por un tumor cerebral en 1945. Abrahams se retiró en 1925 pero siguió vinculado al deporte como administrador hasta su muerte en 1978, con 78 años.
  
  
Berlín 1936 - Jesse derriba a los ídolos de Hitler
  
Tenía que ser el momento supremo del líder nazi y canciller alemán Adolf Hitler, que esperaba que su raza aria demostrara que eran los mejores atletas del mundo.
  
Es de imaginar su disgusto cuando el velocista negro Jesse Owens, estimado por la ideología nazi como no humano, ganó cuatro oros - 100m, 200m, relevo 4x100m y longitud.
  
No fue como si hubiera salido de la nada, pues Owens había batido tres records mundiales el año anterior e igualado uno en espacio de 45 minutos en una reunión en Estados Unidos - nada mal para un hombre que fumaba un paquete de cigarrillos diarios en su vida adulta.
  
Aunque Hitler nunca entregó un metal a Owens, se conocieron en una recpeción con otros ganadores de los juegos en la cancillería, aunque no delante de las cámaras.
  
Sin embargo, como Owens remarcó cuando volvió a estados unidos, tuvo que entrar en los autobuses por la puerta trasera, pues los
negros no podían sentarse delante. Owens, como Pietri, continuó corriendo contra caballos, abrió una firma de relaciones públicas y fue galardonado con la medalla de la libertad. Murió con 66 años por un cáncer de pulmón en 1980.
  
 
México 1968 - Smith y Carlos, los cruzados enguantados
  
Los atletas estadounidenses Tommy Smith y John Carlos fueron destacados corredores de 200m y lo demostraron con un oro y un bronce en los Juegos Olímpicos de México.
  
No obstante, ambos escenificaron una notable protesta en el podio. Los dos atletas llevaron guantes negros en la ceremonia de entrega de metales -Smith, de 24 años, en su mano izquierda y Carlos, de 23, en la derecha - y levantaron sus brazos como protesta por la falta de derechos de los negros en Estados Unidos.
  
Tampoco llevaron zapatos para reflejar la pobreza de los negros y su linchamiento.
  
Su protesta enfureció al miembro del Comité Olímpico Estadounidense (USOC) Avery Brundage, que les despojó de sus metales y les envió a casa.
  
Pero Smith y Carlos inspiraron a toda una generación de atletas negros e incluso el medallista de plata australiano Peter Norman se solidarizó levantando una pegatina en favor de un proyecto olímpico por los derechos humanos.
   


Los Angeles 1984 - Un inoportuno tropezón

  
La sudafricana Zola Budd aterrizó en Los Angeles con una enorme presión sobre los hombros después de recibir la nacionalidad británica para poder participar en los Juegos Olímpicos (Sudáfrica estaba vetada) gracias a la campaña del diario favorito de la primer ministro Margaret Thatcher, el Daily Mail.
  
En la final de 3.000m, Budd se puso a tirar delante de la estadounidense Mary Decker-Slaney, campeona mundial el año anterior. En un momento dado, Butt, que corría descalza, tropezó y se fue al suelo, tirando a Decker-Slaney y permitiendo la victoria de la rumana Maricica Puica.
  
Budd pudo continuar pero pagó el esfuerzo y se quedó sin metal, abucheada por la multitud y desairada por una llorosa Decker-Slaney.
  
Budd ganó dos títulos mundiales de campo a través pero nunca explotó su talento, volviendo a Sudáfrica, a quien representó en los Juegos de 1992.
  
Decker-Slaney continuó con su carrera, pero no logró clasificarse para los Juegos Olímpicos de 2000 con 42 años. Su imagen se vio empañada cuando dio positivo en un test antidopaje y fue sancionada dos años.
  
  
Sydney 2000 - Cathy logra la gloria olímpica en casa
  
Cathy Freeman controló la presión de correr delante de sus compatriotas australianos para ganar la medalla de oro de 400m entre los rugidos de la multitud y los miles de flashes que intentaban capturar el momento en que su querida aborigen se hacía con la gloria olímpica.
  
Después de esto, Cathy Freeman se hundió en la incredulidad mientras intentaba comprender su hazaña. Nada volvería a ser como antes. Estuvo un año ayudando a su por aquel entonces marido a recuperarse de un cáncer, ejerció de comentarista para la BBC, antes de volver a la pista para ganar un oro en el relevo en los juegos de la Commonwealth en 2002.
  
Entonces se separó de su marido y finalmente anunció su retirada el año pasado. Nada de eso podrá borrar que se convirtiera en un icono en los juegos de Sydney.
  
  
Atenas 2004 - La tragedia griega de los velocistas helenos enciende las protestas
  
El escándalo saltó en Grecia cuando su esperanza en las pruebas de velocidad, Costas Kenteris y Katerina Thanou, se metieron en problemas al saltarse un control antidopaje.
  
Aunque se justificaron diciendo que habían sufrido un accidente con su moto, este escándalo enturbió los Juegos de Atenas. Excluidos de la competición, aunque estaban en el hospital, sus compatriotas calentaron la final de 200m, donde Kenteris era favorito a defender su corona olímpica. En varias ocasiones, el ruido de la muchedumbre fue tan intenso que los atletas, situados en sus tacos de salida, no podían oír el pistoletazo.
  
Finalmente, el veterano Frankie Fredericks logró calmar a la multitud y la pistola funcionó. El ganador fue el campeón de 100m Justin Gatlin. Irónicamente, mientras ningún atleta griego dio nunca positivo, Gatlin lo hizo el año pasado.

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