La magia y la luz del pueblo donde murió Van Gogh

Mauricio Llaver te cuenta cómo es Auvers-sur-Oise, el pueblito a 34 kilómetros de París donde Vincent Van Gogh pintó sus últimos cuadros y está enterrado.

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Una visita a Auvers-sur-Oise es una especie de “delicatessen viajera”, un lujito que se cumple en pocas horas y que está mucho más a mano de lo que se puede imaginar. Se trata del pueblito francés en que murió Vincent Van Gogh y en el que está enterrado junto a su hermano Theo, quien fue su sostén económico durante toda su vida (en la que Vincent sólo logró vender un cuadro). También es el lugar donde pintó sus últimas obras, algunas de ellas entre las más representativas de su arte, como “La Iglesia de Auvers-sur-Oise”, el “Retrato del Dr. Gachet” (el médico que lo atendía) y el “Campo de trigo con cuervos”.

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El cartel que señala la dirección al cementerio.

Van Gogh murió en 1890 (este año se cumplen 125 años), por lo cual, por ejemplo, uno encuentra una foto de él con el resto de los huéspedes del “Auverge Ravoux”, el albergue en que vivía. Allí llegó una tarde ensangrentado, después de haberse disparado en el pecho en un campo cercano, se metió en su cama y murió a los dos días, después de haber exclamado “la miseria no terminará jamás”. El albergue tiene un austero cartel que dice “el pintor Vincent Van Gogh vivió en esta casa y murió el 29 de julio de 1890”.

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Vincent y su hermano Theo, unidos después de la muerte.

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La oficina de informaciones, con uno de los autorretratos del pintor.

Auvers-sur-Oise (“Auvers sobre el río Oise”) está a apenas 34 kilómetros de París, por lo cual se llega en unos 45 minutos en auto o en una media hora en tren. Todo está concentrado en unos pocos cientos de metros cuadrados, por lo cual la visita se hace tranquilamente a pie. Si uno es amante de Van Gogh y ha leído algo sobre sus últimos meses, no hace falta siquiera contratar a un guía, porque los lugares donde pintó sus cuadros más relevantes están señalizados y, además, cuentan con carteles que reproducen los cuadros en la misma perspectiva en que se paró Van Gogh al pintarlos. Es un lujo adicional para sus fans. Uno puede tener exactamente su misma vista de la iglesia o del campo en donde vio los cuervos, que tal vez fueron sólo el fruto de su imaginación alterada en sus últimos días.

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El albergue donde Vincent vivió sus últimos meses y donde murió.


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Un bello caminito y la luz única de Auvers-sur-Oise.

Algo que impresiona en Auvers-sur-Oise es la luz, que está transmitida tal como uno la percibe en los cuadros de Van Gogh. La pequeña caminata, de no más de 300 metros, entre el albergue y el cementerio, hacen dar la impresión de estar justamente dentro de uno de sus cuadros. Es esa luz que Vincent buscaba desesperadamente y que, ahí se nota, sólo él fue capaz de plasmar en su arte inolvidable.

En Auvers hay, por supuesto, una oficina de informaciones y visitas guiadas. Pero no hay como caminar sin rumbo sobre los mismos lugares que pisó Vincent, visitar su tumba en el pequeño cementerio del pueblo y dejarse bañar por esa luz, la última que vieron sus ojos afiebrados. 

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Mauricio Llaver en el punto exacto en que Van Gogh pintó el "Campo de trigo con cuervos".