Liverpool: cómo gozar la ciudad de los Beatles

Un paseo por los lugares donde nació la magia de John, Paul, George y Ringo. Mauricio Llaver anduvo por ahí y te cuenta el "Magical Mystery Tour".

¡Recibí nuestro Newsletter!
Enterate de promociones, sorteos y los mejores consejos para hacer tus viajes mucho más placenteros y económicos.


Salvo que haya negocios de por medio, no hay muchas más razones para ir a Liverpool que los Beatles. Pero con eso es más que suficiente. Allí está toda su historia concentrada en unos pocos lugares, pero en cada uno de ellos se puede vibrar y evocar toda la magia con que conquistaron el mundo con su música.

Si se llega desde Londres en tren, el arribo es en la estación de Lime Street, después de un viaje de exactamente dos horas y doce minutos (con puntualidad británica). Enfrente de la estación, sobre la calle, ya hay un dato que hace conmover a los beatlemaníacos: el día que mataron a John Lennon se juntó allí un millón de personas para llorarlo. Pero si se llega en avión –hay múltiples vuelos en líneas convencionales y en low cost- el impacto no es menor: el aeropuerto se llama “John Lennon” y el slogan es una de las frases de “Imagine”: “Above us only sky” (“Encima nuestro sólo el cielo”).

El Magical Mystery Tour.

El "Magical Mystery Tour".

El circuito Beatle tiene una gran ventaja y es que existe el “Magical Mystery Tour”, un ómnibus pintado con colores psicodélicos que sale dos veces por día y recorre todos los puntos de la vida de los “Fab Four”. El guía habla sólo en inglés, pero entregan información escrita sobre cada lugar en varios idiomas. ¿Desde dónde parte el tour? Desde “The Beatles Store”, la tienda oficial en la que se puede comprar todo el merchandising imaginable del grupo (yo me compré un cartel de calle de “Penny Lane”, como los que en otras épocas tenían que pintar sobre las paredes porque la gente se los robaba como recuerdo).

El “Magical Mistery Tour” satisface las exigencias de los más fanáticos. Recorre, por ejemplo, las casas natales de los cuatro Beatles: las de Ringo Starr y George Harrison, bien proletarias; las de Paul McCartney y John Lennon, más de clase media. En la de Paul (Forthlin Road 20, hoy monumento nacional) el guía cuenta una cosa asombrosa: que como había un piano (el padre de Paul era músico en una banda de jazz), Paul y John se juntaban a componer allí, y se estima que en ese lugar crearon unas 100 canciones.

Pero el tour muestra muchas otras cosas, como la esquina en que debutó con su primera banda John Lennon a los 15 años en un festival (en libros sobre los Beatles hay una foto borrosa de aquel momento), la escuela en que se conocieron, el refugio Strawberry Field (que dio lugar a “Strawberry Fields Forever”) y toda la zona de Penny Lane. Porque al contrario de lo que yo pensaba, Penny Lane no es una calle (aunque una calle se llame así) sino toda una zona. Y allí están todavía algunas referencias de la canción, como la parada de micros en medio de una rotonda (“behind the shelter in the middle of the roundabout”) y la peluquería en que un barbero mostraba fotografías de todas las cabezas que había tenido el gusto de conocer (“In Penny Lane there is a barber showing photographs / of every head he’s had the pleasure to have known…”).

La casa de John Lennon, en Menlove Avenue.

La casa de John Lennon, en Menlove Avenue.

El “Magical Mistery Tour” termina, como no podía ser de otra manera, en “The Cavern”. Hay que saber que no es el mismo pub original, pero sí una reconstrucción exacta unos metros más allá, en la misma Mathew Street. Es imposible no ir a esa caverna, unos cuantos metros bajo el suelo y a la que se llega en una escalera en espiral, sentarse (si se puede, porque el lugar es mínimo), sentir la humedad, escuchar una banda haciendo covers de los Beatles y tomarse una cerveza. Ahí uno se da cuenta de que los Beatles se hicieron de abajo, y que su sonido mágico salió de centenares de horas de transpiración en un lugar insalubre, lleno de sudor, alcohol y peleas entre parroquianos.

Por fuera del circuito Beatle, Liverpool es toda una ciudad inglesa como uno se puede imaginar, con calles limpias, gente amable, unos bellos atardeceres en el Albert Dock (a orillas del río Mersey, que dio origen al sonido “Mersey Beat”), como para perderse caminando con unos “fish and chips” como compañía. Pero si a uno le gustan los Beatles, una visita enriquecerá el significado de su magia para siempre.

Mauricio Llaver en Penny Lane, una foto obligada de la visita.

Mauricio Llaver en Penny Lane, una foto obligada de la visita.