Cuentos de verano: Beti Cano

En la playa, bajo la sombra de un árbol, al amparo de un aire acondicionado... Nunca viene mal un buen cuento...

¿Dónde quedaron las linduras de los marzos de cosecha?

"Yendo y viniendo en el carro de la viña a la bodega,

Siempre un racimo de encargo de la blanca o de la negra."

(Póngale por las hileras, de 

Los Trovadores de Cuyo)


-Vamos muchachos se hace tarde y el camión se nos va, dijo Tito a la barriada. Estaban muy felices porque había llegado la fecha más esperada.

Esa lindura de los marzos de cosecha.

Una vez incorporados al camión partieron a la localidad de Tres Porteñas, tenían trabajo para el mes completo, era un goce, cantaban, reían mientras los niños entre juegos levantaban los gajos de uva. Fue la primera jornada de mucho calor, los tachos a la tarde pesaban el triple, pero al finalizar, llegaba la hora de contar las fichas, mágicamente desaparecían todos los dolores de espalda, de hombros, decían que al pasar los días el cuerpo se acostumbraba.

Tito fue al almacén del pueblo con dos cosechadores y compró lo necesario y pagaron con fichas.

Venían de tarde noche cantando una canción que decía “La niña ya no sonríe. La niña muy triste está”, cuando de repente de un viejo sauce le contestaron con una voz alejada: “Quién se olvidó de la niña”. Miraron para todos lados y no había nadie, sólo un silencio de misa, venían cargados y les faltaba la mitad del camino. Se miraron los tres un segundo eterno, no emitieron palabras y salieron despavoridos.

Cuando llegaron contaron lo ocurrido, se escucharon toda clase de hipótesis, será un espíritu, algún loco oculto, el sauce disparará palabras.

Al día siguiente se encargaron de las compras otros y les ocurrió exactamente lo mismo. Muy sorprendidos y temerosos, se dirigieron al pueblo y los lugareños les contaron que en ese sauce se había ahorcado un campesino, que no sabían nada más.

Tito los reunió y les habló. Muchachos, nosotros esperamos ansiosos el otoño para la cosecha, porque es nuestro mes de ahorro, tenemos las mismas necesidades, de ropa, útiles, comida y demás para nuestras familias, no podemos permitir que nada nos asuste.

Después de esa charla continuaron trascurrieron el lugar a paso rápido sin detenerse.

La cosecha terminó.

El ultimo día fueron todos al sauce e hicieron una oración guiada por una mujer, esposa de un muchacho, regaron con vino el árbol diciendo "hasta el próximo año. Buena cosecha".

Al correr el vino por el sauce parecían lágrimas de sangre.

Nunca se supo por qué se quitó la vida ese muchacho. Ellos sólo querían cosechar. 

Por Beti Cano

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3 de Diciembre de 2016|04:01
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