Cuentos de verano: Claudia Bertini

En la playa, bajo la sombra de un árbol, al amparo de un aire acondicionado... Nunca viene mal un buen cuento...

Bookcafe

Había que hacer tiempo. A la reunión no se podía llegar antes. Los cafetines pululan sobre la calle Colón. Un giro de esquina y eran dos con sus mesitas afuera. Me pasé, volví al primero, aunque las sillas recibían demasiado sol. Es que con ese nombre en el cartel arriba, tan literario, ameritaban elegirlo.

Una vez sentada me zambullí en los mensajes de texto, los llamados perdidos, los trámites cibernéticos del momento, el whatsapp. Pero la pausa me agarró de una oreja en cuanto se acercó la moza a preguntar lo que deseaba. Su voz fue serena y amable. Quiso acercar la sombrilla para que yo no quedara encandilada. Fue un gesto imposible aunque generoso. No hay problema, le dije. Me agacho un poco y veo la cara redonda, la tez chocolate con leche, los ojos oscuros, el pelo recogido en cola de caballo bien negro; una sonrisa que tenía todo el tiempo del mundo. Cortado chico por favor. Y volví a perderme en el atrapante mundo de la tecnología sin reparar en nada más. Entonces llega el pedido. La tacita minúscula con una flor tatuada en la espuma blanca del café.

Era perfecta. Quedé asombrada. Casi no quería tomarlo para no deshacer la marca preciosa de pétalos circulares con hoja y tallo. La fotografié. Es algo que no se ve todos los días, pensé. En una mesa vecina un hombre mayor me observaba. Pasaba sus ojos desde donde yo estaba hasta un block chiquito de papel, su lápiz hacía trazos como si dibujara. En una seña le pregunto si me está dibujando a mí. Asiente con la cabeza cana. Dejo el dinero bajo el platito con el dulce intacto y me acerco admirada. Veo sus tristes esbozos de firulete sin imagen, iguales a los garabatos de un niño pequeño. No puedo, es usted demasiado hermosa. Sonreí sin entender mucho y me alejé tímida.

Hoy quise volver al café de la flor, averiguar quién había dibujado sobre la espuma del cortadito. Tenía esperanzas de agradecer el detalle, elogiar el talento. Después de todo, me percaté, escribo de él como si se tratara de una perla única expuesta en los labios entre abiertos de una ostra. Y quería reencontrarme con aquel viejo que no dibujó mi rostro, sentado en el mismo lugar, copiando cierto pájaro en busca de migas Pero al girar a la esquina, la misma esquina de ayer, había un negocio de computadoras, chips, pen-drives, expendiendo números en el mostrador, sin huella, de ningún café.

Por Claudia Bertini


¿Qué sentís?
100%Satisfacción0%Esperanza0%Bronca0%Tristeza0%Incertidumbre0%Indiferencia
Opiniones (1)
6 de Diciembre de 2016|07:37
2
ERROR
6 de Diciembre de 2016|07:37
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. ¡¡¡¡¡Grande,Claudia!!!! ¡¡¡¡¡Una de las mejores escritoras de nuestra provincia!!!!!
    1
En Imágenes
Una vida en imágenes: Fidel Castro, 1926-2016
28 de Noviembre de 2016
Una vida en imágenes: Fidel Castro, 1926-2016