Cuentos de verano: Saúl López

En la playa, bajo la sombra de un árbol, al amparo de un aire acondicionado... Nunca viene mal un buen cuento...

El hogar de Perico

La construcción podría decirse que había terminado. Es decir la obra gruesa y algunas terminaciones estaban listas.

La casita que habían levantado con muchísimo esfuerzo los nuevos vecinos, se veía firme, robusta, fuerte.

A la espera de algunos retoques en techo, vereda, y accesorios; todavía no iba a ser habitada.

Los obreros luego de haber trabajado casi ocho meses, me saludaron el pasado jueves con la misma amabilidad que lo hicieron siempre que los crucé. Ya no volverían más. Gracias a Dios los habían contratado en otro barrio de esta ciudad.

Como en todo final de obra, podían observarse los clásicos señuelos que quedan abandonados; rollos de alambre, bolsas de cemento casi vacías, botellas, y …un perro… que había sido testigo fiel del tiempo transcurrido, y la certeza de haber cuidado tenazmente el terreno que nunca siquiera fue insinuado de ser violentado.

Solo; tirado en una la pila de arena, lo veía dormitar su tristeza.

Y yo cruzado de brazos en la pirca de mi jardín me sentía alicaído. Ya había notado como una cierta melancolía me invadía lentamente, conduciéndome a un sombrío letargo.

La causa de esta repentina depresión, era, que si no, la partida de mi hijo. Primero la aceptación del nuevo empleo, después el casamiento, y finalmente el viaje. Todo había sido motivo de una inmensa alegría, de regocijo. Pocas veces vi a su madre tan contenta, y a la vez tan afligida.

Ir a trabajar a Dubai significaba una proeza para él. Muchos días me estuvo contando todas las cosas que pensaba hacer. El muy pichón, me daba cátedra con su proyecto de vida. Su madre y yo fuimos cómplices de aventurar un aliento desmedido; su júbilo nos sobrepasó, y pensamos que hubiera sido torpe desanimar su futuro.

De todos modos, mi nuera nos compró una computadora. Así nos dijo, y acá la tenemos. Es un sobre negro, chato, como si fuera una carpeta; con eso, nos contó que pronto podríamos hablar todos los días. Mi señora le hizo caso y estuvo tratando de aprender las atentas lecciones que le enseñó; además me dijo que unas vecinas del barrio también la van a ayudar con ese cachivache.

Así será, y para bien de mi hijo, que carajo !!!. Se va a un lugar de futuro, donde en poco tiempo más se posará el mundo, y cuando eso pase va a estar él, con su familia, con su oficio, quizás con su empresa; seguro que allí estará.

Y basta de lamentos tontos, como mi mujer que está preocupada por saber si los futuros nietos le hablarán en castellano. Por favor !!!.

Pero la verdad es que no tengo ganas como antes. Ella, conociéndome como nadie, y notando que la pereza me va venciendo; y más aún, adelantándose a la presencia de signos indudables de hipocondría, me propuso pintar el frente de mi casa, acomodar de mejor manera el tallercito del fondo, rehacer la huerta, y ….. Pobre vieja, quiere ganar tiempo y embarcarme en un sinfín de actividades que mantengan mi cabeza ocupada.

Pero poco me anima a insinuarle lo que me aflige. Pinceladas a revoques, revoques a ladrillos, y ladrillos sobre vigas, es dar forma a una cáscara que llamamos casa, vivienda, morada; pero siento que falta algo, algo que devuelva el ensueño, que nos reviva la ilusión de morar en el dulce hogar.

Todo quedó escrito. Fue la respuesta de mi espíritu a una desazón mísera. El tambaleo que inicia un artero golpe en el corazón de guardia baja.

Pero quiso el destino preponderar el entusiasmo sobre el lamento. Fueron dos porciones de bizcochuelo de naranja y un té bien cargado, y …bueno, vamos, algo más …tal como aceptar los cambios por venir; que me concedieron el brío para caminar hacia el frente.

Como ahora, que caminando vuelvo del almacén.

Con la bolsita plena de condimentos, queso rallado, salsa casera, un tinto que no se emparda, y una deliciosa salchichita; marcho a mis anchas imaginando los deliciosos fetuccine que hará “la Patrona” para el almuerzo.

No camino solo, me acompaña Perico; el perrito de la obra de mi vecino de enfrente. Ahora vive con nosotros.

Parece que cada vez que cruzaba a darle un poco de alimento, y renovarle el agua del herrumbrado cuenco de lata, el instinto del simpático animal fue desarrollando una confianza que convirtió en apego hacia mí.

Un día mientras abría el portón del garaje, nuevamente con mi delirio de flojera a cuestas, lo encontré sentado como si me estuviera esperando. Bastó que lo mirara y atinara a acariciarle la cabeza, que el gracioso animalito abanicando presurosamente la cola, me dedicó una carrera en círculos que me colmó de algarabía, luego la suerte estaba echada.

Entramos y se lo presenté a mi señora como gesto de súplica, implorando su consentimiento para la permanencia del perrito junto a nosotros. Y como no podía ser de otra manera, primó su nobleza, su comprensión, y su instinto maternal. Al rato nomás éramos tres deleitándonos con comida calentita.

Orgulloso lo mostré por todo el barrio. Caminamos juntos como buenos amigos.

En cuanto pude lo llevé al veterinario. Ese primer pinchazo en su vida bastó para que recibiera la vacuna quíntuple, luego lo pesamos, decretamos la fecha de nacimiento, y dimos inicio a su libreta sanitaria. Estando a punto de tener su propia identidad, que bien merecía un aplauso… el facultativo me preguntó: – ¿Cómo se llama ?

- No tiene nombre todavía, le contesté.

- Bueno invente alguno para llenar la ficha, o cuando volvamos a vernos terminamos el trámite; me replicó y salió a atender otro cliente.

Miré al pichicho, me miró también, y comenzó el zarandeo de cola.

Por mi culpa dejábamos trunco el preciado inicio de su vida legal con la humanidad.

¿Cómo elegir un mote atractivo que lo identificara y me agradara, en solo un minuto ?

Un empleado de la veterinaria que había sido testigo circunstancial del repentino dilema, ensayó algunos nombres épicos extraídos, supongo, del cine de ficción.

¿Qué tal Thor, ó Angkhor, ó Rhemus ?, me dijo mientras los escribía en un pizarrón.

Improvisé una sonrisa a manera de agradecimiento mientras desestimaba su contribución. Le retribuí su colaboración con un fuerte apretón de manos, y no tuve el coraje que requería mi curiosidad para inquirirle acerca de la letra H que mostraban sus preferidos.

De pronto mi mente se iluminó. Recordé a los obreros de la construcción donde se había criado mi amigo. Esos sencillos muchachos, de piel curtida, de tono afable y hablar campechano; se llamaban o se conocían como Cholo, Grillo, y Pirucho.

Evocar esos simples apodos cargados de afecto fueron cabales para mi decisión.

Te llamarás Perico le exclamé al perrito, que consintió mi elección con su cola, con un salto sobre mi regazo, y con un gemido que me sonó a gratitud.

La gestión estaba hecha. Esta ceremonia le otorgaba su graduación como mascota.

Arrogantes, ambos salíamos del consultorio, cuando una duda abordó mi razón.

Esta vez era yo quién necesitaba conocer someramente el origen de Perico.

– Doctor. ¿ Qué razas puede Ud distinguir en este perrito ?

– De todo un poco, me contestó lacónicamente.

– Pero no se aflija. Cuando le pregunten, Ud diga que es un Pastor Cuyano.

Me considero una persona seria, prudente, moderada… pero la mentirilla que había escuchado me fascinaba. Era un golazo de media cancha.

El color que elegimos para pintar el frente de nuestra casa, es más lindo que el que se fue.

El tallercito del fondo pasará el resto de sus días como un cómodo lugar de reuniones gastronómicas; en especial del habitual asado, al que agrego verduras (que cosecho de nuestra rozagante huerta).

Dejar que mi guía fuera la razón, prestar atención y aún respeto por otras formas, animarme a husmear otras costumbres; tuvo su ocasión de corona y laurel.

Bastó una cálida noche estival para recibir el más bienaventurado regalo de Navidad.

Sin brisa y pausadamente una enorme luna se posó en el sauce para ser testigo del placentero momento que pasamos en familia, con mi nietito, mi nuera, mi hijo, su madre, y el Perico … un bravo Pastor Cuyano.

Por Saúl López

Opiniones (1)
9 de Diciembre de 2016|16:14
2
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9 de Diciembre de 2016|16:14
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  1. muy buen cuento!!!
    1
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